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sobre Melgar de Yuso
Situado junto al río Pisuerga; destaca por su castillo (privado) y la iglesia parroquial; frontera natural con Burgos.
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En el corazón de El Cerrato palentino, donde las lomas cerealistas dibujan un paisaje de horizontes infinitos, se encuentra Melgar de Yuso, una pequeña aldea de apenas 250 habitantes que conserva intacto el ritmo pausado de la Castilla profunda. A 760 metros de altitud, este municipio es uno de esos lugares donde el tiempo parece haberse detenido, permitiendo al viajero desconectar del bullicio urbano y sumergirse en la autenticidad de la España rural. Eso sí: es pequeño, se recorre rápido y la vida va al ritmo que marca el campo, no el reloj.
El topónimo "Yuso" –que significa "abajo" en castellano antiguo– distingue a este pueblo de su vecino Melgar de Arriba, y da pistas sobre una geografía donde cada detalle tiene su historia. Aquí, entre campos de trigo y cielos amplísimos, la arquitectura tradicional de adobe y piedra se funde con un entorno natural que invita al sosiego y la contemplación, más de paseo corto y conversación tranquila que de grandes visitas.
Visitar Melgar de Yuso es adentrarse en una comarca poco explorada por el turismo de masas, donde cada rincón respira tradición castellana y donde la hospitalidad de sus gentes se nota en los saludos en la calle y en cómo siempre hay alguien dispuesto a indicarte un camino o contarte cómo era el pueblo hace unas décadas. Es un lugar para ir con calma y sin un programa lleno de cosas que “hacer”.
Qué ver en Melgar de Yuso
El patrimonio de Melgar de Yuso refleja siglos de historia rural castellana. La iglesia parroquial preside el conjunto urbano con su arquitectura sobria y funcional, característica de los templos de la comarca de El Cerrato. Aunque de proporciones modestas, este edificio religioso guarda en su interior elementos de interés que hablan del pasado agrícola y ganadero del municipio. Conviene asomarse sin prisas y, si está cerrada, preguntar por la llave: en pueblos así todavía funciona el sistema de la confianza y suele haber alguien que se encarga.
Pasear por las calles de Melgar de Yuso es descubrir la arquitectura popular de la zona: casas de adobe y tapial, fachadas encaladas, portones de madera envejecida y bodegas excavadas en las laderas cercanas. Estas construcciones tradicionales, algunas restauradas y otras conservando la pátina del tiempo, conforman un conjunto urbano coherente que se ve en menos de una hora si vas a tu ritmo, deteniéndote a mirar detalles y leyendo el paisaje más que buscando “monumentos”.
Los alrededores del pueblo permiten asomarse a los páramos cerealistas, un paisaje aparentemente monótono que esconde una belleza sutil en sus cambios de tonalidades según la estación: el verde intenso de la primavera, el dorado del verano, los ocres del otoño y los marrones del invierno. Estos campos abiertos son adecuados para observar aves esteparias y disfrutar de la tranquilidad del entorno, siempre que aceptes que la “actividad” aquí consiste, sobre todo, en mirar y escuchar.
Qué hacer
Melgar de Yuso es punto de partida para diversas rutas de senderismo que recorren los páramos y vallejos de El Cerrato. No son rutas alpinas ni espectaculares, sino caminos de tierra entre cultivos, pensados para caminar sin prisa, oír maquinaria a lo lejos y cruzarse con algún tractor. Estas caminatas permiten apreciar la biodiversidad de una comarca donde conviven cultivos tradicionales con espacios de vegetación natural, refugio de fauna autóctona. Conviene llevar agua y gorra en días de sol: la sombra escasea.
La observación del cielo nocturno es otra actividad a tener en cuenta en esta zona sin apenas contaminación lumínica. Las noches despejadas ofrecen un cielo limpio que en verano se agradece especialmente cuando cae la tarde y refresca. Hace falta abrigo fuera de temporada y algo para sentarse: no hay miradores preparados, es cuestión de buscar un camino apartado, apagar luces y dejar que la vista se acostumbre a la oscuridad.
La gastronomía local se basa en productos de la tierra. El lechazo asado, las legumbres de la comarca, los quesos de oveja y la repostería tradicional conforman una carta de sabores contundentes que pueden degustarse en establecimientos de la zona. En el propio pueblo la oferta es limitada, así que suele ser habitual moverse a pueblos vecinos para comer o cenar con más opciones y planificar las paradas con algo de antelación.
Para los interesados en el turismo enológico, las cercanas zonas vitivinícolas de Ribera del Duero y Arlanza permiten organizar visitas a bodegas y probar vinos de la zona, combinando la estancia en Melgar de Yuso con escapadas de día que mezclan carretera tranquila y paisaje abierto.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Melgar de Yuso mantiene vivas las celebraciones tradicionales de la Castilla rural. Las fiestas patronales, que suelen celebrarse durante el verano, congregan a vecinos y visitantes en torno a actos religiosos, verbenas y comidas populares que refuerzan los lazos comunitarios. Son fiestas de pueblo pequeño: se conoce todo el mundo, hay reencuentros de gente que vuelve solo esos días y el ambiente es familiar.
La Semana Santa se vive con recogimiento en estos pequeños núcleos rurales, donde las procesiones conservan un carácter íntimo y participativo, sin grandes despliegues, pero con implicación vecinal.
Durante el otoño, tras la vendimia y la cosecha, tienen lugar celebraciones ligadas al ciclo agrícola anual, momentos apropiados para acercarse al municipio y ver el pueblo en su faceta más cotidiana, cuando ya no hay tanta gente de verano pero la vida en el campo sigue marcando la agenda.
Lo que no te cuentan
Melgar de Yuso es un pueblo pequeño, de los que se ven en una mañana o en una tarde, combinándolo con otros pueblos de El Cerrato o con algún paseo por los páramos. No es un destino pensado para pasar varios días seguidos sin moverte en coche, salvo que vengas a descansar y poco más.
No hay grandes monumentos ni una lista larga de “puntos de interés”: el valor está en el conjunto, en el ritmo pausado, en ver cómo se organiza un núcleo agrícola de menos de 300 habitantes. Si buscas ambiente, tiendas o muchas opciones de ocio, tendrás que salir a localidades mayores.
Las fotos de los campos en primavera y de los atardeceres pueden engañar un poco: el resto del año el paisaje es más austero y, en pleno verano, el sol pega y hay poca sombra. Conviene ajustar expectativas y venir con ganas de campo, no de postal continua. Y asumir que, si hace aire, en los páramos se nota.
Cuándo visitar Melgar de Yuso
La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son las estaciones más recomendables, con temperaturas más suaves y el campo en mejor momento cromático. El verano puede ser caluroso a mediodía, aunque las noches son frescas debido a la altitud y permiten pasear sin pasar calor. El invierno es frío y el viento se deja sentir en los páramos, pero a quien le guste la Castilla más desnuda le resultará interesante.
Si llueve, las pistas de tierra se embarran con facilidad y conviene elegir bien el calzado y el tipo de coche si te sales del asfalto. En días de niebla (más frecuentes en invierno) el paisaje se cierra y las distancias parecen más largas, aunque el pueblo sigue siendo fácilmente transitable.
Errores típicos al visitar Melgar de Yuso
- Esperar muchas horas de “turismo activo” en el propio pueblo: aquí el plan es corto y tranquilo. Lo razonable es dedicarle medio día y combinarlo con otros pueblos o rutas cercanas.
- Llegar en las horas centrales de verano sin prever el calor: hay muy poca sombra en los alrededores; mejor madrugar para caminar y dejar la tarde para pasear por el casco o moverse en coche.
- Pensar que se puede hacer todo a pie entre pueblos: las distancias engañan en un mapa; el coche es prácticamente imprescindible para moverse por la comarca con comodidad.