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sobre Fuentesaúco
Capital de la Guareña mundialmente famosa por sus garbanzos con indicación geográfica; villa con historia y patrimonio religioso notable
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A mediodía, en la plaza, la piedra clara devuelve la luz con fuerza. Bajo los soportales todavía corre algo de sombra y se oye el eco de las conversaciones que salen de los portales cercanos. El turismo en Fuentesaúco empieza muchas veces así: sin prisa, apoyado en una columna de la plaza Mayor, mirando cómo el pueblo sigue su ritmo habitual.
Fuentesaúco tiene alrededor de 1.600 habitantes y se encuentra en la comarca de La Guareña, al este de la provincia de Zamora. El paisaje alrededor es abierto y horizontal. Durante buena parte del año dominan los campos de cereal; en verano, cuando el trigo está seco, el aire arrastra ese olor áspero a paja y tierra caliente que se queda pegado a la ropa. El clima también marca el carácter del lugar: inviernos fríos, con heladas que blanquean las afueras al amanecer, y veranos secos donde la sombra se busca casi por instinto.
La plaza y las casas antiguas
Casi todo termina desembocando en la plaza Mayor. Las fachadas combinan piedra y ladrillo, y bajo los soportales todavía se percibe esa sensación de espacio pensado para el mercado y el encuentro. Algunas casonas conservan escudos en la parte alta de la fachada, labrados en piedra y algo desgastados por los años.
Si levantas la vista aparece la iglesia de Santa María del Castillo, situada en una pequeña elevación. La torre, de origen románico aunque transformada con el tiempo, sigue siendo el punto que orienta al caminar por el casco urbano. Dentro suele mantenerse la penumbra fresca típica de las iglesias de la meseta, con retablos barrocos dorados que reflejan la luz que entra por las ventanas altas.
El camino hacia la ermita
Desde una de las calles que salen rectas del casco urbano se llega caminando a la ermita del Cristo de la Misericordia. El trayecto no tiene pérdida y se hace en pocos minutos, entre huertas y parcelas de cultivo. Cuando sopla algo de viento se oyen las chapas de los cobertizos y el movimiento de los árboles bajos.
La ermita es sencilla, blanca y sin demasiados adornos. Aun así, tiene peso en la vida del pueblo: en determinados momentos del año las procesiones pasan por aquí antes de volver hacia el centro.
Huellas de la vida cotidiana
En las afueras todavía se conservan antiguos lavaderos restaurados. Son construcciones de piedra, cubiertas con tejado, pensadas para proteger del sol y del frío mientras se lavaba la ropa. Hoy están en silencio, pero ayudan a imaginar el bullicio que debieron tener durante décadas, cuando varias generaciones coincidían allí cada semana.
Caminos entre cereal
Los alrededores se recorren bien a pie o en bicicleta por caminos agrícolas que salen desde las entradas del pueblo. No hay grandes desniveles: la tierra es llana y el horizonte se abre mucho, algo que se nota especialmente al atardecer cuando el cielo ocupa media escena.
Conviene tener en cuenta un detalle práctico: fuera del núcleo urbano casi no hay sombra. En los meses de calor es mejor salir temprano o esperar a última hora de la tarde, y llevar agua.
Garbanzos y cocina de la tierra
El nombre de Fuentesaúco suele aparecer ligado a un producto muy concreto: el garbanzo que se cultiva en esta zona de La Guareña desde hace generaciones. En muchas casas sigue siendo la base de guisos y cocidos que se preparan despacio.
A eso se suman platos muy presentes en la provincia de Zamora: cordero asado en horno de leña, embutidos curados y quesos elaborados en la comarca. Es una cocina directa, de ingredientes conocidos y raciones generosas.
Un pueblo tranquilo de La Guareña
Fuentesaúco no es un lugar de grandes monumentos ni de calles llenas de visitantes. Lo que hay es otra cosa más tranquila: el sonido de las campanas marcando la hora, el viento moviendo el cereal en las afueras y esa calma que aparece al caer la tarde cuando la luz se vuelve más dorada y las sombras se alargan por la plaza. Aquí el tiempo se mide de otra manera. Y conviene venir con esa misma paciencia.