Artículo completo
sobre Fuentelapeña
Villa de la Guareña con una impresionante iglesia declarada BIC; famosa por sus vinos y su arquitectura de piedra arenisca de la zona
Ocultar artículo Leer artículo completo
Fuentelapeña se asienta en la llanura cerealista del sureste de Zamora, un territorio que tomó su forma actual durante la repoblación medieval leonesa. Los siglos XI y XII vieron cómo se fijaba aquí una población agrícola, atraída por la tierra abierta y fértil. El pueblo, que hoy no llega a los seiscientos habitantes, mantiene esa lógica esencial: calles sencillas y una arquitectura ligada al trabajo del campo.
Su topónimo parece referirse a un manantial junto a una peña, un patrón común en una comarca donde los asentamientos surgían junto a puntos de agua. El caserío creció desde ese núcleo inicial, siempre vinculado al cultivo de secano. Los campos de cereal que lo rodean no son un decorado; son el resultado de una explotación agraria que ha modelado este paisaje durante siglos.
La iglesia y la estructura del casco urbano
La iglesia de Santa María se levanta en el centro del pueblo, cumpliendo la función de referencia que tuvo desde la Edad Media para una comunidad dispersa. El edificio actual muestra varias fases constructivas, con reformas y ampliaciones visibles en su fábrica y en los detalles de la fachada.
El interés principal, sin embargo, reside en el trazado urbano. Las calles responden a una planificación funcional, sin pretensiones monumentales. La arquitectura tradicional emplea piedra, adobe y tapial, materiales habituales en esta parte de Zamora. Muchas viviendas conservan portones anchos que daban acceso a corrales y dependencias agrarias. En algunos patios aún se distinguen las estructuras de antiguos pajares.
Las fuentes y pilones repartidos por el pueblo son testigos de otra época, cuando el abastecimiento de agua dependía de estos puntos públicos. Servían para el ganado y el uso doméstico. Algunas permanecen en pie, aunque ya sin su función original.
El paisaje agrícola de la comarca
El entorno es una llanura extensa, sin relieves pronunciados. Esta geografía ha determinado la economía local desde hace siglos. El dominio lo tienen los cultivos de cereal, interrumpidos por manchas dispersas de encinar y dehesa.
Es un paisaje de estaciones marcadas. Tras la siembra, el campo se tiñe de un verde uniforme; el verano trae el tono dorado de la cosecha. La amplitud del terreno favorece la presencia de aves esteparias y de rapaces que aprovechan las corrientes térmicas sobre la llanura.
Cómo moverse por el pueblo y la zona
Fuentelapeña se recorre a pie en un tiempo breve. Lo más recomendable es caminar sin un itinerario rígido por el casco antiguo, prestando atención a los detalles de la arquitectura rural que aún perduran.
Desde el núcleo urbano parten caminos agrícolas que enlazan con otras localidades de La Guareña. Son vías creadas para acceder a las tierras de labor, que ahora permiten recorrer el paisaje a pie o en bicicleta. Es aconsejable llevar una orientación clara si se pretende alejarse del pueblo.
Para explorar la comarca es más funcional el coche. Las distancias entre pueblos no son largas, pero el transporte público es escaso y los caminos tradicionales no siempre están señalizados. El valor aquí no está en hitos monumentales aislados, sino en comprender la forma secular de habitar esta llanura.