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sobre San Juan de la Encinilla
Pequeña localidad agrícola; iglesia mudéjar y campos de cereal
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En el corazón de La Moraña abulense, donde las llanuras cerealistas se estiran hasta el horizonte y el cielo manda más que nada, se encuentra San Juan de la Encinilla. Este municipio de unos 70 habitantes es una muestra clara de la Castilla rural de ahora: poca gente, mucha tierra y un ritmo de vida que va al paso de las estaciones y de las campañas agrícolas. A unos 910 metros de altitud, el pueblo se asienta en un paisaje de suaves ondulaciones donde el dorado del trigo en verano contrasta con los cielos azules intensos.
Visitar San Juan de la Encinilla es asomarse a lo que se llama España vaciada, con lo bueno y lo no tan bueno: silencio, vida muy tranquila, poco servicio y casi nada de “atracciones” al uso. Aquí no hay grandes monumentos ni rutas marcadas por todas partes. Lo que hay es campo, caminos, casas humildes y una vida muy pegada a la tierra.
La Moraña tiene poco que ver con las sierras del sur de la provincia. Aquí predominan los campos abiertos, los pequeños núcleos de arquitectura popular y una luz que a fotógrafos y pintores les suele dar juego. San Juan de la Encinilla es uno más de esos pueblos morañegos: sencillo, agrícola y sin grandes artificios turísticos.
¿Qué ver en San Juan de la Encinilla?
El patrimonio de San Juan de la Encinilla se concentra básicamente en su arquitectura tradicional castellana y en su iglesia parroquial, que preside el núcleo urbano, como en tantos pueblos de la comarca. El templo, dedicado al santo que da nombre al municipio, presenta elementos propios de las pequeñas parroquias rurales de La Moraña, con fábrica de mampostería y sillarejo y una construcción funcional, sin grandes alardes. Lo interesante aquí es verlo en contexto, integrado en un pueblo pequeño y rodeado de casas bajas.
Pasear por sus calles es ver la arquitectura popular de la zona tal cual: casas de adobe y tapial, muchas ya reformadas o a medio camino entre lo viejo y lo nuevo, con antiguos corrales y dependencias agrícolas que hablan de cuando cada vivienda era una pequeña explotación. Los tonos ocres de estas construcciones encajan bien con el paisaje cerealista circundante.
Los alrededores permiten amplias panorámicas de la llanura moraña, con extensos campos de cultivo que cambian de color según la estación. Es un paisaje aparentemente sencillo, pero muy abierto, que funciona bien para quien disfruta de horizontes despejados, atardeceres largos y cielos estrellados. Si buscas montes y sombras, este no es tu sitio; si te gusta ver “todo el cielo de golpe”, aquí lo tienes.
Qué hacer
San Juan de la Encinilla y su entorno invitan a actividades tranquilas y sin prisa. Aquí lo normal es salir a caminar por los caminos rurales que conectan con otros pueblos de La Moraña. Son rutas llanas o con pendientes suaves, aptas para cualquiera que esté acostumbrado a andar un rato, y permiten observar la fauna esteparia típica de la zona: avutardas si hay suerte, cernícalos, perdices y otras aves ligadas a los cultivos.
El cicloturismo encaja bastante bien en este territorio, con carreteras secundarias de poco tráfico que atraviesan paisajes agrícolas y enlazan con municipios cercanos como Palacios de Goda, Fuente el Saúz o Papatrigo. Las rutas en bicicleta sirven para ir enlazando pueblos, ver ermitas, cruceros y otros elementos del patrimonio disperso por la comarca, más que para encontrar “grandes visitas” concretas. Es un sitio para pedalear sin agobios, no para buscar puertos ni grandes desniveles.
En lo gastronómico, aquí manda lo de siempre en La Moraña: legumbres (garbanzos y judías) en potajes y cocidos, productos del cerdo elaborados de forma tradicional y el lechazo asado, que se suele encontrar en localidades cercanas con algo más de hostelería, como Arévalo o algunos pueblos mayores de la zona. En San Juan de la Encinilla conviene venir comido o con la logística clara, porque la oferta es muy justa o inexistente según el día.
La observación astronómica es otra opción, si el cielo acompaña. La ausencia de contaminación lumínica hace que las noches de San Juan de la Encinilla tengan un cielo limpio, sobre todo en verano, interesante para quien venga con prismáticos o telescopio y algo de paciencia. Eso sí, no esperes un mirador acondicionado ni nada parecido: es cuestión de buscar un camino apartado y apagar las luces.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de San Juan de la Encinilla sigue la pauta de tantos pueblos de Castilla y León: fiestas patronales en torno al 24 de junio, festividad de San Juan Bautista, coincidiendo con el solsticio de verano y las tradicionales hogueras y rituales relacionados con el fuego.
Durante esos días, el pueblo se anima bastante más de lo habitual, con el regreso de gente que vive fuera y vuelve para ver a la familia y mantener vivas las costumbres. Hay actos religiosos, juegos populares y comidas compartidas, en un ambiente muy de pueblo pequeño: todo el mundo se conoce y se mezcla.
A lo largo del año, celebraciones religiosas como la Semana Santa o las festividades marianas siguen presentes, aunque con la participación propia de un núcleo muy reducido, donde muchas veces se tira de los que vuelven los fines de semana.
Información práctica
San Juan de la Encinilla se encuentra a unos 35 kilómetros al norte de Ávila capital. Para llegar, se suele tomar la carretera hacia Medina del Campo y luego enlazar con carreteras locales que atraviesan La Moraña. El acceso es sencillo, pero conviene llevar el trayecto mirado con antelación o usar GPS para no pasarse los desvíos, que a veces están poco señalizados.
La mejor época para visitar el pueblo suele ser primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el campo tiene más vida: verdes en primavera, ocres y dorados en otoño. El verano puede ser caluroso, con jornadas muy secas, pero compensa si lo que se busca son cielos despejados, atardeceres largos y noches serenas. En invierno, el ambiente puede resultar bastante frío y ventoso; el paisaje tiene su interés, pero la vida en la calle se reduce al mínimo y conviene venir abrigado y con las paradas bien pensadas.
No hay establecimientos de alojamiento en el propio municipio, y los servicios son limitados, así que conviene venir ya con todo lo necesario o contar con pueblos cercanos para compras y comidas. La comarca sí cuenta con casas rurales en localidades próximas, y Arévalo, la capital comarcal situada a relativamente poca distancia, es la opción más lógica como base para explorar La Moraña y acercarse a pueblos como San Juan de la Encinilla.
Lo que no te cuentan
San Juan de la Encinilla es pequeño y se recorre en muy poco tiempo. No es un destino para pasar varios días “viendo cosas”, sino más bien una parada dentro de una ruta por La Moraña o un lugar al que venir si te interesa este tipo de paisaje agrario y de tranquilidad absoluta.
Las fotos de los campos infinitos y los cielos espectaculares son reales, pero conviene saber que, fuera de esos momentos de luz buena, la sensación es la de un pueblo muy sencillo, con casas modestas y poca actividad diaria. Precisamente ahí está su interés: es la Castilla rural tal cual, sin maquillaje turístico. Si buscas bares, tiendas y ambiente constante, mejor céntrate en Arévalo y alrededores y deja San Juan como escapada breve.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Te da tiempo a dar una vuelta completa por el casco, acercarte a la iglesia, asomarte a los antiguos corrales y salir por alguno de los caminos para ver el pueblo desde fuera, rodeado de campos. Más que eso, no hace falta.
Si tienes el día entero
Tiene más sentido combinarlo con otros pueblos de La Moraña (Arévalo, Madrigal de las Altas Torres, Palacios de Goda, etc.) y usar San Juan de la Encinilla como una parada corta para estirar las piernas, ver arquitectura popular y cambiar de perspectiva en la llanura. Aquí el valor está en el conjunto de la ruta, no en concentrarse solo en este municipio.