Artículo completo
sobre Villamuriel de Cerrato
Importante localidad industrial y residencial; destaca por su iglesia monasterio del siglo XIII y el Canal de Castilla.
Ocultar artículo Leer artículo completo
A escasos kilómetros de Palencia, donde las llanuras cerealistas de Castilla se extienden hacia el horizonte, Villamuriel de Cerrato es uno de esos sitios donde se nota que el campo ya no manda del todo, pero tampoco ha desaparecido. Con sus algo más de 6.000 habitantes, se mueve entre pueblo grande y pequeña ciudad dormitorio: mucha gente trabaja en Palencia, pero la vida diaria sigue teniendo ritmo propio, con colegios, comercios y asociaciones que dan vida todo el año.
El Cerrato, esa comarca que se despliega entre Palencia, Burgos y Valladolid, tiene en Villamuriel un ejemplo bastante claro de transición entre lo rural y lo industrial. Aún quedan casas de adobe y ladrillo, corrales y huertas, pero conviven con polígonos, urbanizaciones nuevas y servicios que no se encuentran en otros pueblos cercanos. Los campos de cereal rodean el término y cambian radicalmente el paisaje según la época: marrón en invierno, verde intenso en primavera, dorado en verano.
No es un pueblo de postal medieval ni un casco antiguo enorme; es un sitio vivo, con gente joven, niños en las plazas y movimiento diario. Si se va con esa idea, se disfruta más.
Qué ver en Villamuriel de Cerrato
El patrimonio religioso es lo más interesante a nivel monumental. La Iglesia de San Miguel Arcángel preside el casco urbano con una silueta que se ve desde la carretera. Es un templo con historia, reformas y añadidos de distintas épocas, como suele pasar en la zona. Dentro se conservan retablos y tallas que conviene mirar con calma si te interesa el arte sacro; si no, la visita rápida al interior y el entorno ya dan contexto del peso que ha tenido la parroquia en la vida del pueblo. Conviene informarse in situ de los horarios de apertura, porque pueden variar.
El casco histórico no es grande, pero sí guarda tramos de arquitectura popular castellana: tapial, ladrillo, alguna casona con escudo y calles que recuerdan el pasado agrícola. Lo mejor es callejear sin muchas expectativas de “monumento en cada esquina” y fijarse más en detalles: portones antiguos, patios interiores visibles desde la calle, restos de construcciones tradicionales mezcladas con reformas más recientes y con viviendas de los años 60–80, muy presentes en toda la zona.
Los alrededores de Villamuriel son los paisajes cerealistas típicos de El Cerrato, con suaves lomas y horizonte abierto. Desde el casco salen caminos rurales por los que se puede caminar o ir en bici sin complicación, siempre que se tenga en cuenta el sol y el viento. En junio, con el cereal ya alto, el paisaje gana mucho; en otoño, las puestas de sol sobre los rastrojos también merecen la pena si te gusta ese tipo de paisaje amplio y sin árboles.
Qué hacer
El senderismo suave y los paseos por caminos tradicionales son la actividad más lógica. No hay grandes desniveles ni montes espectaculares, pero sí pistas y vías agrícolas para andar sin sobresaltos. Son rutas agradecidas para quien busque caminar sin dificultad, observar aves de la llanura (avutardas, cernícalos, si hay suerte) y, sobre todo, desconectar del ruido. Eso sí, son caminos muy expuestos: poca sombra y sensación de amplitud total, lo que algunos disfrutan y a otros se les hace monótono.
La gastronomía local sigue la línea del Cerrato: cocina de tierra adentro, con protagonismo del lechazo asado, la morcilla, los embutidos y todo lo derivado de la matanza. Los quesos de oveja de la zona suelen salir muy bien parados y la repostería castellana tradicional (rosquillas, magdalenas, hojaldres…) se encuentra sin problema en el pueblo, sobre todo en fechas festivas.
Por ubicación, Villamuriel funciona bien como base para moverse: la cercanía a Palencia capital permite combinar pueblo y ciudad en el mismo día, y el Canal de Castilla queda relativamente cerca, con sus caminos de sirga aptos para bici y paseo. También es fácil organizar escapadas cortas a otros pueblos del Cerrato para ver iglesias románicas dispersas por la comarca y pequeños núcleos mucho más rurales, donde el peso del campo sigue siendo mayor.
Para quien vaya con cámara, amaneceres y atardeceres sobre los campos cerealistas pueden dar buenas fotos, siempre que el cielo acompañe. El juego de luces en primavera y otoño suele ser el más agradecido; en días grises, el paisaje se vuelve más plano y hay que buscar encuadres en el propio pueblo.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Miguel Arcángel se celebran hacia finales de septiembre, coincidiendo con el día del patrón. Son jornadas de mucha vida en la calle: actos religiosos, actividades deportivas, verbenas y reuniones de cuadrillas. Es cuando más se nota el sentido de comunidad y cuando regresan muchos que viven fuera.
En agosto suele haber también celebraciones más informales, con protagonismo de las peñas y programación pensada para distintos tramos de edad. Es la época en la que el pueblo está más lleno y las noches se alargan.
La Semana Santa se vive con el tono sobrio propio de Castilla. No es una ciudad con grandes cofradías, pero las procesiones recorren el centro y tienen su arraigo local. Si se pilla de paso, ayuda a entender esa religiosidad tranquila que se respira en muchos pueblos de la meseta.
Información práctica
Cómo llegar: Villamuriel de Cerrato se encuentra a unos 7 kilómetros de Palencia capital, con conexión directa por la N‑611 (Palencia–Santander). En coche son unos 10 minutos desde la ciudad. Desde Valladolid, el acceso habitual es por la A‑62 y luego enlazando con la N‑611; el trayecto ronda los 50 minutos, según tráfico. También hay servicios de autobús interurbano [VERIFICAR], pensados sobre todo para desplazamientos laborales y de estudiantes.
Cuándo visitar Villamuriel de Cerrato
La primavera (sobre todo mayo y junio) es cuando el paisaje del Cerrato está más agradecido: colores vivos, temperaturas todavía suaves y días largos. El otoño, entre finales de septiembre y octubre, también es buen momento para combinar paseos y vida en el pueblo sin tanto calor.
En verano el calor aprieta, típico de la meseta: si se quiere caminar, mejor primeras horas de la mañana o al atardecer. En invierno los días son fríos y cortos; el ambiente es más recogido, pero los cielos despejados y la luz limpia pueden gustar a quien busque tranquilidad total y no le importe abrigarse.
Errores típicos
- Esperar un “casco histórico monumental”: Villamuriel tiene rincones interesantes, pero no es un pueblo de gran patrimonio ni de foto de calendario. Se ve rápido; encaja mejor como pueblo para pasear un rato, comer y usarlo como base o parada en ruta, que como destino único de varios días.
- Subestimar el clima de la meseta: en verano, el sol pega fuerte en los caminos sin sombra; en invierno, el frío se nota y el viento corta. Mejor ropa adecuada, gorra y agua si se va a salir al campo.
- Olvidar que es un pueblo vivo: hay tráfico, gente que trabaja y va con prisas, barrios nuevos… No es un museo al aire libre, y eso también forma parte del interés del lugar. Conviene respetar zonas de aparcamiento y accesos a garajes: el centro no está pensado como decorado turístico.
Si solo tienes…
- 1–2 horas: paseo rápido por el entorno de la Iglesia de San Miguel, vuelta corta por el casco más antiguo para ver las casas tradicionales que aún resisten y, si el tiempo lo permite, salir a uno de los caminos agrícolas cercanos para asomarse al paisaje cerealista. Es tiempo suficiente para hacerse una idea del carácter del pueblo.
- El día entero: combinar mañana de caminata suave por los caminos rurales (mejor tempranito si hace calor), comida en el pueblo y tarde dedicada a acercarse al Canal de Castilla o a otro pueblo del Cerrato, regresando luego a Villamuriel para dar una vuelta tranquila al caer la tarde. Para un fin de semana largo, tiene más sentido sumar Palencia ciudad y un par de pueblos cerrateños extra.
Lo que no te cuentan
Villamuriel es más un lugar para entender cómo se vive hoy en el medio rural‑urbano de Castilla que un pueblo “de foto”. Se recorre a pie en poco rato, y la parte monumental se ve en una mañana corta. Si se le dedica más tiempo, es porque se usa como base cómoda o porque interesa moverse por el Cerrato sin renunciar a ciertos servicios. Si buscas silencio absoluto y tiempo detenido, quizá encajen mejor otros núcleos más pequeños de la comarca.