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sobre Villanueva de Gómez
Localidad rodeada de pinares; destaca por su tranquilidad y naturaleza
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En el corazón de La Moraña abulense, donde los campos de cereal dibujan un mosaico dorado que se extiende hasta el horizonte, se encuentra Villanueva de Gómez, una pequeña aldea de poco más de cien habitantes que conserva, bastante intacto todavía, el espíritu de la Castilla rural. A unos 890 metros de altitud, este municipio representa bien la esencia de los pueblos de interior, esos lugares donde el tiempo parece discurrir a otro ritmo y donde la autenticidad no es un reclamo turístico, sino la forma normal de vivir.
Visitar Villanueva de Gómez es adentrarse en una comarca de amplios horizontes cerealistas, cielos infinitos y una arquitectura tradicional que habla de siglos de vida agrícola. Aquí no encontrarás grandes monumentos ni multitudes de turistas, pero sí la tranquilidad de los pueblos que han sabido mantener su identidad, el valor de lo cotidiano y la hospitalidad sencilla de quienes viven de la tierra. Es un sitio al que se viene a bajar revoluciones, no a encadenar planes, y conviene llegar con esa idea en la cabeza.
¿Qué ver en Villanueva de Gómez?
El patrimonio de Villanueva de Gómez es modesto pero representativo de la arquitectura rural castellana. Su iglesia parroquial preside el núcleo urbano con la sobriedad característica de los templos moraños, construidos con los materiales propios de la zona: piedra, ladrillo y adobe. El trazado urbano conserva esa disposición tradicional donde las casas se agrupan en torno a la plaza y la iglesia, formando un conjunto que invita al paseo tranquilo y cortito: en menos de una hora habrás dado varias vueltas y te habrás hecho una idea bastante real del pueblo.
Recorrer sus calles permite fijarse en la arquitectura popular de La Moraña, con construcciones de adobe y ladrillo que reflejan la adaptación al entorno y al clima continental de la meseta. Muchas fachadas enseñan todavía los remates de madera, los portones grandes para meter el tractor o el carro, y corrales que hoy usan más de almacén que de cuadra. Las bodegas subterráneas, aunque muchas en desuso, recuerdan la tradición vitivinícola que tuvo cierta importancia en la comarca.
Pero el verdadero atractivo de Villanueva de Gómez está en su entorno agrícola y natural. Los campos de cultivo que rodean el pueblo ofrecen paisajes cambiantes según la estación: el verde intenso de la primavera, el dorado brillante del verano al madurar el cereal, y los ocres y marrones del otoño. Es un paisaje austero, abierto, donde el viento se nota y el silencio también. No es espectacular a primera vista, pero si te gusta mirar lejos, al cabo de un rato entiendes su calma.
Qué hacer
Villanueva de Gómez encaja bien con el turismo lento y contemplativo. Los caminos agrícolas que parten del pueblo permiten realizar rutas de senderismo suaves por La Moraña, siguiendo caminos anchos, casi siempre llanos, entre fincas de cereal. En un paseo de una o dos horas puedes rodear el casco urbano y tener distintas perspectivas del pueblo y de la llanura, observando la fauna local, especialmente aves esteparias y rapaces que sobrevuelan estos campos abiertos.
La fotografía de paisaje tiene aquí su momento en los amaneceres y atardeceres, cuando la luz rasante transforma los campos en una gama de amarillos, naranjas y azules muy limpia. Los cielos nocturnos, libres de contaminación lumínica, permiten ver un cielo estrellado amplio; con abrigo en invierno y paciencia, es un buen lugar para tumbarse a mirar el firmamento sin ruidos alrededor. Eso sí, no hay miradores preparados ni áreas específicas: es campo a secas.
Para los aficionados al cicloturismo, las carreteras comarcales que conectan los pueblos de La Moraña son rectas, con muy poco desnivel y, por lo general, escaso tráfico. Desde Villanueva de Gómez se pueden planificar recorridos circulares visitando otras localidades cercanas. Conviene tener claro que sopla el aire con frecuencia: el viento puede hacer el regreso más pesado de lo que parece sobre el mapa y el paisaje es monótono si no te gusta este tipo de llanura.
La gastronomía es sencilla y de producto: legumbres de la tierra, asados tradicionales y los vinos de la provincia de Ávila. No esperes una gran oferta local, porque el pueblo es pequeño; lo habitual es comer en otros municipios cercanos o llevar algo y tirar de comida de campo. La cocina de cuchara cobra especial sentido en los meses fríos, cuando un plato caliente se agradece especialmente tras haber estado andando o en bici.
Fiestas y tradiciones
Como muchos pueblos castellanos, Villanueva de Gómez mantiene sus celebraciones tradicionales a lo largo del año. Las fiestas patronales suelen celebrarse durante el verano, normalmente en agosto, cuando muchos vecinos que emigraron regresan al pueblo, llenando de vida sus calles. Son días de convivencia, verbenas y actividades que giran más en torno a la vida del pueblo que a atraer gente de fuera; si vienes, eres más un invitado que un turista.
La Semana Santa se vive con la sobriedad característica de estos pueblos, con procesiones sencillas pero cargadas de devoción. Otras celebraciones del calendario litúrgico y agrícola marcan el ritmo anual de la localidad, conectando la vida del pueblo con los ciclos de la tierra y las tareas del campo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, Villanueva de Gómez se encuentra a unos 35 kilómetros por carretera, siguiendo la N-VI en dirección a Adanero y tomando después las carreteras comarcales que atraviesan La Moraña. El trayecto suele rondar los 35-40 minutos en coche si no hay complicaciones. Desde Madrid, se puede llegar por la A-6 y después desviarse hacia la comarca, en un recorrido que, según el tráfico, puede irse algo más allá de la hora.
Consejos: Villanueva de Gómez es un pueblo muy pequeño, más de paseo pausado que de larga estancia, por lo que conviene alojarse en localidades cercanas de mayor tamaño o en Ávila capital, desde donde realizar excursiones por la comarca. Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por caminos de tierra y ropa adecuada según la estación: en verano el sol pega fuerte y en invierno el frío y el viento se notan. Una botella de agua en la mochila y algo de abrigo extra no sobran en casi ninguna época. Ten en cuenta que muchos servicios básicos pueden estar en pueblos vecinos o en la capital.
Cuándo visitar Villanueva de Gómez
Primavera (abril-mayo): Buena época si quieres ver los campos verdes y temperaturas más agradables. Las tardes suelen ser largas y apetece caminar, aunque el viento puede aparecer cualquier día.
Verano: Los paisajes dorados son muy fotogénicos, pero las temperaturas pueden ser elevadas en las horas centrales; mejor madrugar o salir a última hora. Es cuando se concentran muchas fiestas en la comarca, así que el ambiente general en la zona cambia bastante respecto al invierno.
Otoño: Clima más suave, días todavía aceptables para pasear y una luz muy bonita para fotografía. El paisaje se vuelve más ocre, menos llamativo, pero muy sereno. Es época tranquila, con pocos movimientos de gente.
Invierno: Frío, heladas frecuentes y sensación térmica baja. Si nieva, el pueblo y la llanura tienen su aquel, pero hay que venir abrigado y con pocas prisas. Es probablemente cuando más se nota que estás en un pueblo pequeño y rural, sin apenas tránsito.
Lo que no te cuentan
Villanueva de Gómez se ve rápido: el casco urbano se recorre en menos de una hora, incluso caminando despacio. El atractivo no está en “hacer cosas” dentro del pueblo, sino en el ambiente general, los paseos por los caminos y esa sensación de espacio abierto y silencio que cuesta encontrar en otros sitios.
No es un destino para llenar un fin de semana entero por sí solo, sino más bien una parada dentro de una ruta por La Moraña o una escapada corta desde Ávila. Si llegas esperando monumentos, museos o una gran zona comercial, te vas a llevar un chasco; si lo que buscas es un pueblo pequeño, llano, rodeado de campos y muy tranquilo, entonces encaja.
Errores típicos
- Esperar demasiado “turismo activo”: no hay rutas señalizadas como en zonas de montaña ni infraestructuras específicas; aquí se camina por los mismos caminos de siempre.
- Calcular mal el clima: el sol en verano y el viento en casi cualquier época desgastan más de lo que parece en un paisaje tan abierto. Mejor planificar paseos más cortos y ver cómo te sientes.
- Pensar que hay muchos servicios: conviene venir con el depósito de gasolina medio lleno, algo de comida y sin apuros de horarios, porque no estás en una zona de bares y tiendas a cada paso.