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sobre Villazala
Municipio agrícola del Páramo; destaca por la modernización de regadíos y la vida rural
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En pleno corazón de El Páramo leonés, Villazala se extiende sobre una llanura cerealista a unos 800 metros de altitud, como un remanso de paz donde el tiempo parece discurrir a otro ritmo. Este pequeño municipio de unos 560 habitantes conserva bastante bien la esencia de la Castilla rural, con sus construcciones tradicionales de adobe y ladrillo que se integran en un paisaje de horizontes largos y cielos muy abiertos.
Villazala es uno de esos sitios donde se viene a estar tranquilo, no a encadenar visitas. Aquí, entre campos de cultivo que cambian de color con las estaciones y calles donde todavía se saluda al desconocido, se entiende rápido cómo se vive en El Páramo hoy: agricultura, calma y pueblo de toda la vida.
La comarca de El Páramo, tradicionalmente agrícola, ha sido testigo de siglos de trabajo en la tierra. Villazala representa bien este carácter parameño, con un día a día ligado al campo y muy lejos de los grandes circuitos turísticos.
¿Qué ver en Villazala?
El patrimonio de Villazala se concentra principalmente en su iglesia parroquial, dedicada a San Pedro, que preside el núcleo urbano. Este templo, de aspecto sobrio como casi todas las iglesias de la zona, se entiende mejor si se ve como lo que es: el punto de encuentro social y religioso del pueblo desde hace generaciones, más que una gran joya artística. Si la encuentras abierta, entra un momento: lo más interesante es esa sensación de templo vivido, con marcas del uso diario, más que detalles de museo.
Pasear por las calles de Villazala es, sobre todo, fijarse en la arquitectura popular. Las casas tradicionales, muchas de ellas construidas con los materiales típicos de El Páramo —adobe, ladrillo y teja árabe—, conservan elementos originales como portones de madera, balcones corridos y patios interiores. También verás reformas más recientes, ampliaciones y fachadas nuevas, así que no esperes un casco “de postal” entero, sino una mezcla bastante realista de lo viejo y lo nuevo, tal y como se ha ido haciendo vida en el pueblo.
El entorno natural de Villazala es típicamente parameño: amplias llanuras agrícolas que se extienden hasta donde alcanza la vista, salpicadas de pequeñas arboledas, algún reguero y caminos rurales. Este paisaje, que a primera vista puede parecer monótono, tiene una belleza tranquila que cambia bastante según la estación: dorado en verano durante la cosecha, verde intenso en primavera y tonos ocres en otoño, con los canales de riego dando algo de vida al conjunto.
Qué hacer
Villazala funciona bien como punto de partida para paseos tranquilos y rutas en bicicleta. Los caminos rurales que conectan el pueblo con las localidades vecinas de la comarca son llanos y sencillos, pensados más para andar sin prisa que para hacer grandes rutas deportivas. Buen sitio para caminar al atardecer, ver cómo se riega el campo y escuchar poca cosa aparte de tractores, pájaros y, según la época, ranas en las acequias.
La gastronomía local sigue la línea de la cocina leonesa de interior: embutidos artesanos, quesos de la zona y platos tradicionales contundentes como cocidos, sopas de ajo y guisos de legumbres. El pan elaborado de forma tradicional continúa siendo básico en la mesa, y en temporada no es raro encontrar productos de la huerta parameña, especialmente patata, cebolla y algo de verdura según el año.
Para completar la visita, suele ser buena idea acercarse a otros pueblos de la comarca de El Páramo, como Santa María del Páramo, la capital comarcal situada a pocos kilómetros, donde encontrarás más servicios, comercios y algo más de ambiente, sobre todo los días de mercado.
La observación del cielo nocturno tiene su interés gracias a la escasa contaminación lumínica de la zona. Si el cielo está despejado, se ven bien las estrellas y la Vía Láctea en noches muy claras, pero conviene llevar abrigo, incluso en verano, porque refresca en cuanto cae el sol y el aire del páramo se nota.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Pedro se celebran a finales de junio, siendo el momento del año en que Villazala tiene más vida. Durante estos días, el pueblo se llena de actividad con celebraciones religiosas, verbenas populares y encuentros entre vecinos y antiguos residentes que regresan para la ocasión.
En agosto, como en muchos pueblos de la provincia, se organizan actividades estivales que aprovechan el regreso temporal de población durante las vacaciones. Estas celebraciones mantienen vivas tradiciones musicales y gastronómicas que forman parte del patrimonio inmaterial de la comarca, más pensadas para el propio vecindario que para “hacer turismo”. Si vienes en estas fechas, asume que eres un invitado en una fiesta de otros.
Las romerías y celebraciones religiosas marcan el calendario festivo rural, manteniendo costumbres que vienen de lejos y que hoy siguen siendo una parte importante de la identidad local.
Información práctica
Cómo llegar: Desde León capital, Villazala se encuentra a unos 35 kilómetros por la carretera que atraviesa El Páramo. El trayecto en coche suele durar en torno a 35-40 minutos, tomando dirección hacia Santa María del Páramo y siguiendo las indicaciones hacia Villazala. El acceso está señalizado y las carreteras, en general, se encuentran en buen estado, aunque conviene extremar la atención en días de niebla, que aquí son serios.
Cuándo visitar Villazala
La primavera (abril-junio) y el inicio del otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradecidos: temperaturas suaves y el campo en pleno cambio de color. En verano el día aprieta, pero las noches son frescas y se agradece para pasear o ver estrellas. En invierno el paisaje tiene su punto, pero hace frío, puede soplar bastante aire y el ambiente en la calle baja mucho; si vienes entonces, mejor abrigado y sin grandes planes de pasear horas.
Si te interesan las fiestas, finales de junio es cuando más gente hay y más cosas pasan en el pueblo. Si lo que buscas es silencio y paseos, mejor cualquier otro momento entre semana, fuera de festivos y agosto.
Lo que no te cuentan
Villazala se ve rápido. El núcleo urbano se recorre en poco rato y no hay una lista larga de monumentos. Tiene más sentido como parada dentro de una ruta por El Páramo o como lugar tranquilo donde pasar el día que como destino principal de varios días.
El paisaje es llano y abierto: si vienes esperando montañas, bosques o grandes miradores, no es el lugar. Aquí lo que hay es campo trabajado, canales de riego y horizontes largos. Eso, o te gusta, o aburre. Y otra cosa: en días de calor, el sol cae a plomo y hay poca sombra; si vas a caminar, madruga o deja el paseo para última hora.
Si solo tienes…
- Si solo tienes 1–2 horas: Vuelta por el pueblo, parada en la iglesia de San Pedro, paseo corto por los caminos que salen hacia los campos y poco más. Tiempo suficiente para llevarte una idea clara del sitio y del tipo de paisaje que es El Páramo.
- Si tienes el día entero: Mañana de paseo a pie o en bici por los caminos rurales; comida tranquila y, por la tarde, escapada a algún pueblo cercano de El Páramo (Santa María, por ejemplo) para completar la jornada con más servicios y ambiente. Buena combinación si quieres hacerte una idea rápida de cómo se vive en esta comarca sin grandes complicaciones.