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sobre Babilafuente
Municipio conocido por su balneario de aguas medicinales y actividad agrícola en la comarca de Las Villas
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Veinticinco kilómetros desde Salamanca y estás en Babilafuente. Aparca junto a la plaza, que es donde termina todo el movimiento. El pueblo se recorre en media hora, cuarenta minutos si caminas lento. No vengas con grandes expectativas: esto es un núcleo agrícola, no un museo.
Dónde dejar el coche y cómo moverse
El centro es compacto y llano. Calles cortas que confluyen en la plaza principal. Aparca allí mismo si encuentras hueco; si no, en cualquier callejón cercano. No uses el coche para moverte dentro. En cinco minutos cruzas de punta a punta.
El núcleo del pueblo
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción domina el perfil. Es una construcción que se fue haciendo por partes: se ven restos de muros más antiguos y una nave posterior. La fachada es simple, con un arco apuntado como entrada.
Dentro hay un retablo sin grandes pretensiones. Está abierta a horas de culto; el resto del día suele estar cerrada.
Las calles son lo habitual aquí: viviendas con estructura tradicional, algunas con portadas de piedra labrada y escudos borrosos por el tiempo. Otras son más funcionales, de ladrillo visto o enfoscado. La plaza tiene bancos y unos árboles que dan sombra en verano. Por la mañana suele haber gente mayor sentada.
Los alrededores inmediatos
Al salir del casco urbano empiezan los campos abiertos. Parcelas grandes dedicadas al cereal, sobre todo trigo y cebada. El paisaje cambia con la estación: amarillo intenso a finales de primavera, tierra marrón o barbecho en invierno.
No hay senderos marcados para caminar, pero se puede salir por los caminos rurales de tierra que bordean las fincas. Son rectos, llanos y sin sombra. Lleva agua si hace calor porque no hay fuentes ni áreas de descanso.
Estos caminos conectan con otras localidades como Aldealengua o Huerta. El tráfico es escaso fuera de los días laborables.
Fechas con más ambiente
El 15 de agosto es el día grande por la Asunción. Hay misa y verbena por la noche, sobre todo para quienes vuelven al pueblo esos días.
En septiembre suelen hacerse alguna exposición o concurso relacionado con la agricultura o la ganadería, aunque no todos los años.
Si pasas un rato aquí, lo mejor es coincidir con las horas en las que la gente está en la calle: a primera hora de la mañana o al atardecer después del trabajo del campo. Con eso basta para entender el ritmo del lugar