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sobre Santa María del Páramo
Capital de la comarca del Páramo; centro de servicios dinámico con un gran spa urbano y mercado
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En Santa María del Páramo, los domingos por la mañana el mercado tapa la carretera principal. No es grande y lleva aquí desde finales del siglo XIX. Hay puestos de garbanzos, queso y ropa barata. La gente cruza entre coches en doble fila. Si vienes de paso, te puedes quedar atascado. Si vienes a ver el pueblo, aparca en la primera calle lateral que encuentres y sigue a pie.
El páramo que no es páramo
Santa María del Páramo tiene ese nombre porque antiguamente había varias lagunas alrededor. Hoy no queda ninguna. El terreno es llano, cultivo de regadío con canales por todas partes. En septiembre, cuando el maíz empieza a secarse, a veces huele a humo de rastrojo quemado.
Es la capital administrativa de la comarca del Páramo. Traducido: aquí están el juzgado y varios servicios que no hay en los pueblos cercanos. También el polígono industrial más grande de la zona, con fábricas ligadas al sector agrícola y una quesería que trabaja bastante producto de la comarca.
La iglesia es del siglo XVIII. La torre que ves hoy es de los años setenta, de ladrillo visto. La anterior se cayó y levantaron esta. No es especialmente bonita, pero se distingue desde lejos en un terreno tan plano. Dentro hay retablos dorados y un Cristo de caoba. Los libros parroquiales empiezan en el siglo XVII. Si te interesa la historia local, el ayuntamiento suele tener una pequeña sala con fotos de cuando aquí funcionaban fábricas de curtidos. Entonces el olor del pueblo era otro.
Agua caliente y teatro en la calle
Lo que más movimiento genera en el pueblo es el centro termal. Suele decirse que es el más grande de Castilla y León. Tiene varias piscinas de agua mineromedicinal, saunas y un circuito de chorros. Abre todo el año. En invierno se llena de gente que llega desde León a pasar la mañana.
La entrada suele rondar lo que cuesta un spa sencillo de un día. Los fines de semana conviene mirar antes si hay sitio, porque a veces completan aforo.
En septiembre también hay bastante actividad en la calle. El festival MAIZ lleva años trayendo compañías de teatro que actúan en plazas, garajes o donde encuentren hueco. Las funciones suelen ser gratuitas. Ese mismo mes montan una feria multisectorial con maquinaria agrícola, coches y puestos de embutido. Se instala en la zona del campo de fútbol.
Comer sin complicaciones
Aquí mandan las alubias blancas con IGP, que se cultivan en las vegas de regadío. En carnavales es típico repartir tapas de ajo: pan frito con pimentón y huevo. El bollo de San Blas aparece cada 3 de febrero. Es un pan dulce sencillo.
El queso de oveja semicurado de la zona está bien. Correcto, sin más.
Para comer o tomar algo hay varios bares en la calle Mayor. Entras, pides y listo. No hay grandes sorpresas ni grandes desastres.
Caminar sin perderse
El pueblo es completamente llano. Salgas por donde salgas, no hay cuestas.
La senda botánica tiene unos dos kilómetros y pasa por más de medio centenar de árboles señalizados con placas. Si se te queda corta, por aquí también pasa el Camino de Santiago que va hacia Valladolid por la ruta de la Llanada. No es un tramo con mucho peregrino.
Otra actividad que se organiza algunos años en septiembre es la ruta de los Pendones: gente caminando por el campo con banderas tradicionales que terminan reuniéndose en el parque.
Si prefieres algo más largo, hay una etapa caminable hasta Villamañán, alrededor de 12 km por pistas entre regadíos. Lleva agua. No abundan las fuentes.
Consejo práctico
Aparca en la zona de la plaza de toros o cerca del polideportivo. Normalmente hay sitio y te evitas vueltas por el centro.
Si llegas desde la A‑6, lo habitual es salir por Valencia de Don Juan y conducir unos minutos más por carretera comarcal.
No necesitas más de una mañana: iglesia, paseo por el centro y un café. Si te interesa el balneario, entonces sí tiene sentido quedarse algo más. Pero no esperes un conjunto monumental. Santa María del Páramo funciona más como cabecera de servicios de la comarca que como destino turístico en sí. Aquí la vida es bastante práctica: campo, industria pequeña y, cuando toca, agua caliente.