Vista aérea de Encinasola de los Comendadores
Instituto Geográfico Nacional · CC-BY 4.0 scne.es
Castilla y León · Cuna de Reinos

Encinasola de los Comendadores

Aldea histórica vinculada a órdenes militares; iglesia fortificada

146 habitantes · INE 2025
713m altitud

Por qué visitarlo

Iglesia de San Juan Bautista Historia

Mejor época

verano

San Juan (junio) junio

Qué ver y hacer
en Encinasola de los Comendadores

Patrimonio

  • Iglesia de San Juan Bautista
  • Entorno de encinas

Actividades

  • Historia
  • Paseos

Fiestas y tradiciones

Fecha junio

San Juan (junio)

Las fiestas locales son el momento perfecto para vivir la autenticidad de Encinasola de los Comendadores.

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sobre Encinasola de los Comendadores

Aldea histórica vinculada a órdenes militares; iglesia fortificada

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En el corazón de la comarca de La Ramajería, donde las tierras salmantinas se extienden en suaves ondulaciones de campos dorados y encinas centenarias, Encinasola de los Comendadores es, básicamente, un pueblo pequeño y tranquilo donde pasan pocas cosas… y esa es parte de la gracia. Este municipio de apenas 146 habitantes, situado a unos 700 metros de altitud, conserva intacto ese ritmo pausado de los pueblos donde el tiempo parece discurrir de otra manera, sobre todo fuera de agosto.

El nombre del pueblo evoca su pasado histórico vinculado a las órdenes militares que marcaron la frontera castellano-leonesa durante siglos. Encinasola se despliega entre campos de cereal y dehesas, en un paisaje muy típico de esta zona occidental de Salamanca, donde la arquitectura tradicional de piedra y adobe encaja bien con un entorno natural poco transformado.

Venir a Encinasola de los Comendadores es asomarse a la España interior más genuina, la que sigue peleando contra el despoblamiento manteniendo vivas sus tradiciones. Aquí el “lujo” son el silencio, el cielo estrellado sin contaminación lumínica y el ritmo de un pueblo que vive a su escala, sin prisas ni artificios.

Qué ver en Encinasola de los Comendadores

El patrimonio de Encinasola se concentra fundamentalmente en su iglesia parroquial, exponente de la arquitectura religiosa rural que caracteriza estos pueblos salmantinos. El templo, con sus muros de piedra y su sobria fachada, es el punto de referencia del casco urbano y testigo de siglos de historia local. No es una catedral, ni falta que hace: es la típica iglesia en torno a la cual ha girado la vida del pueblo.

Recorrer las calles del pueblo es descubrir la arquitectura tradicional de La Ramajería: casas de piedra granítica, fachadas encaladas, portones de madera antigua y patios interiores que guardan la memoria de generaciones de labradores. La disposición del caserío responde a la lógica de los pueblos agrícolas, con corrales y construcciones auxiliares que recuerdan la importancia histórica de la ganadería. No todo está “de postal”: hay casas arregladas y otras medio caídas, como en casi todos los pueblos de la zona.

En los alrededores, el paisaje adehesado se disfruta en los pequeños detalles: las sombras de las encinas en verano, los barbechos, los cercados de piedra, las charcas donde acuden las aves. Las encinas que dan nombre al pueblo salpican el territorio, siendo protagonistas de un ecosistema mediterráneo bien conservado. En primavera, los campos se llenan de flores silvestres; en otoño, las luces del atardecer son especialmente agradecidas para quien tenga paciencia y ganas de pasear, sin mirar el reloj.

Qué hacer

Encinasola es un buen sitio para el senderismo tranquilo y las rutas a pie por entornos rurales sin grandes desniveles. Los caminos agrícolas que parten del pueblo permiten realizar paseos circulares descubriendo el entorno de dehesas y campos de labor, adecuados para quien quiera caminar sin prisas, observar el paisaje y escuchar poco más que pájaros y algún tractor. No esperes senderos balizados como en un parque nacional; aquí se anda por caminos de siempre, los de ir a las fincas.

La fotografía rural aquí tiene más que ver con el ambiente que con el “monumento”: amaneceres con bruma sobre los campos, viejos muros de piedra, aperos de labranza apoyados en las fachadas y cielos limpios al atardecer. Cada estación cambia el color del paisaje: verdes intensos en primavera, tonos pajizos en verano y marrones y ocres en otoño. Si buscas postureo urbano, te vas a aburrir; si te gustan los detalles, te vas a entretener.

La gastronomía local se basa en los productos de la tierra: legumbres de cultivo tradicional, carnes de la zona y embutidos artesanales. Aunque el pueblo no cuenta con una oferta hostelera amplia, la cercanía a otros municipios de la comarca permite probar la cocina tradicional salmantina: lentejas, garbanzos, calderetas y productos del cerdo ibérico. Conviene venir con esto previsto y no esperar encontrar muchos servicios improvisando a última hora: aquí no hay bares “abiertos siempre” ni una carta para todos los gustos.

Para los interesados en el turismo ornitológico, los alrededores de Encinasola son un terreno discreto pero agradecido: cigüeñas, milanos y diversas especies de paseriformes se dejan ver con facilidad si se camina con calma. Prismáticos en mano, es posible observar tanto especies comunes como otras más esquivas en las dehesas y zonas de matorral. No es una gran reserva, pero para un paseo con prismáticos, cumple.

Fiestas y tradiciones

Como tantos pueblos de Castilla y León, Encinasola mantiene vivo su calendario festivo tradicional, vinculado tanto al ciclo religioso como a las labores agrícolas. Las fiestas patronales suelen celebrarse durante el verano, generalmente en agosto, cuando muchos emigrantes regresan al pueblo y se organizan actos religiosos, verbenas y comidas populares que reúnen a toda la comunidad. Es el momento en que el pueblo cambia completamente de ambiente y pasa de la calma casi absoluta al bullicio.

La festividad de San Blas, en febrero, es otra fecha señalada en muchos pueblos de la zona, con bendición de panecillos y rituales tradicionales relacionados con la protección de la garganta y la salud.

En los meses de invierno, la matanza tradicional sigue siendo un acontecimiento cultural importante, aunque cada vez más testimonial, que permite mantener vivas técnicas ancestrales de elaboración de embutidos y conservas. Más que un espectáculo turístico, es una reunión familiar y vecinal. Si caes por allí y te invitan, es por confianza, no porque haya “pack experiencia”.

Cuándo visitar Encinasola de los Comendadores

La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son, en general, los momentos más agradables para caminar y disfrutar del paisaje: temperaturas suaves, campos vivos y días aún largos.

El verano puede ser caluroso a mediodía, pero las noches refrescan. Es también cuando hay más ambiente, sobre todo en agosto, con gente que vuelve al pueblo y vida en la calle hasta tarde. Eso sí, el calor en las horas centrales pega bien; no te plantees las rutas más largas a las cuatro de la tarde.

El invierno es frío y tranquilo, literalmente: poca gente en la calle, días cortos y esa atmósfera de recogimiento tan típica de los pueblos castellanos. Si buscas bares abiertos a todas horas o mucha actividad, no es tu época. Si lo que quieres es pasear casi solo, abrigado y con un buen cielo limpio, entonces encaja.

Lo que no te cuentan

Encinasola de los Comendadores se ve rápido. En una mañana o una tarde habrás recorrido el pueblo y dado un paseo por los alrededores. Tiene más sentido como parte de una ruta por La Ramajería que como único destino de varios días.

Las fotos de la dehesa pueden hacer pensar en grandes bosques continuos de encinas; la realidad es un mosaico de campos, parcelas y dehesa, muy agrícola y muy vivido, que es precisamente lo que le da carácter. Aquí se trabaja la tierra: verás tractores, alambradas, ganado… no es un decorado rural.

Hay pocos servicios: casi todo el mundo se organiza durmiendo y comiendo en otros pueblos cercanos y viniendo aquí a pasear, saludar a la familia o desconectar de verdad. Mejor asumirlo antes de llegar que andar luego buscando una cafetería que no existe.

Errores típicos

  • Esperar “mucho que ver” en clave monumental: aquí no hay grandes museos ni conjuntos históricos extensos. Es un pueblo pequeño, con una iglesia, algunas calles agradables y entorno rural. Si lo entiendes así, lo disfrutas más.
  • Confiar en encontrar de todo en el propio pueblo: conviene traer agua, algo de comida si vas a hacer rutas largas y tener claro dónde vas a dormir y comer en la comarca.
  • Pasarse solo en agosto y pensar que siempre es así: el resto del año el ambiente cambia muchísimo; hay menos gente, menos ruido y menos actividad. No es ni mejor ni peor, es otro pueblo distinto.
  • Subestimar el calor o el frío: en verano el sol castiga en las horas centrales, y en invierno el viento corta. Ropa adecuada, gorra en verano y algo de abrigo de sobra en invierno.

Si solo tienes…

Si solo tienes 1–2 horas

Da una vuelta tranquila por el casco, entra en la iglesia si está abierta, recorre las calles principales y alarga el paseo por alguno de los caminos que salen hacia las tierras de labor. Te harás una idea bastante fiel de lo que es Encinasola.

Si tienes el día entero

Puedes combinar la visita al pueblo con una ruta a pie por los caminos de dehesa de los alrededores y completar la jornada con otros pueblos de La Ramajería. Es la manera más lógica de encajar Encinasola: varias paradas cortas y uno o dos paseos largos, en vez de intentar “estirarlo” más de lo que da.

Datos de interés

Comunidad
Castilla y León
Comarca
La Ramajería
Código INE
37123
Costa
No
Montaña
No
Temporada
verano

Habitabilidad y Servicios

Datos clave para vivir o teletrabajar

2024
Conectividad5G disponible
EducaciónColegio
Vivienda~5€/m² alquiler · Asequible
Clima enero5.1°C media
Fuentes: INE, CNMC, Ministerio de Sanidad, AEMET

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