Vista aérea de Villaconancio
Instituto Geográfico Nacional · CC-BY 4.0 scne.es
Castilla y León · Cuna de Reinos

Villaconancio

Destaca por su iglesia con dos ábsides románicos únicos; situado en el valle del arroyo Maderano en el Cerrato.

48 habitantes · INE 2025
810m altitud

Por qué visitarlo

Montaña Iglesia de San Julián y Santa Basilisa Visita al románico

Mejor época

verano

San Julián (enero) agosto

Qué ver y hacer
en Villaconancio

Patrimonio

  • Iglesia de San Julián y Santa Basilisa
  • Ábsides románicos

Actividades

  • Visita al románico
  • Senderismo por el valle
  • Fotografía

Fiestas y tradiciones

Fecha agosto

San Julián (enero), Fiestas de verano (agosto)

Las fiestas locales son el momento perfecto para vivir la autenticidad de Villaconancio.

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sobre Villaconancio

Destaca por su iglesia con dos ábsides románicos únicos; situado en el valle del arroyo Maderano en el Cerrato.

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En lo alto de los páramos de El Cerrato palentino, a unos 810 metros de altitud, se encuentra Villaconancio, una pequeña aldea que no engaña: es lo que ves al llegar. Un puñado de casas, menos de 50 habitantes y mucho campo alrededor. Castilla a cara descubierta: piedra, adobe, cereal hasta el horizonte y un silencio que, si vienes de ciudad, al principio incluso sorprende.

Villaconancio forma parte de esa red de pueblos mínimos que salpican la comarca de El Cerrato, un territorio de suaves colinas, valles escondidos y páramos secos que han marcado durante siglos la manera de vivir aquí. No esperes cascos históricos monumentales ni una “oferta” turística organizada. Lo que hay es vida rural a pequeña escala, con sus ritmos y sus límites, y precisamente ahí está el interés del sitio.

Venir a Villaconancio es tomarse el turismo con calma: caminar despacio, mirar el paisaje, escuchar poco más que el viento y, con suerte, acabar el día viendo un cielo lleno de estrellas que en la ciudad ya casi hemos olvidado. Es un lugar para quien aguanta el silencio y la falta de estímulos sin mirar el móvil cada dos minutos.

¿Qué ver en Villaconancio?

El patrimonio de Villaconancio es modesto, pero muy representativo de la arquitectura tradicional castellana. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano, como en tantos pueblos del interior, con su construcción en piedra soportando años de frío, viento y calor extremo. Conviene acercarse y rodearla: a veces se entienden mejor los pueblos viendo sus templos por fuera que entrando, fijándote en los remates, en las ampliaciones y en cómo se ha ido adaptando al paso de los siglos.

El verdadero interés del pueblo está en su arquitectura popular: casas de adobe y tapial, alguna con entramado de madera, bodegas subterráneas excavadas en la ladera y corrales que hablan de una economía pensada para resistir inviernos largos y veranos secos. El paseo no es largo, pero si miras con atención se adivinan capas de historia en cada fachada remendada y en cada puerta vieja: reformas hechas “a medida” de cada familia, sin planos ni urbanistas de por medio.

El paisaje de El Cerrato que rodea Villaconancio sí merece que le dediques un rato. Los páramos calcáreos, las pequeñas laderas con algún viñedo testimonial y los campos de cereal componen una paleta que cambia con las estaciones: el verde casi fluorescente de primavera, los dorados del verano, los ocres del otoño y los marrones desnudos del invierno. No es un paisaje “fácil”: hay que aprender a mirarlo, pero engancha, sobre todo si te tomas unos minutos en silencio en cualquier alto.

Desde el pueblo se disfrutan buenas vistas abiertas de la comarca, con otros núcleos pequeños asomando en la meseta. Para los aficionados a la observación de aves, la zona tiene interés para ver especies esteparias como alondras, codornices y varias rapaces que patrullan los campos, sobre todo si te acercas a primera hora de la mañana o al atardecer y te mueves con calma por los caminos agrícolas.

Qué hacer

La actividad principal en Villaconancio es caminar sin prisa. El senderismo aquí significa pistas agrícolas y caminos rurales que se pierden entre tierras de labor. Nada de grandes desniveles ni cumbres: son rutas para ir charlando, pensar o simplemente oír el viento y el crujido del rastrojo. Los antiguos caminos conectan el pueblo con las fincas y con otras localidades cercanas, y permiten encadenar paseos de una hora o de medio día según te organices, con esa sensación de “andar de pueblo en pueblo” que en otros sitios ya casi se ha perdido.

El cicloturismo encaja bien en este entorno para quien disfrute de la bicicleta de carretera o gravel por carreteras secundarias con muy poco tráfico. El Cerrato no es plano, pese a las apariencias: las subidas y bajadas cortas van sumando, así que mejor venir algo entrenado y con desarrollo corto si no quieres acordarte del páramo al día siguiente. El viento, además, puede convertir una recta aparentemente sencilla en un pequeño suplicio.

La fotografía de paisaje rural tiene aquí mucho material: puestas de sol largas desde los altos, nieblas de otoño metidas en los valles, la luz dura del verano recortando los campos segados… No son postales de calendario al uso, pero sí escenas muy sinceras de la España cerealista. Si te gusta fotografiar texturas —paredes de adobe, puertas viejas, herramientas olvidadas en un corral— vas a ir entretenido.

En cuanto a gastronomía, Villaconancio no tiene bares ni restaurantes (al menos de manera estable [VERIFICAR]), algo lógico con este tamaño de población. Forma parte, eso sí, de una comarca con tradición en productos de la matanza, legumbres de la tierra y pan castellano como los de antes. Para comer o comprar género tendrás que moverte a localidades cercanas algo mayores, así que conviene venir ya con el plan hecho y no improvisar a última hora.

Fiestas y tradiciones

Como en la mayoría de pequeños pueblos de Castilla, Villaconancio mantiene sus fiestas patronales en verano, normalmente en agosto [VERIFICAR], coincidiendo con el regreso de la gente que vive fuera. Son celebraciones sencillas: misa, procesión, algún acto lúdico, quizá una verbena… Más reencuentro y charla en la plaza que grandes programas. Si te coincide, lo interesante es precisamente ver cómo el pueblo se multiplica durante unos días y recupera cierta vida.

La Semana Santa se vive de forma sobria y tranquila. Sin grandes procesiones ni pasos espectaculares, pero con la sensación de estar viendo una tradición que aquí sigue teniendo más de acto comunitario que de evento. Es de esos sitios donde se nota que la liturgia se hace para la gente del pueblo, no para llenar balcones de cámaras.

Cuándo visitar Villaconancio

La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradecidos: temperaturas razonables y el campo en su mejor versión, primero verde, luego dorado-ocre. Son los meses en los que el paisaje ayuda más a entender por qué aquí se ha vivido del cereal durante generaciones.

En verano, el páramo aprieta: calor, sol a plomo y muy poca sombra. Si vienes en esta época, mejor primeras horas de la mañana o última de la tarde para caminar; gorra y agua no son opcionales. El mediodía es más para estar a cubierto que para hacer el héroe por las pistas.

El invierno es frío y ventoso, con posibilidad de heladas e incluso nieve. El paisaje se vuelve más áspero, pero tiene su punto para quien disfrute de esa dureza y no tema abrigarse bien. Los días son cortos y el viento puede hacer que la sensación térmica baje varios grados, así que mejor venir preparado y no fiarse del sol si asoma.

Si llueve, la cosa se complica un poco para el senderismo: algunos caminos se embarran bastante y el barro arcilloso se pega a las botas (y a las ruedas) como si llevaras plomo. En esos días tiene más sentido limitarse a pasear por el pueblo, hacer una visita más corta y combinarlo con otras paradas en la comarca.

Errores típicos al visitar Villaconancio

  • Esperar “mucho que ver” en el sentido clásico: Villaconancio se recorre en poco rato. Es más un lugar para parar, caminar una o dos horas y seguir ruta por El Cerrato que un destino para pasar varios días.
  • Subestimar el sol y el viento del páramo: incluso cuando no parece que haga tanto calor, el sol castiga y el aire reseca. Agua, protección solar y algo de abrigo cortavientos en casi cualquier época.
  • Contar con servicios que no existen: no hay cajeros, ni gasolinera, ni casi comercio. Ven con el depósito de gasolina razonablemente lleno y algo de comida y agua si vas a pasar ahí media jornada.
  • Llegar con prisas de horario: aquí no hay mucho margen para “encadenar visitas” como en una ciudad. Lo disfrutas más si lo integras como parada tranquila dentro de una ruta por varios pueblos cerrateños.

Si solo tienes…

Si solo tienes 1–2 horas

Recorre el casco, acércate a la iglesia, echa un vistazo a las bodegas y corrales y sube por alguno de los caminos que salen hacia los campos para ganar un poco de altura y mirar el paisaje. Con eso te haces una buena idea de lo que es El Cerrato profundo, sin necesidad de grandes planes.

Si tienes el día entero

Puedes combinar Villaconancio con otros pueblos de la zona y encadenar una ruta de senderismo o bicicleta que una varios núcleos. Dedica la mañana a caminar por los páramos cercanos, aprovecha el mediodía para desplazarte a comer en una localidad mayor y vuelve por la tarde a buscar otra luz, más suave, para terminar el día viendo cómo el sol se esconde detrás de los campos. Villaconancio encaja bien como una de esas paradas que dan contexto al viaje: pequeña, tranquila y bastante honesta con lo que es.

Datos de interés

Comunidad
Castilla y León
Comarca
El Cerrato
Código INE
34205
Costa
No
Montaña
Temporada
verano

Habitabilidad y Servicios

Datos clave para vivir o teletrabajar

2024
SaludHospital a 25 km
Vivienda~5€/m² alquiler · Asequible
CostaPlaya a 20 km
Fuentes: INE, CNMC, Ministerio de Sanidad, AEMET

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