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sobre Ferreras de Arriba
Municipio en plena Sierra de la Culebra con gran valor ecológico; destaca por su arquitectura tradicional de piedra y pizarra y la riqueza de su fauna
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En el corazón de la comarca zamorana de La Carballeda, donde las tierras se elevan hasta casi rozar los 900 metros de altitud, Ferreras de Arriba es uno de esos pueblos donde el ruido de fondo vuelve a ser el del viento y los animales del entorno. Con unos 350 habitantes, este pequeño núcleo rural conserva la esencia de la Castilla interior, esa que se nota en las fachadas sin arreglar del todo, en los huertos al lado de casa y en el saludo que aún se cruza con cualquiera que pasa.
El paisaje que rodea Ferreras de Arriba es el de la Carballeda alta: mosaico de campos, monte bajo, robles y alguna zona más despejada hacia los valles. La altitud y su ubicación en la montaña sanabresa marcan un clima de contrastes, con inviernos fríos que blanquean el paisaje y veranos suaves, más para andar caminos y salir al fresco al atardecer que para tumbarse al sol.
Llegar hasta aquí ya da una idea de dónde te metes: carreteras comarcales, tráfico escaso y pocos servicios en el trayecto. Es un lugar pensado para quien busca pueblo de verdad, con su ritmo lento y su dependencia del coche para casi todo.
¿Qué ver en Ferreras de Arriba?
El patrimonio de Ferreras de Arriba es modesto pero genuino. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su arquitectura tradicional, muy en la línea de otros templos rurales de La Carballeda: sin grandes alardes, pero bien integrada en el caserío y en el paisaje.
La arquitectura popular merece una parada tranquila, sin prisas ni mapa en la mano: casas de piedra con amplios portones, corrales, pajares y construcciones auxiliares que hablan de un pasado agrícola y ganadero que aquí todavía no es pasado del todo. Hay detalles que se aprecian más a paso lento: dinteles de piedra trabajada, viejos escudos, contraventanas de madera, chamizos a medio usar.
Las fuentes y abrevaderos tradicionales, algunos todavía en uso, recuerdan la importancia del agua en la vida rural y funcionan casi como un pequeño mapa de cómo se organizaba el pueblo: los caminos de acceso, las zonas de paso del ganado, los puntos de encuentro.
En los alrededores, la vegetación autóctona —robledales, brezales, jaras, matorral bajo— acoge una fauna discreta pero constante, desde pequeños pájaros forestales hasta rapaces que se dejan ver con algo de paciencia. Desde las zonas más elevadas del término municipal se obtienen panorámicas amplias de la comarca de La Carballeda, especialmente al final del día, cuando la luz baja y los tonos se vuelven ocres y rojizos. No hay miradores preparados como tal: son más bien pequeños altos de camino, de los que se descubren andando o preguntando.
Qué hacer
Ferreras de Arriba funciona bien como punto de partida para rutas de senderismo por la comarca. Los caminos rurales que conectan con aldeas vecinas permiten caminatas de diferente longitud, siempre entre paisajes poco transformados y con muy poca gente. Conviene llevar el recorrido pensado de antemano o mapa en el móvil descargado: la señalización no siempre es clara y los cruces de pistas agrícolas se parecen bastante entre sí. En cuanto te despistas un poco, todos los caminos parecen el mismo.
La orografía montañosa y los caminos de monte resultan apropiados para los aficionados al ciclismo de montaña con cierta experiencia: hay pistas en buen estado, pero también tramos con piedra suelta, barro según la época y alguna cuesta que se hace notar. No es la zona más amable para un paseo en bici improvisado si no se está acostumbrado al terreno; mejor venir con la ruta preparada y margen de tiempo.
La observación de aves tiene aquí buenos rincones, sobre todo en los bordes entre cultivos, monte bajo y zonas de arbolado. La ubicación del municipio, en una zona de transición entre diferentes ecosistemas, favorece la presencia de numerosas especies, especialmente durante los pasos migratorios. Prismáticos, algo de paciencia y, si es posible, un madrugón, suelen dar mejor resultado que cualquier recomendación concreta. Es más un lugar de ir viendo y escuchando que de tener un punto fijo marcado en el mapa.
En el apartado gastronómico, aunque en el propio pueblo no hay una gran oferta para comer fuera, la zona mantiene vivas las recetas tradicionales zamoranas. La gastronomía de La Carballeda se apoya en platos contundentes basados en productos de la tierra: carnes de ternera y cordero, embutidos artesanos, legumbres y setas en temporada. Para probarlos, lo normal es desplazarse a municipios cercanos con más servicios o contar con cocina propia y llenar la despensa en los alrededores.
Los aficionados a la micología encuentran en los montes cercanos un buen territorio para la recolección de setas durante el otoño, siempre respetando las normativas locales y con el conocimiento adecuado. Aquí no se improvisa: hay especies tóxicas y, además, el monte es de alguien, aunque desde la pista parezca de todos.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Ferreras de Arriba mantiene las celebraciones que han marcado el año durante generaciones. Las fiestas patronales, que se celebran en verano, son el punto más alto de actividad social del municipio, cuando regresan los que viven fuera y las casas cerradas el resto del año se vuelven a abrir.
Durante estas jornadas festivas, las calles recuperan el bullicio: celebraciones religiosas, actos populares, juegos, música hasta tarde… Es cuando más se nota ese tejido comunitario que en invierno, con pocos vecinos y mucho frío, puede pasar desapercibido.
Otras celebraciones del ciclo anual, como las festividades de invierno y primavera, se llevan con la sobriedad habitual de estas tierras, pero también con la sensación de que cada rito que se mantiene es algo que se defiende frente al despoblamiento y el paso del tiempo.
Cuándo visitar Ferreras de Arriba
La primavera y el otoño son, en general, los momentos más agradecidos por clima y paisaje: campos más verdes, monte con color y temperaturas suaves para caminar. El verano es la época de más movimiento, sobre todo en torno a las fiestas, y también cuando se nota más la diferencia entre el calor del día y el fresco de la noche. Si te quedas a dormir cerca, conviene traer algo de abrigo ligero incluso en agosto.
El invierno enseña la cara más dura de la zona: frío, días cortos, posibles heladas y alguna nevada. Puede tener su atractivo para quien quiera ver la Castilla más austera, pero conviene venir preparado, con ropa adecuada y sin apurar horarios, porque las carreteras secundarias se notan más en esa época.
Si llueve, los caminos de tierra se embarran con facilidad y algunas rutas se vuelven incómodas, pero el monte gana en olor y en tonos, y el pueblo se ve tal cual es, sin filtros de sol de agosto.
Errores típicos al visitar Ferreras de Arriba
- Calcular mal los tiempos: el pueblo se ve rápido, pero las rutas por pistas y carreteras comarcales alargan cualquier desplazamiento. Mejor no encajar la visita entre dos obligaciones con hora fija.
- Suponer que habrá de todo: en Ferreras de Arriba hay servicios básicos, pero no una oferta amplia de ocio ni de restauración. Conviene venir con el depósito de gasolina razonablemente lleno, algo de comida y agua, y la compra hecha.
- Confiarse con el móvil y el GPS: la cobertura falla en algunos puntos y los navegadores no siempre aciertan con las pistas. Llevar indicaciones anotadas o un mapa descargado ahorra vueltas.
Lo que no te cuentan
Ferreras de Arriba es pequeño y se recorre a pie en poco rato: hablamos de un paseo de menos de una hora viendo calles, iglesia y entorno cercano con calma. El interés está más en el conjunto —pueblo y paisaje, sensación de quietud, rutas alrededor— que en un “monumento estrella”.
Las fotos que se ven a veces en redes, con montes frondosos o grandes masas de agua, suelen ser de la comarca en general o de otros puntos de la zona. El entorno es agradable y rural, pero no esperes un pueblo de postal restaurada ni una infraestructura turística montada a tu alrededor.
Es más una buena parada dentro de una ruta por La Carballeda o Sanabria que un destino para pasar varios días seguidos, salvo que vengas con la idea clara de caminar, pedalear o, simplemente, desconectar sin mucho más plan que ese.