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sobre Guardo
Importante núcleo industrial y de servicios en la Montaña Palentina; destaca por su entorno natural
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Guardo tiene 5.502 habitantes y el asfalto del centro está lleno de grietas. No es un pueblo bonito. Tampoco lo intenta. En la rotonda de entrada hay un minero de cuatro metros mirando a la carretera. Resume bien el sitio: aquí todo giró durante décadas alrededor del carbón.
Aparcar y moverse
La N‑611 pasa por el pueblo. No tiene pérdida. El aparcamiento del polideportivo suele tener sitio y es lo más práctico, porque el centro está en cuesta. Deja el coche abajo y sube andando.
Lo que queda del pasado
El castillo medieval desapareció a finales del XIX. Sus piedras acabaron en la construcción del ferrocarril Bilbao‑La Robla. La iglesia de San Juan Bautista es el edificio más antiguo que sigue en pie. Siglo XVI, piedra sobria, interior sencillo. Si está abierta, entra un momento. La minería cambió todo en el siglo XX. Se levantaron barrios enteros de casas bajas para trabajadores llegados de otras cuencas. Esa parte de Guardo aún se reconoce bien: calles rectas, viviendas iguales.
La subida al Cristo del Amparo
Desde el centro sale un sendero señalizado que sube a la ermita del Cristo del Amparo. Es una ruta circular de unos ocho kilómetros. El camino pasa por el puente de Almuhey, que se suele decir romano aunque ha tenido tantas reparaciones que cuesta saber qué queda original. La subida no es dura, pero hay tramos sin sombra.
Comer y beber sin rodeos
Aquí manda el lechazo asado: horno, carne y vino tinto de la zona. A mediados de junio suelen celebrar las fiestas de San Antonio: música en la plaza, comidas populares y bastante ruido por la noche.
¿Compensa?
Guardo es lo que es: un pueblo grande para la zona marcado por la minería. Si pasas por aquí con una hora libre puedes parar: sube hasta el Cristo del Amparo, mira el valle y baja otra vez. Con eso ya te haces una idea del lugar