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sobre Valdeolmillos
Pueblo del Cerrato con tradición de yeserías; destaca por su iglesia y el museo del yeso en una cueva.
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En el corazón de El Cerrato palentino, donde las lomas suaves dibujan un paisaje de cereal y viñedos ancestrales, se encuentra Valdeolmillos, una pequeña aldea que resume bastante bien la esencia de la Castilla profunda. Con apenas sesenta habitantes, este rincón situado a unos 790 metros de altitud conserva el pulso tranquilo de los pueblos que han seguido su vida sin grandes cambios.
Valdeolmillos no es un destino de grandes monumentos ni de bullicio turístico, y ahí está parte de su interés. Es un sitio al que se viene a parar, a estirar las piernas, a pasear un rato sin prisas y a oír el silencio. Sus calles de tierra y piedra, sus casas de adobe y teja árabe, y sus horizontes abiertos recuerdan cómo eran muchos pueblos de la meseta antes de las reformas masivas y los revocos de cemento.
La comarca de El Cerrato, conocida históricamente por sus bodegas subterráneas y su tradición vinícola, encuentra en Valdeolmillos un ejemplo bastante puro de arquitectura popular castellana adaptada al medio. Aquí no se trata de coleccionar fotos de monumentos, sino de asomarse un rato a un modo de vida rural que todavía resiste, con ritmo propio y sin decoración extra para el visitante.
Qué ver en Valdeolmillos
El principal atractivo de Valdeolmillos es su conjunto urbano tradicional, donde la arquitectura popular cerratense mantiene su personalidad sin maquillajes. Las viviendas de adobe y tapial, con sus portones de madera y corrales interiores, hablan de una forma de construcción pensada para aguantar el frío intenso del invierno y el calor seco del verano. No todo está restaurado ni “bonito”: hay casas caídas y muros torcidos, que también forman parte de la foto real del pueblo.
La iglesia parroquial, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, preside la localidad desde su posición algo elevada. Aunque de dimensiones modestas, conserva elementos de interés que se aprecian mejor si se mira con calma: cantería sobria, detalles sencillos, y esa mezcla de estilos fruto de reformas sucesivas. Su torre campanario es la referencia visual del pueblo y se ve desde los caminos de acceso.
Un paseo corto por el pueblo permite localizar las antiguas bodegas excavadas en las laderas cercanas, testimonio de una tradición vitivinícola que durante siglos fue importante en la economía local. Muchas están en desuso o usadas como merenderos y trasteros, pero todavía se adivina su función: entradas en pendiente, respiraderos, puertas pequeñas y gruesas para mantener el fresco. Están en un cerro bajo y accesible, más para curiosear el conjunto que para visitar una por una.
Los alrededores de Valdeolmillos son puro Cerrato: campos ondulados que cambian de color según la estación, pequeños valles con alguna encina vieja y páramos desde los que se percibe bien la horizontalidad de la meseta castellana. Es una zona agradecida para quien sabe mirar paisaje y cielo, y le gusta el campo sin artificios, con tractores trabajando cuando toca y el olor a tierra recién labrada.
Qué hacer
El senderismo, o más bien los paseos por caminos rurales, es la actividad más natural en Valdeolmillos. Desde el pueblo salen varios caminos tradicionales que conectan con localidades vecinas de El Cerrato, permitiendo recorridos sencillos, de pistas anchas, sin pérdida pero expuestos al sol. Son rutas para caminar tranquilo, no para buscar grandes desniveles ni bosques frondosos: aquí mandan el cereal y las cuestas suaves.
La fotografía de paisaje funciona bien aquí si te gusta jugar con horizontes, nubes y campos de cultivo. Los amaneceres y atardeceres tiñen los campos de dorados y ocres que cambian con las estaciones: el verde de primavera, el amarillo del cereal maduro en verano, los tonos tierra del otoño y los cielos limpios y fríos del invierno. No esperes grandes miradores acondicionados: el mirador es, básicamente, el camino.
Para quienes se mueven por la gastronomía, la zona mantiene tradiciones culinarias muy ligadas a la Castilla interior: lechazo asado, sopas castellanas, legumbres y repostería casera. En Valdeolmillos no hay bares ni restaurantes, así que conviene llevar algo de comer o planear la comida en localidades cercanas como Baltanás o Palencia capital. El pueblo es más lugar de bocadillo a la sombra que de sobremesas largas cambiando de local.
La observación de aves es otra actividad a tener en cuenta si eres paciente y sabes lo que buscas. El entorno estepario acoge especies como la avutarda, el sisón, la alondra o el aguilucho cenizo, especialmente visibles en primavera y comienzos de verano, siempre manteniendo las distancias y respetando cultivos y fauna. No hay observatorios preparados, así que todo depende de tu discreción y del respeto por el campo.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales de Valdeolmillos se celebran en honor a la Asunción de Nuestra Señora, a mediados de agosto. En esos días el pueblo multiplica su población con el regreso de hijos y nietos del municipio. El ambiente es de reencuentro más que de macrofiesta: actos religiosos, alguna verbena y comidas compartidas donde todo el mundo se conoce y los forasteros se notan, pero se integran fácil si van con alguien del pueblo.
Como en toda la comarca, la matanza tradicional ha sido históricamente un evento social importante durante el invierno, hoy más ligado a encuentros familiares y de amigos que a la necesidad de llenar la despensa. Aun así, sigue marcando el calendario de muchas casas y explica parte de la cocina que se come por aquí el resto del año.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Palencia capital, situada a unos 30 kilómetros, se accede a Valdeolmillos tomando la carretera hacia Baltanás y desviándose por carreteras comarcales que atraviesan El Cerrato. El acceso es por carreteras locales asfaltadas y, en general, en buen estado, aunque estrechas y con poco tráfico. Es necesario viajar en coche propio o similar, ya que no hay transporte público regular hasta el pueblo.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar por pista, agua y protección solar, sobre todo fuera de los meses fríos: hay poca sombra. En invierno, abrigo de verdad: el viento corta. Respeta las propiedades privadas y cierra las portillas que encuentres en los caminos rurales. La señal de móvil puede fallar o ser irregular en algunos puntos, así que conviene avisar antes de dónde vas a estar y no fiarlo todo al GPS.
Cuándo visitar Valdeolmillos
La primavera (abril-mayo) es cuando más luce el paisaje: campos verdes, temperaturas suaves y más vida en el entorno. También es cuando el campo está en plena faena, así que toca ser especialmente respetuoso con caminos y cultivos.
El otoño tiene buena luz, días más estables y menos calor, con el campo ya cosechado y tonos más apagados, pero muy fotogénicos. El verano puede ser muy caluroso a media tarde, aunque refresca por la noche; si vas en estos meses, mejor primeras horas del día o últimas. El invierno es frío y a veces ventoso: más para quien busca soledad, cielos limpios y paisajes desnudos, sin adornos.
Si te molestan las aglomeraciones, evita los días centrales de las fiestas de agosto: para ser un pueblo pequeño, se nota el cambio de gente y de ruido.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano, fijándote en las casas de adobe y en la iglesia.
- Subir hacia la zona de bodegas y asomarte a los campos que rodean el pueblo.
- Un pequeño recorrido de ida y vuelta por alguno de los caminos de salida, solo para sentir el paisaje abierto del Cerrato.
Lo que no te cuentan
Valdeolmillos se ve rápido. En menos de una hora puedes recorrer sus calles sin prisa. No es un pueblo para pasar un fin de semana entero si lo que quieres es tener muchas actividades, bares y visitas guiadas. Funciona mejor como parada dentro de una ruta por El Cerrato (por ejemplo, combinándolo con Baltanás, Hornillos o Palencia).
Las fotos de los campos y las bodegas pueden dar la impresión de un lugar muy preparado para el turismo rural. No es el caso: aquí casi todo sigue orientado a la vida del pueblo. Eso tiene su lado bueno (autenticidad, tranquilidad) y su lado práctico: conviene llegar con todo previsto, sin esperar servicios que no existen. Si lo que buscas es ver cómo late aún un pueblo pequeño de la meseta, encaja; si buscas actividad constante, te decepcionará.