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sobre Villalaco
Situado junto al río Pisuerga; destaca por su puente y la iglesia; entorno de ribera agradable para pasear.
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En el corazón de la comarca de El Cerrato, donde las llanuras cerealistas se ondulan en suaves colinas y valles, se encuentra Villalaco, una pequeña aldea palentina que conserva bastante bien la esencia de la Castilla rural. Con apenas 60 habitantes y a unos 760 metros de altitud, este enclave resume el turismo de interior más sobrio: tranquilidad, casas hechas con lo que había a mano y un ritmo de vida que va a otro paso.
El paisaje que rodea Villalaco es típicamente cerratense: campos de cereal que cambian de color según la estación, páramos que se extienden hasta el horizonte y pequeños valles donde discurren arroyos estacionales. Es un territorio de amplios cielos, luz castellana y silencios que invitan a bajar revoluciones. Aquí no hay grandes monumentos ni rutas señalizadas por todas partes, pero sí la vida diaria de un pueblo agrícola que se mantiene como puede.
Visitar Villalaco es asomarse a la llamada España vaciada desde la realidad, sin maquillaje. Más que un “destino” al uso, es una parada tranquila para quien recorre el Cerrato y quiere entender cómo se vive en estos pueblos pequeños.
Qué ver en Villalaco
El patrimonio de Villalaco es modesto, y conviene decirlo claro, pero es representativo de la arquitectura tradicional del Cerrato. El núcleo urbano conserva viviendas de adobe y tapial, materiales propios de la construcción popular castellana, con corrales y bodegas subterráneas excavadas en la tierra, testimonio de la antigua cultura vitivinícola de la comarca.
La iglesia parroquial preside el pueblo con su sencilla estructura, como sucede en la mayoría de localidades cerratenses. Aunque de dimensiones reducidas, merece un paseo por sus alrededores para observar la arquitectura religiosa rural de la zona y el pequeño tejido urbano que la rodea.
Los alrededores del municipio abren un paisaje amplio donde lo principal es mirar cómo cambian los campos según la época del año: verdes intensos en primavera, dorados en verano durante la siega, y tonos pardos en invierno. Los palomares tradicionales salpican el territorio, estructuras cilíndricas de adobe que servían para la cría de palomas y que hoy son parte del patrimonio rural del Cerrato, aunque muchos estén en estado desigual de conservación.
Qué hacer
Villalaco funciona sobre todo como punto de partida para caminar por la comarca de El Cerrato. Los caminos agrícolas y las antiguas vías pecuarias permiten recorrer el territorio a pie o en bicicleta, descubriendo pequeñas ermitas, fuentes y parajes naturales que jalonan estos campos. No esperes senderos balizados al estilo de zonas más turísticas: aquí hay que leer el mapa o el GPS y dejarse guiar por las pistas de tierra.
La observación de aves puede ser interesante en esta zona. El Cerrato alberga poblaciones de avutardas, sisones, aguiluchos cenizos y otras especies esteparias que encuentran refugio en estos extensos campos de cereal. Equiparse con prismáticos puede convertir un simple paseo en una buena mañana de campo, siempre respetando distancias y sin abandonar los caminos.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra: lechazo asado, morcilla de Palencia, quesos de oveja y legumbres. Aunque Villalaco no cuenta con restaurantes ni bares, los pueblos cercanos de la comarca mantienen la cocina castellana tradicional. El vino también tiene su historia aquí: el Cerrato fue zona vinícola y, aunque ya quedan pocas cepas, se puede rastrear ese pasado en bodegas subterráneas y antiguos lagares.
Para quienes disfrutan de la fotografía rural, estos paisajes dan juego: amaneceres sobre los campos, arquitectura popular, palomares a medio derruir y cielos estrellados con poca contaminación lumínica. Eso sí, todo a escala pequeña: el pueblo se recorre en muy poco tiempo.
Fiestas y tradiciones
Como en la mayoría de pequeños núcleos del Cerrato, Villalaco celebra sus fiestas patronales en verano, momento en que muchos hijos del pueblo regresan. Suelen organizarse en torno a agosto [VERIFICAR], con actos religiosos, comidas populares y bailes que reúnen a vecinos y veraneantes.
Las celebraciones siguen el esquema clásico castellano: misa, procesión, comida de hermandad y verbena. No hay grandes programas pensados para el turismo; es la vida del pueblo tal cual.
Durante el año, las tareas agrícolas marcan el calendario: la siega en julio, alguna vendimia residual donde aún quedan viñedos, y las labores ganaderas que todavía sostienen parte de la economía local.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Palencia capital, Villalaco se encuentra a unos 35 kilómetros hacia el sur. Se accede por carreteras comarcales que atraviesan el Cerrato, tomando la dirección hacia Baltanás y desviándose después por carreteras locales. El trayecto ronda los 40 minutos en coche particular, prácticamente la única opción realista para moverse por esta zona.
Mejor época: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos en que el paisaje se ve más agradecido y el clima es más suave. El verano es caluroso, con días largos y más movimiento en el pueblo por las fiestas. El invierno puede ser frío y ventoso; a cambio, regala cielos limpios y una calma casi total.
Consejos: No esperes encontrar servicios turísticos en el pueblo: no hay tiendas, gasolineras ni alojamiento. Conviene llevar provisiones y reservar cama en localidades cercanas como Baltanás o Dueñas. Respeta caminos, cultivos y propiedades privadas: gran parte de lo que pisas es terreno de trabajo, no un parque temático rural. Lleva batería en el móvil y descárgate mapas sin conexión: la cobertura puede fallar en algunos puntos.
Lo que no te cuentan
Villalaco es muy pequeño y se ve rápido. El caserío se recorre en un paseo corto, así que conviene plantearlo como escala dentro de una ruta por el Cerrato, no como destino de varios días.
Las fotos de palomares, campos dorados y cielos infinitos pueden llevar a pensar en un pueblo “de postal”, pero la realidad es la de cualquier núcleo de la España rural: casas arregladas junto a otras a medio caer, naves agrícolas, maquinaria y vida diaria. Si eso es lo que buscas, vas bien encaminado.
Si llueve o sopla aire fuerte —algo bastante habitual en invierno— el paseo por los alrededores pierde atractivo, y el pueblo se queda en una visita corta para estirar las piernas, hacer cuatro fotos y seguir ruta.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el pueblo, fijándote en las casas de adobe y en los detalles de la arquitectura popular.
- Vuelta por el entorno de la iglesia y salida hacia las afueras para localizar algún palomar cercano.
- Parar un rato a mirar el paisaje: según la luz y la época del año, compensa más que cualquier monumento.
Si tienes el día entero
- Combinar Villalaco con otros pueblos del Cerrato y hacer una ruta en coche enlazando miradores, palomares y bodegas tradicionales.
- Caminar o pedalear por las pistas agrícolas que salen del pueblo, preparando bien el recorrido y llevando agua y algo de comida.
Errores típicos
- Llegar esperando un pueblo monumental o con muchas “cosas que ver”: aquí el interés está en el conjunto, no en una lista larga de puntos señalados en el mapa.
- No llevar comida ni agua pensando en “tomar algo por allí”: en Villalaco no hay bares ni tiendas, y los pueblos con servicios pueden quedar a varios kilómetros.
- Salir a caminar en verano en las horas centrales del día, sin sombra, sin gorra y sin prever el calor seco de la meseta.
- Meter el coche por cualquier camino agrícola: mejor dejarlo en el pueblo y seguir a pie para no estropear pistas ni molestar a la gente que está trabajando.