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sobre Pereña de la Ribera
Pueblo de las Arribes famoso por la cascada del Pozo de los Humos; entorno natural privilegiado
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Enclavado en las laderas que descienden hacia el Duero, Pereña de la Ribera es uno de esos pueblos salmantinos que guardan la esencia de la vida ribereña. Con apenas 300 habitantes, este pequeño municipio se asienta a unos 700 metros de altitud en un paisaje donde los bancales de viñedos y almendros dibujan líneas sobre el terreno granítico, testigo silencioso de siglos de cultivo en una tierra difícil pero generosa.
La historia de Pereña está íntimamente ligada al río Duero y a las arribes, que conforman uno de los paisajes fluviales más singulares de la península. Aquí, la roca se abre en cañones profundos donde el agua discurre entre paredes de granito, creando un microclima que ha permitido desde tiempos ancestrales el cultivo de viñedos y olivos. El pueblo conserva esa arquitectura popular de piedra y adobe, con calles estrechas que serpentean adaptándose a la orografía del terreno. No es un casco histórico de postal, pero sí un sitio donde todavía se oye el silencio entre casas bajas, corrales y huertos, y donde te cruzas con la gente del pueblo más que con otros viajeros.
Visitar Pereña de la Ribera es adentrarse en un territorio donde la naturaleza más abrupta convive con la huella humana de generaciones que han trabajado estas tierras, manteniendo vivas tradiciones vinícolas y un modo de vida rural que resiste al paso del tiempo.
Qué ver en Pereña de la Ribera
El núcleo urbano de Pereña conserva la arquitectura tradicional de la comarca, con casas de mampostería granítica y balcones de madera que reflejan la adaptación al medio natural. La iglesia parroquial preside el pueblo, construida en piedra siguiendo los cánones de las iglesias rurales salmantinas, con su torre campanario que se divisa desde varios puntos del municipio. Alrededor, las calles son sencillas y se recorren en poco rato; el interés está más en el conjunto y en el ambiente que en monumentos concretos.
Pero el verdadero protagonista del paisaje son los miradores naturales sobre el Duero. Desde diferentes puntos del término municipal se pueden contemplar las arribes, esos cañones fluviales donde el río ha excavado la roca durante millones de años. Los bancales de viñedos que descienden hacia el río constituyen un paisaje cultural de gran valor, testimonio de siglos de viticultura en condiciones extremas. Conviene llegar con calma y algo de tiempo: la escala del cañón no se aprecia bien en una parada rápida de foto y el ojo tarda unos minutos en hacerse a las distancias.
El entorno natural forma parte del Parque Natural Arribes del Duero, uno de los espacios protegidos más importantes de Castilla y León. Los cortados graníticos, las zonas de encinar y robledal, y la vegetación mediterránea que aprovecha el microclima ribereño crean un ecosistema de gran riqueza. Es relativamente frecuente ver sobrevolar el cañón buitres leonados y otras rapaces, sobre todo en las horas centrales del día.
Los caminos rurales que parten del pueblo conducen a antiguos molinos, fuentes y construcciones tradicionales relacionadas con el aprovechamiento agrícola del territorio, reflejando la dureza y belleza de la vida rural en estas tierras fronterizas. Muchos de estos caminos son pistas y senderos usados todavía por la gente del pueblo, así que conviene caminar con respeto y cerrar portillas si las hubiera.
Qué hacer
El senderismo es la actividad principal en Pereña de la Ribera. Existen varias rutas que permiten descender hacia el Duero, atravesando los bancales de cultivo y adentrándose en el paisaje de las arribes. Estas rutas, de dificultad media debido al desnivel, exigen piernas acostumbradas a las cuestas y algo de previsión con el calor. A cambio, regalan buenas vistas del cañón fluvial y la posibilidad de observar la flora y fauna local. No es un sitio para ir con prisas: entre bajar, parar a mirar y volver a subir, se va medio día sin darse cuenta, sobre todo si no estás acostumbrado a desniveles largos.
Para los aficionados a la ornitología, los alrededores de Pereña constituyen un buen observatorio natural. Las paredes graníticas albergan colonias de buitres y otras rapaces, mientras que en las zonas de matorral mediterráneo habitan numerosas especies de aves forestales. Unos prismáticos ligeros marcan la diferencia entre ver “puntos” en el cielo y disfrutar realmente de las aves.
La gastronomía local es otro de los atractivos. Los productos de la tierra, especialmente el vino de la zona, el aceite de oliva y los embutidos artesanales, forman parte de una cocina tradicional basada en recetas de aprovechamiento. Los guisos de caza, las carnes a la brasa y los platos de cuchara representan lo mejor de la tradición culinaria de la comarca de La Ribera. No esperes una gran oferta ni cocina de autor: aquí se come sencillo, de ración generosa y sin muchas florituras.
Desde Pereña también se pueden organizar rutas en coche por otros pueblos de las arribes, descubriendo miradores espectaculares, bodegas tradicionales excavadas en la roca y pequeños núcleos que conservan intacto su carácter rural. Los tiempos en carretera engañan: las distancias no son enormes, pero las carreteras son comarcales, con curvas y ritmo lento, así que conviene no apurar demasiado las horas de luz.
Si solo tienes unas horas
- Un paseo tranquilo por el pueblo y la iglesia.
- Acercarte a uno de los miradores principales sobre el Duero.
- Parar a observar las terrazas de cultivo y el paisaje desde arriba, sin bajar hasta el río. En dos o tres horas, a ritmo calmado, se puede tener una primera idea bastante clara del lugar.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en agosto, reuniendo a vecinos y emigrantes en jornadas de convivencia donde la tradición se mantiene viva. Durante estos días, el pueblo recupera su antiguo bullicio con verbenas, actos religiosos y comidas populares. Es cuando más movimiento hay, pero también cuando menos se aprecia la calma habitual del pueblo.
En septiembre, coincidiendo con la época de vendimia, se pueden ver aún en la zona las labores tradicionales relacionadas con la recogida de la uva, aunque en menor medida que en décadas pasadas. Esta época del año ofrece un paisaje especialmente atractivo, con los viñedos cambiando de color y el campo en transición hacia el otoño.
Las celebraciones del ciclo anual siguen los patrones tradicionales de la España rural, con procesiones y actos religiosos que marcan el calendario festivo del pueblo. Fuera de esas fechas, la vida es tranquila, más de trato en la calle y conversaciones en la puerta de casa que de grandes eventos.
Cuándo visitar Pereña de la Ribera
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son buenos momentos para disfrutar del paisaje y las rutas de senderismo, evitando tanto el calor extremo del verano como el frío invernal. La floración de los almendros en marzo, si se acierta con el fin de semana, transforma las laderas en una franja clara sobre el granito, un cambio que se aprecia muy bien desde los caminos y miradores.
En verano, el sol castiga fuerte en las bajadas hacia el río: si vas en esos meses, mejor madrugar o dejar las rutas largas para la tarde, y llevar agua de sobra porque abajo apenas hay sombra. En invierno, los días son cortos y el viento en los miradores puede ser incómodo; aun así, el cañón tiene un punto más áspero y silencioso que también merece ser conocido, siempre que ajustes la ruta a las horas de luz.
Lo que no te cuentan
Pereña de la Ribera es pequeño y se recorre rápido. El casco urbano se ve en una hora larga, con calma, y lo que alarga la visita es el entorno: las bajadas al río, los miradores y los caminos entre bancales. Es más un punto de partida para explorar las arribes que un lugar para pasar varios días sin moverte.
Las fotos de los miradores pueden llevar a pensar que todo está “al lado del coche”. No siempre es así: algunas vistas exigen caminar un buen rato y, sobre todo, volver luego cuesta arriba. Conviene llevar calzado cómodo, algo de abrigo incluso en días soleados (el viento en los cortados se nota) y no fiarse de la cobertura del móvil, que en algunas zonas del cañón falla o va a ratos.