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sobre Blascosancho
Localidad de la Moraña oriental; conserva arquitectura tradicional y un entorno de campos de cultivo
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Blascosancho es de esos pueblos que, cuando llegas, te hacen pensar en la casa de los abuelos del campo: pocas calles, silencio casi todo el día y la sensación de que aquí las cosas siguen funcionando como hace décadas. No hay mucho que “ver” en el sentido turístico de la palabra, pero sí bastante que entender si te gusta mirar cómo son realmente los pueblos de La Moraña.
Con unos 80 y pico habitantes, Blascosancho sigue el patrón de muchos pueblos de la llanura abulense: casas de piedra y adobe, calles cortas que terminan siempre en la plaza o en la iglesia, y campos de cereal rodeándolo todo.
Un pueblo de la llanura morañega
Blascosancho está a unos 900 metros de altitud, en plena comarca de La Moraña. Si no conoces esta zona de Ávila, la primera impresión suele ser la misma para todo el mundo: horizonte plano, campos abiertos y un cielo enorme.
No hay montañas cerca que corten la vista. Así que cuando el sol se pone, el cielo ocupa medio paisaje. Es algo sencillo, pero cuando te quedas un rato quieto lo entiendes: aquí el paisaje funciona a escala grande.
El casco urbano es pequeño. Un puñado de calles conecta la plaza con la iglesia parroquial de San Pedro, que lleva siglos siendo el punto de reunión del pueblo. Es una iglesia sobria, de esas que no intentan impresionar a nadie pero que aguantan generaciones enteras sin demasiados cambios.
Las casas siguen el estilo tradicional de la zona: muros gruesos, piedra mezclada con adobe y reformas hechas poco a poco con los años. Algunas mantienen soportales o rejas antiguas en las ventanas, detalles que todavía aparecen cuando vas caminando sin prisa.
El ritmo lo sigue marcando el campo
Aquí el calendario no lo organizan las guías de viaje, lo marca el cereal.
Alrededor del pueblo predominan los campos de trigo y otros cultivos de secano. En verano todo se vuelve amarillo, ese color intenso que parece casi blanco cuando pega el sol fuerte de Castilla. En otoño el paisaje cambia a tonos más apagados, con la tierra recién trabajada.
La agricultura y algo de ganadería han sido siempre la base del pueblo. Hoy hay menos actividad que antes —eso pasa en casi toda la comarca— pero el campo sigue formando parte del día a día.
Por eso cuando paseas por los caminos es normal cruzarte con tractores, remolques o algún vecino revisando una parcela. No es un decorado rural: es la vida normal del lugar.
Palomares y construcciones que cuentan cómo se vivía
En los alrededores todavía se ven algunos palomares. Muchos están bastante deteriorados, pero siguen ahí como recuerdo de cómo funcionaban las economías rurales de antes.
Durante mucho tiempo estas construcciones eran una pequeña despensa: las palomas servían como alimento y también se aprovechaba el estiércol. En zonas cerealistas como esta eran bastante comunes.
También aparecen muros de piedra seca delimitando parcelas o viejos caminos agrícolas que conectan con pueblos cercanos.
Caminar por los caminos de La Moraña
Si te gusta andar sin complicarte demasiado, los caminos que salen de Blascosancho hacia pueblos como Peñalba o Villavieja del Cerro permiten recorrer bien el paisaje típico de la comarca.
No esperes senderos señalizados ni rutas preparadas. Son caminos agrícolas de toda la vida. Pero precisamente por eso tienen su gracia: rectas largas, campos abiertos y mucho silencio.
Quien lleve prismáticos probablemente vea aves esteparias con bastante facilidad. Y si te quedas hasta el atardecer, la luz sobre los campos suele cambiar bastante rápido.
Qué esperar (y qué no) al venir
Blascosancho no es un destino al que vengas a pasar todo el día haciendo cosas. Es más bien una parada tranquila para entender cómo son los pueblos pequeños de esta parte de Ávila.
Se recorre rápido. En una vuelta andando ya te haces una idea del lugar. Lo interesante está en los detalles: las casas antiguas, el ritmo lento del pueblo y el paisaje alrededor.
Si vienes con la idea de encontrar monumentos o actividad turística, seguramente te sabrá a poco. Pero si te gusta ese tipo de sitio donde parece que el tiempo va un poco más despacio, Blascosancho encaja bastante bien en el mapa de la Moraña.