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sobre Saucelle
Municipio con salto hidroeléctrico y complejo turístico; paisaje de almendros y olivos en terrazas
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En el extremo occidental de la provincia de Salamanca, donde el Duero traza la frontera natural con Portugal, se encuentra Saucelle, una pequeña aldea de apenas 242 habitantes que guarda uno de los paisajes fluviales más contundentes de Castilla y León. Enclavada en la comarca de La Ribera, a 664 metros de altitud, esta localidad se asoma a los Arribes del Duero, ese territorio de cortados graníticos y gargantas profundas donde el río ha cincelado durante milenios un cañón de vértigo.
Llegar hasta Saucelle es adentrarse en una de las zonas más despobladas de la España interior, donde el paisaje alterna entre dehesas de encinas y los abruptos barrancos que custodian el cauce del Duero. Aquí, el tiempo va a otro ritmo, marcado por el vuelo de las águilas, la trashumancia moderna (en camión, pero trashumancia al fin y al cabo) y el rumor del agua en las profundidades del cañón.
El pueblo es pequeño y tranquilo: en una mañana se recorre sin problema, y lo que manda de verdad es lo que hay alrededor, no tanto el casco urbano.
Qué ver en Saucelle
El patrimonio arquitectónico de Saucelle está marcado por la sobriedad de la construcción tradicional en granito, piedra que domina el paisaje y las edificaciones. La iglesia parroquial de San Juan Bautista preside el núcleo urbano con su torre de sillar que se divisa desde varios puntos del pueblo. Su estructura refleja las reformas realizadas a lo largo de los siglos, conservando elementos que nos hablan de la historia rural de estas tierras fronterizas y de una religiosidad muy pegada al calendario agrícola.
Pasear por las calles empedradas del pueblo permite descubrir casas de piedra con balconadas de madera, construcciones tradicionales que se adaptan a la orografía del terreno. Algunos edificios conservan antiguas bodegas excavadas en la roca, testimonio de una cultura vinícola que ha pervivido durante generaciones en los Arribes, aunque hoy muchas estén más para trastero que para hacer vino.
Ahora bien, conviene tener clara la escala: no esperes un casco histórico monumental ni una sucesión de plazas y palacios. Es un pueblo de trabajo, con su parte cuidada y sus rincones más discretos, como cualquier municipio pequeño de la zona.
El verdadero protagonista es el paisaje natural de los Arribes del Duero. Desde varios miradores naturales en los alrededores de Saucelle se obtienen vistas panorámicas sobre el cañón, con desniveles que superan los 200 metros en algunos puntos. El contraste entre las mesetas ganaderas y la profunda garganta del río crea un paisaje muy potente, especialmente al amanecer o al atardecer, cuando la luz rasante resalta los tonos ocres y verdes.
La presa de Saucelle, construida en el cauce del Duero, es otra de las referencias del territorio. Aunque es una obra de ingeniería moderna, forma parte ya del paisaje y ha generado un embalse que atrae a aficionados a la pesca y a quienes buscan rincones apartados junto al agua.
Qué hacer
Saucelle tiene sentido para quien viene a caminar y a mirar paisaje, más que para ir de paseo corto de tarde y ya está.
Las rutas de senderismo por los Arribes son la actividad principal. Existen varios caminos que descienden hasta el río, permitiendo contemplar la flora mediterránea que prospera en estas gargantas protegidas del viento: almendros, olivos, higueras y viñedos que crecen en terrazas sobre las laderas. Los desniveles son serios: bajar es agradable, subir de vuelta exige algo de forma física y no conviene subestimarlo. En verano, el calor se concentra en las laderas y la sensación térmica engaña.
La observación de aves es otra de las grandes atracciones. Este es territorio de cigüeñas negras, águilas reales, alimoches y búhos reales. La primavera resulta especialmente recomendable para los aficionados a la ornitología, cuando hay más actividad y mejor luz, y cuando el silencio del entorno permite oír bien las rapaces y la avifauna de ribera.
Para los amantes de la pesca, el Duero y sus embalses permiten jornadas tranquilas en busca de carpas, barbos y black bass [VERIFICAR]. La navegación fluvial es también posible en algunos tramos, permitiendo contemplar desde el agua las paredes del cañón; conviene informarse bien de horarios y puntos de embarque, que no siempre coinciden con el propio casco del pueblo y, a veces, ni siquiera están en el mismo término municipal.
La gastronomía local se basa en productos de la zona: carnes de vacuno y cerdo de las dehesas, embutidos artesanales, quesos y, por supuesto, el vino de los Arribes, un caldo robusto que se elabora en viñedos heroicos plantados en las laderas del cañón. Las almendras y las cerezas completan una despensa natural sencilla pero agradecida, más de temporada y de despensa que de carta larga.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Juan Bautista se celebran en torno al 24 de junio, con actos religiosos y convivencia vecinal que mantiene vivas las tradiciones del mundo rural. En agosto tiene lugar otra celebración que concentra a vecinos y visitantes, momento propicio para conocer el ambiente festivo de estas pequeñas localidades fronterizas.
Como en toda la comarca, la matanza del cerdo en los meses de invierno ha sido históricamente un acontecimiento social y gastronómico que perdura en algunas casas del pueblo, más como reunión familiar y vecinal que como evento para visitantes.
Cuándo visitar Saucelle
La primavera (abril-mayo) funciona especialmente bien por la floración de almendros y cerezos y las temperaturas suaves. El otoño también merece la visita por los colores del paisaje y una luz más baja que favorece la fotografía.
El verano puede ser caluroso en el fondo del cañón, con sensación de bochorno en las horas centrales del día, aunque las noches son frescas en el pueblo. En invierno, si lo que buscas es ruido y ambiente, aquí no lo vas a encontrar: días cortos, frío y mucha tranquilidad. A cambio, paisajes despejados y silencio casi total.
Si hace mal tiempo, las rutas al río pierden atractivo y seguridad, y la visita se queda básicamente en un paseo por el pueblo y miradores cercanos accesibles en coche.
Errores típicos al visitar Saucelle
- Pensar que es un “pueblo grande”: Saucelle se ve rápido. El tiempo de verdad se va en los desplazamientos a miradores y caminos por los Arribes. Planifica la jornada pensando más en el entorno que en el casco.
- Calcular mal los tiempos de las rutas: bajar al río lleva menos de lo que luego cuesta subir. Hay que tener en cuenta el calor, la falta de sombra en algunos tramos y llevar agua suficiente.
- Confiar en encontrar de todo abierto: en un pueblo de este tamaño los servicios son limitados y los horarios pueden variar según la época. Mejor llevar algo de comida y agua en el coche por si acaso.
- Llegar tarde para ver el cañón con buena luz: el sol se esconde pronto detrás de los cortados. Si vas a hacer fotos o simplemente a mirar, compensa estar en los miradores a primera hora o al final de la tarde, no a mediodía.
Lo que no te cuentan
Saucelle, como muchos pueblos de los Arribes, es más base que destino largo: en un día se ve el pueblo y se hacen un par de rutas cortas o una buena caminata. Para estancias más largas, lo razonable es combinarlo con otros pueblos de la comarca y distintos miradores del cañón.
Las distancias en kilómetros engañan: los mapas marcan pocos kilómetros entre puntos, pero las carreteras son estrechas, con curvas y cambios de rasante. Entre ir, parar, mirar y volver, las horas se van sin darse cuenta.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca capital, se accede a Saucelle por la N-620 en dirección a Portugal hasta Vitigudino, y desde allí por la SA-324. El trayecto supera los 100 kilómetros y requiere algo más de hora y media. Es importante tener en cuenta que las últimas carreteras son comarcales y estrechas, con curvas, típicas de estas zonas de montaña. Conviene no apurar el combustible.
Consejos: Llevar calzado adecuado para caminar por terreno irregular, agua suficiente en las rutas y prismáticos para la observación de fauna. El pueblo cuenta con servicios básicos, pero conviene no dar por hecho que habrá siempre donde comprar o comer a cualquier hora.