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sobre Villanueva del Aceral
Pueblo de la llanura cerealista; iglesia mudéjar y arquitectura tradicional
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Hay pueblos que entras y en diez minutos sabes de qué va todo. Villanueva del Aceral es uno de esos. Llegas por una carretera entre campos de cereal y lo primero que notas es el silencio, de ese que en ciudad casi ni recordamos. Villanueva del Aceral, en plena comarca de La Moraña (Ávila), tiene unos 86 vecinos y un aire tranquilo que recuerda bastante bien cómo han sido siempre muchos pueblos de esta parte de Castilla.
Aquí no hay carteles pensando en quien viene de fuera ni rutas señalizadas cada cien metros. Más bien lo contrario. Calles cortas, casas de adobe y piedra, corrales cerrados y alguna bodega excavada en tierra que hoy suele usarse como almacén o merendero familiar. Es un pueblo pequeño y funcional, construido para vivir y trabajar en el campo, no para salir en postales.
Lo interesante, si vienes con curiosidad, es fijarte en esos detalles que todavía cuentan cómo funcionaba la vida agrícola: muros gruesos para aguantar los inviernos, ventanas pequeñas, portones de madera que dan a patios interiores. Muchas casas están cerradas buena parte del año, algo bastante habitual en pueblos de este tamaño.
Qué ver sin grandes rodeos
La iglesia parroquial de San Andrés está en el centro y se reconoce enseguida por la torre cuadrada con las campanas. Es un edificio sencillo, de esos que han ido arreglando con los años sin intentar cambiarle demasiado la cara. Sigue siendo la referencia del pueblo, sobre todo en días señalados.
El resto del paseo consiste básicamente en recorrer las calles y salir un poco hacia los caminos que rodean el casco urbano. No hay monumentos espectaculares, pero sí esa arquitectura rural de La Moraña: casas bajas, muros de adobe mezclado con piedra y patios donde todavía se guardan aperos de labranza.
A las afueras aparecen algunas bodegas subterráneas y pequeños corrales. Y en cuanto levantas la vista, todo se abre: parcelas de cereal bastante grandes, algún álamo suelto marcando lindes y un horizonte muy limpio. Cuando el día está claro, al fondo suele asomar la Sierra de Ávila.
Caminos y paseos por el entorno
Si te gusta caminar o salir con la bici sin complicarte, esta zona funciona bien. Los caminos agrícolas que conectan los pueblos de alrededor son llanos en general y fáciles de seguir. Es el típico terreno donde puedes pedalear o andar durante un rato largo sin cruzarte apenas con coches.
Además, ir enlazando pueblos cercanos tiene su gracia porque ves cómo se repite el mismo paisaje: silos, antiguas fuentes, pequeñas ermitas o naves agrícolas junto a los campos. No es un recorrido espectacular, pero ayuda a entender cómo se organiza el territorio en esta parte de Ávila.
Las llanuras cerealistas también atraen aves esteparias. En ciertas épocas del año es relativamente habitual ver cernícalos o, con algo de suerte y paciencia, avutardas en los campos. Nada preparado ni señalizado: simplemente el paisaje funcionando como siempre.
Y si llevas cámara, los amaneceres y atardeceres suelen dar bastante juego. Aquí el cielo ocupa medio paisaje, y con la luz baja aparecen colores suaves sobre los campos y las fachadas de adobe.
Tradiciones que siguen marcando el calendario
Con tan pocos habitantes, la vida social gira mucho alrededor de la iglesia y de las fiestas del verano, cuando vuelve gente que tiene casa familiar en el pueblo. Es entonces cuando el lugar cambia un poco de ritmo y se ve más movimiento en las calles.
En invierno se mantienen costumbres muy ligadas a la vida rural. Las matanzas domésticas, por ejemplo, siguen siendo momentos de reunión familiar en muchas casas, algo que durante generaciones ha marcado el calendario en pueblos de Castilla.
También hay celebraciones religiosas pequeñas a lo largo del año. No son grandes eventos, más bien encuentros entre vecinos que mantienen cierta continuidad con lo que se ha hecho siempre.
Villanueva del Aceral no es un sitio al que se venga a “ver muchas cosas”. Es más bien un lugar para entender cómo son los pueblos de la Moraña cuando el turismo pasa de largo: campos abiertos, casas antiguas y una vida tranquila que sigue su propio ritmo. Si te gusta mirar con calma, tiene más interés del que parece al llegar.