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sobre Íscar
Importante villa industrial y maderera dominada por su castillo; destaca por su patrimonio y su museo de la danza
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Hablar de turismo en Íscar obliga a empezar por la roca sobre la que se levanta el castillo. El pueblo se asienta en un promontorio que domina el valle del Cega, en el borde de la Tierra de Pinares. Desde arriba se entiende bien el lugar: una elevación clara en medio de un territorio de pinares y tierras arenosas. No es extraño que desde muy pronto se utilizara como punto de control. Algunas fuentes sitúan aquí una fortificación ya en época andalusí, y lo que hoy se ve responde sobre todo a obras del siglo XV.
La roca que organiza el pueblo
Íscar está a unos 780 metros de altitud y el relieve condiciona bastante su forma. El caserío se extiende alrededor del cerro del castillo y las calles se adaptan a esa pendiente con subidas cortas y giros algo irregulares. No es un trazado pensado de una vez, sino el resultado de siglos de crecimiento.
La fortaleza actual tiene planta pentagonal y una torre del homenaje de la misma forma, algo poco habitual en los castillos castellanos. Gran parte de la fábrica pertenece al siglo XV, cuando la zona ya estaba plenamente integrada en los territorios de la Corona de Castilla. En algunos muros todavía se ven escudos vinculados a linajes que tuvieron señorío sobre la villa.
El interior del recinto ha cambiado de uso con el tiempo y hoy se emplea para actividades culturales y encuentros. Es una transformación bastante común: edificios defensivos que han terminado funcionando como espacio social del propio pueblo.
Dos iglesias y varios siglos de obra
La iglesia de San Miguel conserva partes que suelen fecharse en torno al siglo XII, sobre todo en la cabecera y en los tramos más antiguos de la torre. El resto del edificio es fruto de ampliaciones posteriores. Mirando con calma se aprecian distintas etapas constructivas, algo frecuente en templos de villas que fueron creciendo poco a poco.
Santa María de los Mártires introduce otro lenguaje. En su ábside aparece el uso del ladrillo y formas que recuerdan al románico‑mudéjar del siglo XIII, bastante presente en esta zona de Valladolid y Segovia. No es un edificio grande, pero ayuda a entender cómo convivían técnicas constructivas distintas en la Castilla medieval. La iglesia sigue muy ligada a la vida local y a las celebraciones religiosas del calendario del pueblo.
Una casa señorial y un legado inesperado
En la calle Mayor se levanta la llamada Casa de Caviedes, una residencia señorial del siglo XVIII. La fachada mezcla piedra y ladrillo y mantiene balcones de hierro que hablan de una época en la que algunas familias concentraban buena parte de la propiedad agrícola de la zona. Hoy el edificio tiene usos municipales, aunque su presencia sigue marcando ese tramo de la calle.
El nombre más conocido de Íscar en el siglo XX es Mariemma, bailarina y pedagoga de la danza española. Nació aquí en 1917 y desarrolló gran parte de su carrera fuera, pero mantuvo relación con el pueblo. Parte de su legado —vestuario de escena y material relacionado con su trayectoria— se conserva en un museo dedicado a la danza instalado en la Casa de la Cultura. Para un municipio de este tamaño no deja de ser una colección llamativa.
Pinares, resina y caminos de arena
La comarca se llama Tierra de Pinares por una razón evidente. Durante siglos el pino ha marcado la economía local: madera, piñas y, sobre todo, resina. Todavía se ven en los montes cercanos los cortes en los troncos que recuerdan ese trabajo.
Desde el propio pueblo salen caminos que se internan en estos pinares y en las vegas del Cega. Algunos se han recuperado como rutas señalizadas y otros siguen siendo simplemente pistas forestales que los vecinos utilizan para caminar o salir en bicicleta. El terreno es bastante llano y arenoso, muy característico de esta parte de Valladolid.
En la mesa manda una cocina castellana sencilla: asados, productos de matanza y dulces tradicionales que suelen aparecer en fiestas y celebraciones familiares. No es una gastronomía complicada, más bien ligada a lo que siempre ha dado el campo.
Cómo situarlo en el mapa
Íscar está en el sur de la provincia de Valladolid, cerca del límite con Segovia. Desde la capital se llega en coche en menos de una hora, atravesando buena parte de la Tierra de Pinares.
El pueblo se recorre sin prisa en una mañana. Lo más interesante es subir al entorno del castillo, caminar por el casco antiguo y luego salir hacia los pinares que empiezan casi en las afueras. A partir de ahí, el paisaje explica bastante bien por qué el lugar creció justo aquí y no unos kilómetros más allá.