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sobre El Bohodón
Pueblo agrícola con una interesante iglesia parroquial; situado en tierra de pinares y cultivos
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En el corazón de La Moraña abulense, donde las tierras de labor se extienden hasta el horizonte, El Bohodón es uno de esos pueblos que, si parpadeas desde la carretera, casi te lo pasas. Con apenas 111 habitantes, este pequeño municipio a 883 metros de altitud representa bastante bien lo que muchos llaman Castilla profunda: campos, silencio y vida tranquila, sin más adorno que el cielo enorme encima.
Situado en una comarca tradicionalmente cerealista, El Bohodón mantiene un aire rural sincero, sin postureo. Sus calles de arquitectura popular castellana, con casas de piedra y adobe, invitan a un paseo corto y sin prisas mientras cambian los olores según la época del año: tierra mojada en primavera, trigo y polvo en verano, humo de chimeneas en invierno.
No es un destino para quien busca grandes monumentos o animación continua, sino para quien entiende que el atractivo está en la calma, en los paisajes agrícolas abiertos y en ver cómo se vive en un pueblo pequeño de Ávila entre semana, no solo en fiestas. Aquí, si te paras a hablar, acabas sabiendo más de la cosecha que de la agenda cultural.
¿Qué ver en El Bohodón?
El patrimonio de El Bohodón es modesto pero representativo de la arquitectura religiosa rural de La Moraña. Su iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, preside el pueblo con su presencia sobria y funcional, característica de las construcciones religiosas de esta zona de la provincia de Ávila. No vas a encontrar grandes retablos ni detalles espectaculares, pero sí esa mezcla de sencillez y utilidad tan típica de los templos de campo. Si la encuentras cerrada, cosa bastante habitual en pueblos pequeños, pregunta en el bar o a algún vecino; muchas veces están acostumbrados a abrirla si se les pide.
El verdadero atractivo del municipio está en su entorno natural y paisajístico. Los campos abiertos de La Moraña forman una especie de mar de cereal donde el horizonte manda. La gracia está más en la luz que en el “qué”: verdes en primavera, dorados en verano y tonos ocres y pardos tras la cosecha. Para quienes disfrutan con la fotografía de paisaje, los amaneceres y atardeceres dan mucho juego, sobre todo si pillas alguna nube o tormenta lejana. Si vienes de zonas de montaña, este paisaje puede parecerte plano y “todo igual”; aquí el cambio está en las estaciones y en el trabajo del campo.
El casco urbano conserva ejemplos de arquitectura popular castellana, con construcciones tradicionales en piedra, tapial y adobe. El trazado es sencillo y se recorre rápido: en menos de una hora puedes hacerte una buena idea del pueblo, fijándote en corrales, portones antiguos y detalles que hablan de una vida ligada al campo y al clima duro. No esperes un casco histórico monumental ni una plaza muy escenográfica: es un pueblo de los de diario.
Qué hacer
El Bohodón puede ser un buen punto de partida para rutas de senderismo suave por La Moraña. Más que senderos marcados, lo que hay son caminos rurales que conectan con los pueblos vecinos. Son llanos, sin complicación técnica, pero conviene saber que aquí el sol pega y el viento también, así que mejor evitar las horas centrales en verano. La primavera, cuando el campo se llena de flores silvestres y amapolas, es cuando más lucen. Eso sí, ten en cuenta que muchos caminos son usados por tractores: camina pegado a un lado y no des por hecho que no vas a cruzarte con nadie.
La observación de aves esteparias atrae a aficionados a la ornitología, ya que la comarca alberga especies características de las llanuras cerealistas castellanas como avutardas, sisones y aguiluchos cenizos. Los alrededores del pueblo, especialmente en zonas con rastrojos y barbechos, son buenos puntos de observación si te armas de paciencia, prismáticos y madrugón. Importante: no te metas en parcelas sembradas ni salgas de los caminos, aquí el campo es trabajo, no decorado.
Para quienes practican cicloturismo, las carreteras secundarias que atraviesan La Moraña tienen poco tráfico y perfiles suaves. No hay grandes puertos ni curvas espectaculares, pero sí kilómetros de pedaleo tranquilo entre campos, buen asfalto en general y esa sensación de ir solo en la carretera, que a algunos les resulta muy agradable y a otros les puede imponer un poco. Lleva repuestos básicos: los talleres no están precisamente a la vuelta de la esquina.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra: legumbres, especialmente garbanzos y lentejas de La Moraña, carnes de ternera y cordero, y los conocidos judiones del Barco de Ávila. En las casas del pueblo todavía se elaboran platos tradicionales como el cocido castellano, asados al horno de leña y repostería casera. Eso sí, hablamos de comidas en casa o en pueblos cercanos: no esperes una ruta de restaurantes en cada esquina ni variedad de tipos de cocina.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de El Bohodón gira en torno a las fiestas patronales en honor a San Juan Bautista, que se celebran alrededor del 24 de junio. Durante estos días, el pueblo gana movimiento con misas solemnes, procesiones y celebraciones populares que reúnen tanto a vecinos como a emigrantes que regresan para estas fechas. Si quieres ver el pueblo con más vida, ese es el momento, pero también perderás esa sensación de calma absoluta de otros días.
En verano, generalmente en agosto, suele celebrarse una segunda fiesta que congrega a las familias que han salido del pueblo y regresan durante la época estival. Las verbenas, juegos y comidas comunitarias dan ese ambiente de reencuentro típico de los pueblos pequeños de la meseta.
Como en buena parte de Castilla, las tradiciones invernales incluyen la matanza del cerdo, una costumbre que aún perdura en algunas casas, convertida más en reunión familiar y excusa para juntarse que en necesidad, pero que sigue manteniendo técnicas y recetas de siempre. No es un acto público organizado, sino algo más bien doméstico: no vengas expresamente “a ver la matanza” porque lo normal es que no haya nada abierto al público.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, El Bohodón se encuentra a unos 35 kilómetros por la carretera N-VI en dirección a Adanero, tomando después el desvío correspondiente. El trayecto suele rondar la media hora en coche, según tráfico. Desde Valladolid, se puede llegar por la N-VI, en un recorrido de unos 90 kilómetros aproximadamente. El transporte público es limitado o inexistente [VERIFICAR], así que lo razonable es venir en coche propio.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) encaja bien con este paisaje, con el campo florecido y temperaturas más llevaderas. El otoño también resulta agradable, con luz baja y dorada sobre los rastrojos. El verano puede ser caluroso, con máximas que superan los 30 grados, y casi sin sombras en los caminos. El invierno es frío, con heladas frecuentes y días cortos: si te gusta la sensación de páramo y cielos limpios, tiene su punto, pero conviene abrigarse bien.
Consejos prácticos: El Bohodón no cuenta con infraestructuras turísticas desarrolladas. Es recomendable planificar el alojamiento en localidades cercanas como Arévalo o la propia Ávila. Lleva agua y algo de comida si planeas hacer rutas a pie o en bici; una vez salgas del pueblo no encontrarás fuentes cada poco. El calzado cómodo es imprescindible para caminar por los senderos rurales, y en verano, gorra y protección solar no son opcionales. Si vienes en fin de semana fuera de fiestas, no des por hecho que habrá siempre bares o tiendas abiertos: mejor preguntar antes en la zona o llevar lo básico.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano, fijándote en las casas de adobe y tapial.
- Visita a la iglesia de San Juan Bautista (si está abierta; si no, acércate al entorno y fíjate en los detalles constructivos).
- Pequeña caminata por alguno de los caminos agrícolas que salen del pueblo para hacerte una idea del paisaje infinito de La Moraña: andas 20–30 minutos y vuelves por el mismo sitio.
Si tienes el día entero
- Ruta a pie o en bici enlazando El Bohodón con algún pueblo cercano, siguiendo caminos rurales y cerrando un pequeño circuito.
- Paradas para observación de aves en zonas de rastrojo y barbecho, siempre desde el camino y sin hacer ruido.
- Atardecer en los alrededores del pueblo, con el horizonte abierto y los colores cambiando sobre los campos.
Lo que no te cuentan
- El Bohodón es pequeño y se ve rápido. La visita al pueblo en sí te puede llevar una hora larga con calma; lo que alarga el día son las rutas por los alrededores.
- Las fotos de la zona, con cielos espectaculares y campos de colores, suelen estar hechas en primavera o al atardecer. Si vienes un día gris de invierno a mediodía, el paisaje será más sobrio y algo más duro.
- No es un “destino de vacaciones” para una semana entera, sino más bien una parada tranquila dentro de una ruta por La Moraña o la provincia de Ávila. Si te gusta combinar pueblos pequeños, patrimonio sencillo y kilómetros de campo, encajará bien; si buscas actividad continua, te quedarás corto.