Artículo completo
sobre Castrillo de la Guareña
Situado en la ribera del río Guareña ofrece un paisaje verde en contraste con el secano; conserva restos de un antiguo castillo y cuevas bodega
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hablar de turismo en Castrillo de la Guareña obliga primero a entender dónde está uno. El pueblo se asienta en la llanura cerealista de La Guareña, en el sureste de la provincia de Zamora, un territorio abierto que desde la Edad Media ha vivido casi exclusivamente del cultivo del grano. Hoy apenas supera el centenar de habitantes, pero su forma y su parcelario responden a una organización agraria muy antigua.
La mayor parte de los pueblos de esta comarca se consolidaron entre los siglos XII y XIII, cuando el reino de León impulsó la repoblación de estas tierras situadas entre el Duero y Salamanca. Castrillo debió de nacer en ese contexto. El propio nombre suele aparecer en muchos lugares vinculados a pequeños asentamientos fortificados o elevaciones defensivas, aunque en este caso no quedan restos claros de una fortificación. Lo que sí permanece es el trazado compacto del casco urbano, pensado para protegerse del viento en una meseta donde el paisaje apenas ofrece resguardo.
La iglesia y el centro del pueblo
La iglesia parroquial marca el punto más reconocible del caserío. Como ocurre en buena parte de La Guareña, el edificio actual parece responder a reformas de época moderna, probablemente entre los siglos XVI y XVIII, sobre una fábrica anterior. No es un templo grande. Su interés está en cómo organiza el espacio del pueblo: la plaza, algunas casas más antiguas y los antiguos corrales se disponen alrededor.
En las fachadas todavía aparecen soluciones muy propias de la arquitectura rural zamorana. Muros de adobe o tapial combinados con piedra en las partes bajas, portones anchos para la entrada de carros y patios interiores donde se guardaba el grano o el ganado menor. Muchas casas han cambiado, pero la lógica del conjunto sigue siendo la misma que hace un siglo.
El paisaje de La Guareña
Fuera del casco urbano comienza enseguida el campo abierto. La Guareña es una comarca de horizontes largos. Trigo, cebada y otros cultivos de secano ocupan casi toda la superficie. El paisaje cambia mucho según la época del año, algo que aquí siempre ha marcado el ritmo de trabajo.
En primavera los caminos agrícolas son transitables y permiten entender bien la escala de esta llanura. También es cuando se dejan ver algunas aves propias de los espacios esteparios. No siempre es fácil distinguirlas a simple vista, pero con unos prismáticos suelen verse movimientos en los sembrados lejanos.
Caminos entre pueblos cercanos
Los caminos que salen de Castrillo conectan con otras localidades de La Guareña mediante trazados prácticamente llanos. Muchos siguen antiguas rutas agrícolas utilizadas durante décadas para mover maquinaria o ganado entre parcelas.
No son rutas señalizadas como senderos turísticos. Son caminos de trabajo que atraviesan campos abiertos. Conviene tenerlo en cuenta en verano, cuando el sol cae con fuerza y hay pocos lugares donde resguardarse.
Vida cotidiana y calendario del pueblo
Las celebraciones locales siguen vinculadas al calendario religioso y a las épocas del campo. En pueblos de este tamaño las fiestas no se organizan pensando en visitantes, sino en reunir a quienes viven aquí y a quienes regresan unos días desde las ciudades.
Ese ambiente explica bien qué es hoy Castrillo de la Guareña. Un pueblo pequeño de la meseta zamorana que mantiene la estructura agraria con la que nació hace siglos.
Antes de ir
Castrillo se recorre en poco tiempo. Lo interesante es observar cómo se organiza el caserío y cómo empieza el campo a pocos metros de las últimas casas. Para comer o dormir suele ser necesario desplazarse a municipios mayores de la comarca o a localidades cercanas de la provincia. El coche sigue siendo la forma más práctica de moverse por esta parte de Zamora.