Artículo completo
sobre Villamor de los Escuderos
Municipio del sur con tradición agrícola y ganadera; destaca por su iglesia y la celebración de fiestas taurinas
Ocultar artículo Leer artículo completo
Villamor de los Escuderos se asienta sobre la llanura cerealista del sur de Zamora, en la comarca de La Guareña. Su nombre no es casual: el apellido “Escuderos” alude a su fundación medieval, probablemente en el siglo XII, como un señorío vinculado a un linaje de infanzones o escuderos. Estos eran hidalgos de menor rango que los caballeros, pero con derechos sobre la tierra y sus habitantes. El pueblo, por tanto, nació como una unidad de explotación agraria bajo un dominio señorial, un patrón común en la repoblación de estas tierras tras la frontera con Al-Ándalus se desplazó más al sur.
El caserío actual, de poco más de trescientos habitantes, mantiene esa esencia: una agrupación de viviendas y corrales en un paisaje absolutamente dominado por el cereal y, en menor medida, el viñedo. No es un pueblo monumental, sino uno funcional. Su interés está en leer esa funcionalidad en las calles, en los materiales y en la disposición del territorio.
La iglesia y la huella del poder local
La iglesia parroquial, bajo la advocación de San Miguel Arcángel, es el edificio que rompe la horizontalidad del pueblo. Su estructura actual es básicamente del siglo XVI, aunque con reformas posteriores. La torre, de mampostería, es el elemento más visible desde la llanura. En su interior se conserva una pila bautismal románica, un vestigio de una posible iglesia anterior que confirma la antigüedad del asentamiento. Este detalle es significativo: a menudo, la pieza románica reaprovechada es la única pista de un templo del siglo XII o XIII, época en la que se consolidó el núcleo.
El resto del patrimonio construido habla de una sociedad agraria con estratos. Junto a las casas de labranza, de adobe y con grandes portones para el paso de carros, se levantan algunas viviendas de mayor porte con escudos heráldicos labrados en piedra. Corresponden a esas familias hidalgas —los “escuderos”— que gestionaban el territorio. No son palacios, pero su presencia marca una diferencia social tangible en la trama urbana.
Paisaje y economía: el ciclo del cereal
El término municipal es un ejemplo claro del paisaje mesetario. Es una llanura ondulada, sin relieves abruptos, dedicada casi en su totalidad al cultivo de secano. El ciclo agrícola dicta aquí el ritmo y la paleta de colores: el verde intenso de la primavera, el oro de la siega en julio y el pardo de la tierra labrada en otoño.
Los palomares dispersos por el campo, algunos en ruinas, son otra pieza clave de este sistema tradicional. La cría de palomas no era un capricho; la palomina (excremento) era un abono valiosísimo para las tierras menos fértiles. Cada uno de estos edificios cilíndricos o cuadrados era, por tanto, una herramienta de trabajo integrada en la economía de subsistencia.
Los caminos que parten del pueblo son caminos de labor, rectos y polvorientos, que llevan a las parcelas o a los pueblos vecinos. Caminar por ellos es la mejor manera de comprender la escala de este paisaje y de avistar, con suerte y silencio, alguna de las aves esteparias que resisten aquí, como la avutarda.
Un vistazo práctico
Villamor se recorre completamente a pie en menos de una hora. El paseo tiene sentido si se observan los detalles: los escudos heráldicos, los materiales de las fachadas, la robustez de las construcciones agrarias. La iglesia suele estar cerrada fuera del culto; su interior se visita preguntando en el pueblo.
Para tener una perspectiva real del lugar, es necesario salir a uno de esos caminos rurales y adentrarse unos cientos de metros en el campo. Ahí se entiende el aislamiento y la dependencia de la tierra que han definido la vida aquí durante siglos. Conviene hacerlo con prudencia, evitando las épocas de siembra o cosecha y recordando que son vías de trabajo agrícola.