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sobre Aldeadávila de la Ribera
Corazón de las Arribes del Duero famoso por su impresionante presa y cañones fluviales; paisaje espectacular de granito y agua
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Llegas a Aldeadávila por el cañón del Duero. El pueblo es la base, pero el paisaje es lo que importa. Aparcar en el casco antiguo es un lío: calles estrechas y cuesta arriba. Lo normal es dejar el coche en la parte alta y bajar andando.
No vengas buscando monumentos. Vienes a ver el río encajonado entre paredes de granito que cambian por completo esta esquina de Salamanca. El pueblo se recorre en media hora.
Dónde aparcar y cómo moverse
El aparcamiento más sensato está en la zona nueva, arriba del todo, junto al campo de fútbol o cerca del consultorio médico. Desde ahí bajas al centro por escaleras o por la calle principal. Si intentas meterte con el coche por las callejuelas de abajo, acabarás dando vueltas.
Mirador del Fraile
Es el mirador accesible, al que llega todo el mundo en coche. Tiene una barandilla y unas vistas brutales del Duero muy abajo. Impresiona la primera vez por la verticalidad.
Se llena a media mañana, sobre todo los fines de semana y en puentes. Si quieres estar solo, madruga o ven a última hora de la tarde. Con viento, cuidado con acercarte al borde.
La presa hidroeléctrica
Está a unos pocos kilómetros, carretera abajo. La presa de Aldeadávila es una obra de mediados del siglo XX, enorme. La carretera para bajar tiene curvas cerradas y algún tramo estrecho; baja despacio.
No se puede entrar en la central sin permiso, pero verla desde fuera ya da una idea del desnivel que aprovechan aquí para generar luz.
El pueblo: calles y plaza
Calles empinadas de piedra, balcones de hierro forjado, una arquitectura sobria y común en La Ribera. La iglesia de Santa María domina una plaza pequeña y sombría.
La vida local sigue su curso bastante al margen del turismo que viene por el cañón. No esperes tiendas de souvenirs ni un ambiente preparado para visitantes.
Caminar por el cañón
Aquí es donde se entiende la zona. Hay senderos señalizados que bajan hacia el río y otros que recorren los bordes superiores del cañón.
Las bajadas son llevaderas; la subida, después, pica. En las laderas verás los bancales tradicionales de viña, sostenidos por muros de piedra seca. De ahí salen los vinos de Arribes, ásperos y con carácter.
También es territorio de buitres leonados. Si te paras un rato en cualquier mirador no oficial, es fácil verlos planear sobre las corrientes térmicas del cañón.
Mi consejo es este: ven temprano, evita las horas punta en los miradores principales y reserva tiempo para andar aunque sea un tramo corto de sendero. El pueblo se ve rápido; la escala del paisaje pide más calma