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sobre Puertas
Municipio que incluye la pedanía de Cerezal de Puertas; zona de robles y granito
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En el extremo occidental de la provincia de Salamanca, donde Castilla y León tiende sus últimos brazos hacia las tierras de Portugal, se encuentra Puertas, una pequeña aldea que parece detenida en el tiempo. Con apenas 66 habitantes censados, este núcleo rural de la comarca de La Ramajería representa bien esa España interior que resiste, arraigada a sus tradiciones y a un paisaje de dehesas, piedra y horizontes amplios.
Situada a unos 785 metros de altitud, Puertas es un lugar tranquilo donde el silencio solo se quiebra con el tañer de las campanas de su iglesia, algún tractor que pasa o el murmullo del viento entre las encinas. Su nombre evoca el carácter fronterizo de estas tierras, históricamente puerta natural entre reinos y culturas. Hoy, este pequeño enclave se mantiene al margen de las prisas y de las rutas masificadas, con un ritmo que va más al compás de las estaciones que del calendario laboral.
Visitar Puertas es asomarse a la esencia de la vida rural salmantina, a una arquitectura popular construida con los materiales de la tierra y a gentes que, con lo que son y lo que hacen, siguen sosteniendo un modo de vida que en otros sitios ya solo se cuenta.
Qué ver en Puertas
El patrimonio de Puertas es el propio de las aldeas de esta comarca, donde la arquitectura tradicional se integra de manera natural en el paisaje. El núcleo urbano conserva viviendas de piedra y mampostería, con muros de granito y pizarra que hablan de siglos de adaptación al medio. Pasear por sus calles es ir encontrando portones de madera gastada, corrales anexos a las viviendas, pajares medio reconvertidos y ese trazado irregular típico de los pueblos de origen medieval, donde nada parece hecho para el turismo y casi todo responde a la necesidad.
La iglesia parroquial constituye el principal elemento patrimonial del pueblo, como suele ocurrir en estas pequeñas localidades donde el templo era el centro de la vida comunitaria. Aunque de dimensiones modestas, merece una parada para apreciar su sencillez rural y el cuidado con que los vecinos mantienen este espacio, sobre todo cuando se ve la puerta entreabierta y se escucha el eco dentro. No siempre está abierta, así que conviene no dar por hecho el acceso.
Los alrededores de Puertas son de dehesa y campo abierto, muy característicos de La Ramajería. Los tonos ocres y dorados dominan gran parte del año, salpicados de encinas y robles que proporcionan sombra al ganado. No hay grandes hitos paisajísticos ni miradores preparados, pero sí una sensación de espacio y de cielo grande que se agradece si vienes de ciudad. Es un territorio bueno para observar aves rapaces, especialmente en épocas de migración, y para disfrutar de atardeceres que tiñen el horizonte de naranjas y violetas.
La cercanía a la frontera portuguesa añade un aliciente: en pocos kilómetros se puede cruzar a tierras lusas y enlazar con pequeñas aldeas del Beira Interior, lo que permite plantear una ruta tranquila de pueblos a caballo entre España y Portugal. Puertas encaja mejor como una de las paradas de esa ruta que como punto único del viaje.
Qué hacer
Puertas es un lugar para el senderismo tranquilo y los paseos sin prisas. Desde el pueblo parten caminos rurales que atraviesan dehesas y campos de cultivo, adecuados para caminar o recorrer en bicicleta si no te importa el firme irregular. No son rutas señalizadas ni pensadas como producto turístico, sino antiguos caminos vecinales que conectan con otras aldeas de la comarca. Conviene llevar mapa o aplicación de GPS si no se conoce la zona, porque los cruces de caminos se parecen mucho entre sí y es fácil desorientarse a poco que uno se confíe.
La observación de la naturaleza es otra actividad que aquí se disfruta bien. La fauna de la zona incluye ciervos, jabalíes y una variada población de aves. Los aficionados a la ornitología pueden avistar especies como el milano real, el águila calzada o el búho real, siempre con paciencia y sin esperar safaris: aquí los animales aparecen cuando quieren. El amanecer y el atardecer son los mejores momentos para ver movimiento, y fuera de esas horas lo normal será caminar más acompañado por el silencio que por la fauna.
La gastronomía tradicional es sencilla pero sabrosa, basada en productos de la tierra: carnes de caza, embutidos ibéricos, quesos de oveja y platos de cuchara como el cocido o las sopas de ajo. En Puertas no hay establecimientos comerciales, así que para comer fuera toca desplazarse a localidades cercanas o llevar algo preparado y tomárselo con calma al aire libre, respetando siempre las fincas y el monte. Aquí no hay terrazas ni menús del día a la vuelta de cada esquina: conviene llegar prevenido.
A veces lo más sensato aquí es simplemente acompasarse al ritmo del pueblo: sentarse en un banco, escuchar las conversaciones, ver pasar el ganado o las nubes y dejar que el día vaya cayendo sin hacer grandes cosas. Es un sitio más para estar que para hacer, y se disfruta mejor cuando uno acepta eso desde el principio.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da una vuelta pausada por el casco urbano, acércate a la iglesia y asómate a los alrededores del pueblo para ver la dehesa y el horizonte amplio. A ritmo tranquilo, en ese tiempo se puede ver todo sin prisas.
Si tienes el día entero
Combina el paseo por Puertas con alguna ruta a pie por los caminos de dehesa y la visita a otros pueblos de La Ramajería o a algún punto de la raya con Portugal. Calcula bien los tiempos de coche entre pueblos: las carreteras son secundarias y se va despacio.
Errores típicos
- Esperar “mucho que ver”: Puertas es pequeño y se recorre en poco tiempo. El interés está más en el entorno, en el ambiente y en usarlo como base o parada dentro de una ruta por La Ramajería y la frontera, no en ir con una lista larga de visitas.
- Confiarse con los servicios: no hay tiendas, bares ni gasolineras en el pueblo. Conviene llenar el depósito antes y llevar agua y algo de comida, sobre todo si se va a caminar.
- Tomar los caminos como senderos señalizados: no hay paneles ni marcas, y algunos tramos atraviesan fincas privadas con ganado. Hay que respetar cancelas, no salirse de los caminos y asumir que a veces tocará dar la vuelta.
- Elegir mal la hora en verano: en julio y agosto, las horas centrales del día pueden ser duras para caminar por campo abierto. Mejor madrugar o dejar los paseos para última hora de la tarde.
Cuándo visitar Puertas
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradables: temperaturas suaves, campo más verde o recién labrado y la dehesa en un punto muy agradecido para caminar. El verano puede ser caluroso, con días largos y secos, aunque las noches refrescan y el cielo estrellado compensa si te quedas hasta tarde.
El invierno es frío y muy tranquilo. Hay días grises y otros de un sol limpio que anima a pasear abrigado. Es una buena época si lo que se busca es soledad y silencio, pero hay que contar con menos horas de luz y posibles heladas; las jornadas dan para menos, así que conviene organizar bien los recorridos.
Si llueve, el pueblo se ve igual, pero los caminos de tierra pueden embarrarse bastante y algunas pistas se vuelven incómodas para circular o caminar. En esos casos, conviene limitarse a paseos cortos y a carreteras asfaltadas.
Lo que no te cuentan
Puertas se ve rápido. En una hora se ha paseado por el casco urbano con calma. El viaje cobra más sentido si se combina con otros pueblos de La Ramajería, con miradores del entorno o con una escapada a la raya con Portugal. Pensarlo solo como “destino” para varios días puede generar una expectativa que no encaja con lo que es: una aldea pequeña, muy tranquila y poco dada al entretenimiento más allá del paisaje y la vida rural.
La sensación de aislamiento es real. Para algunos es un lujo; para otros, al cabo de unas horas, puede hacerse larga. Antes de ir conviene tener claro que aquí no hay terrazas llenas, ni tiendas de recuerdos, ni vida nocturna: hay campo, cielo y un pueblo que sigue a lo suyo. Si eso encaja contigo, Puertas funciona bien como parada pausada en una ruta más amplia.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca capital, Puertas se alcanza por carreteras comarcales que atraviesan buena parte de la dehesa salmantina. El trayecto es sencillo pero algo largo, y conviene calcular el tiempo con margen porque no todo el recorrido es por vías rápidas [VERIFICAR TRAYECTO CON GPS ACTUALIZADO]. No hay transporte público frecuente, así que, en la práctica, se llega en coche propio.