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sobre Las Berlanas
Municipio formado por varios núcleos en la llanura; conocido por su actividad agrícola y su iglesia aislada
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En el corazón de La Moraña abulense, donde la meseta castellana se extiende con su paisaje de campos de cereal y cielos muy abiertos, Las Berlanas es un pueblo tranquilo para bajar revoluciones. Con apenas 338 habitantes y a 946 metros de altitud, este pequeño municipio mantiene esa Castilla rural de trato directo, donde casi todo el mundo se conoce y el ritmo lo marcan las estaciones del campo.
Recorrer sus calles es asomarse a la memoria de una comarca profundamente agrícola, con arquitectura tradicional de adobe y piedra mezclada con viviendas más recientes. Las Berlanas no tiene grandes monumentos ni colas de turistas: es un lugar sencillo, más para pasear un rato, respirar y mirar alrededor que para ir tachando visitas de una lista.
La Moraña, tierra de cereales y legumbres desde hace siglos, encuentra en pueblos como Las Berlanas un ejemplo claro de cómo estos núcleos pequeños siguen ligados al campo mientras sus vecinos se buscan la vida entre lo de siempre y lo nuevo.
¿Qué ver en Las Berlanas?
El patrimonio de Las Berlanas es modesto pero representativo de la arquitectura religiosa castellana. Su iglesia parroquial preside el núcleo urbano y merece una visita corta y sin prisas para fijarse en la construcción y en los detalles más antiguos. Como en tantos pueblos de la zona, el templo ha visto pasar generaciones de familias ligadas al campo y conserva elementos que hablan del pasado agrícola y ganadero de la comarca.
Más allá del casco urbano, el principal interés de Las Berlanas está en su entorno agrícola. Los campos que rodean el pueblo cambian mucho según la época: dorados en verano tras la cosecha, verdes en primavera y más austeros en otoño e invierno. Es un paisaje llano, amplio, sin grandes montañas ni bosques, pero con una luz muy marcada al amanecer y al atardecer, cuando el sol baja y el horizonte parece alargarse todavía más.
Los caminos rurales que parten del pueblo permiten adentrarse en este territorio de horizontes amplios, buenos para observar aves esteparias [VERIFICAR especies habituales] y disfrutar del silencio del campo castellano. La zona la usan también aficionados a la fotografía de paisaje que buscan esa mezcla de nubes, tierra y luz tan típica de la meseta.
Qué hacer
Las Berlanas funciona bien como punto de salida para rutas a pie o en bici por La Moraña. Los caminos tradicionales que unían las localidades de la comarca siguen siendo transitables y permiten moverse entre pueblos, pasando por pequeñas ermitas, fuentes y paisajes agrarios bastante pegados a la realidad diaria de la zona. No son rutas de alta montaña: aquí el reto no es el desnivel, sino el viento, el sol en verano y las distancias largas entre sombras. Conviene medir bien fuerzas y no fiarse de que “como es llano, se hace fácil”.
La gastronomía es otro punto a tener en cuenta, pero a escala comarcal. La Moraña es conocida por sus legumbres, especialmente las judías, que forman parte esencial de la cocina tradicional. Los guisos de cuchara, el lechazo asado y los productos de la matanza son habituales en las mesas de la zona. En Las Berlanas no hay una gran oferta de restauración, así que lo habitual es comer en pueblos cercanos o tirar de bar de pueblo y soluciones sencillas.
Para quienes buscan turismo cultural, Las Berlanas funciona más como base tranquila o parada dentro de una ruta por La Moraña que como destino principal. Desde aquí se puede enlazar con otros pueblos de la comarca y, si se dispone de coche, acercarse a Ávila capital, a menos de 40 kilómetros, para combinar la calma rural con un día de visita monumental.
La observación del cielo nocturno es otra actividad a tener en cuenta si hace buena temperatura y el cielo está despejado. La poca contaminación lumínica permite ver bastante bien las estrellas, sobre todo en noches de verano o invierno frías y claras. Conviene abrigarse mucho fuera de julio y agosto.
Fiestas y tradiciones
Las Berlanas celebra sus fiestas patronales con la participación general del pueblo y de quienes regresan en verano. Suelen concentrarse en los meses más cálidos y mantienen tradiciones habituales en la zona: actos religiosos, actividades populares, bailes y comidas compartidas.
Las festividades religiosas del calendario litúrgico también se viven con cierta intensidad, más como punto de encuentro que como evento turístico. Para quien llega de fuera, estos días permiten ver cómo se organiza un pueblo pequeño por dentro, siempre que se haga con respeto y sin invadir espacios que son sobre todo vecinales.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, Las Berlanas se encuentra a unos 35 kilómetros por la carretera hacia Medina del Campo, tomando después el desvío correspondiente. El trayecto ronda la media hora en coche, según tráfico y condiciones de la vía. Desde Madrid, la distancia es de unos 140 kilómetros, combinando autovía hasta la zona de Ávila y después carreteras secundarias. No es un lugar pensado para ir sin coche.
Cuándo visitar Las Berlanas
La primavera y el otoño son las épocas más agradables para caminar por los alrededores, con temperaturas más suaves y el campo en momentos interesantes: siembras, brotes, cosechas según el mes. El verano puede ser muy caluroso a mediodía, con sol fuerte y poca sombra, aunque las noches refrescan bastante. El invierno es frío, con heladas frecuentes, pero tiene su punto para quien busca silencio total y cielos limpios.
En días de lluvia o viento fuerte el paseo por los caminos pierde bastante, porque el paisaje es abierto y no hay casi refugios naturales. Para esos casos, mejor limitarse al casco urbano y alguna escapada corta en coche.
Consejos: Lleva calzado cómodo para los caminos (tierra, algo de barro si ha llovido) y ropa de abrigo buena si vas fuera del verano. No está de más llevar agua, especialmente en los meses calurosos, y algo de comida si vas a tirar de rutas largas, porque no vas a encontrar bares cada pocos kilómetros. Si quieres dormir por la zona varios días, lo más práctico es buscar alojamiento en alguna localidad cercana con más servicios.
Lo que no te cuentan
Las Berlanas es un pueblo pequeño que se ve rápido: el casco urbano se recorre en poco rato y no hay una lista interminable de recursos turísticos. El valor está más en el paisaje ancho, la calma y el ritmo rural que en monumentos o museos.
Es un sitio más para parar, pasear un rato, charlar si surge y seguir ruta por La Moraña que para montar una escapada larga teniendo solo el pueblo como foco. Conviene ir con esa idea para no llevarse decepciones.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Paseo tranquilo por el pueblo, parada en la iglesia parroquial y vuelta por alguno de los caminos que salen del casco, lo justo para asomarte a los campos y entender cómo es la zona.
Si tienes el día entero
Combina Las Berlanas con otros pueblos de La Moraña y una visita a Ávila o a otra localidad con más patrimonio. Usa el pueblo como punto de paso para conocer la comarca con calma, entrando y saliendo por los caminos rurales.
Errores típicos
- Esperar “mucho que ver” en el propio pueblo: aquí no hay casco histórico monumental ni museos. Si vas con la idea de ver varias cosas marcadas en el mapa, te vas a frustrar.
- Subestimar el clima de la meseta: en verano el sol pega fuerte y en invierno el frío cala. Aunque el paisaje sea llano, salir a caminar sin agua, gorra o abrigo es mala idea.
- Pensar que hay servicios a mano en cualquier momento: la oferta de bares, tiendas y alojamientos es limitada. Mejor llevar plan B (comida, combustible, efectivo) y no improvisar a última hora.