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sobre Babilafuente
Municipio conocido por su balneario de aguas medicinales y actividad agrícola en la comarca de Las Villas
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A poco más de 20 kilómetros al este de Salamanca, en plena comarca de Las Villas, está Babilafuente, uno de esos pueblos de la tierra donde todavía se oye el tractor más que el coche. Con sus algo menos de mil habitantes y a unos 800 metros de altitud, es un sitio tranquilo, de vida diaria pausada, donde se nota que el campo manda más que el turismo.
El pueblo se extiende entre lomas suaves y campos de cultivo. En verano manda el cereal dorado; cuando llueve, todo se vuelve verde y marrón, más sobrio. Su arquitectura tradicional, con casas de piedra, adobe y ladrillo visto, cuenta la historia agrícola y ganadera de siempre. Aquí no hay grandes monumentos ni fotos de postal por todas partes: hay un pueblo castellano normal, vivido, que muchos usan como base tranquila cerca de Salamanca o como parada de paso por Las Villas.
La proximidad a Salamanca lo hace cómodo como escapada de medio día o día entero, o como punto para moverse por la comarca de Las Villas, una de las zonas menos turísticas de la provincia, pero muy de verdad.
¿Qué ver en Babilafuente?
El principal edificio del pueblo es la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, que preside la plaza y cuya torre se ve desde casi cualquier entrada al municipio. Es un templo con partes de distintas épocas, desde finales del románico hasta el gótico más sencillo. Por fuera, fíjate en la portada de arco apuntado; por dentro, es sobrio, sin grandes alardes, pero con un retablo mayor que merece unos minutos de calma para mirarlo con detalle.
El casco antiguo no es muy grande, pero da para un paseo tranquilo. Encontrarás casas de dos plantas, muros de piedra y tapial, portones de madera y algún corredor que busca el sol en invierno. En algunas fachadas todavía aparecen escudos que recuerdan tiempos de más peso de ciertas familias, aunque hoy el ambiente es totalmente rural y cotidiano, más de huerto, compra rápida y vuelta a casa que de paseo turístico.
La plaza del pueblo sigue siendo el punto de encuentro: bancos, sombra en verano y conversaciones eternas. Si quieres ver cómo se vive aquí, siéntate un rato y escucha. Según la hora, verás salir a la gente de misa, a los niños en bici o a los mayores dando la vuelta de la tarde.
En el entorno, los campos de cultivo rodean completamente el pueblo. No es un paisaje de montaña ni de río, pero tiene su interés si te gusta la Castilla agrícola: cambios de color según la estación, cielos abiertos y horizontes largos. Hacia las dehesas cercanas se agradece caminar o ir en bici, entre encinas sueltas y algún ganado.
Qué hacer
Babilafuente es un pueblo para ir despacio. Si buscas actividad constante, aquí te vas a aburrir; si lo que quieres es pasear, oír pájaros y poco más, encaja.
Las rutas de senderismo y paseos salen por los caminos rurales que conectan con los pueblos cercanos, algunos siguiendo antiguas vías pecuarias. No son rutas señalizadas como en zonas turísticas, así que conviene llevar mapa o GPS si te alejas mucho. Son buenos recorridos de 1 a 3 horas, sin grandes cuestas, para quien quiera andar entre campos sin complicarse. En días de lluvia estos caminos se embarran bastante: mejor calzado que no te importe manchar.
Para los aficionados al cicloturismo, la zona funciona bien: carreteras secundarias con poco tráfico y caminos llanos para hacer rutas circulares por Las Villas. El paisaje es suave, sin grandes desniveles, para rodar tranquilo y enlazar varios pueblos en una mañana. Eso sí, el viento en la meseta puede hacer la ruta más dura de lo que parece sobre el papel.
En cuanto a gastronomía local, manda la cocina salmantina de siempre: embutidos, legumbres, chanfaina, carnes de vacuno y de cerdo, guisos de cuchara en invierno y platos más frescos cuando aprieta el calor. En primavera el hornazo aparece en muchas mesas, sobre todo en días de campo y romerías en la zona.
Una de las cosas más sencillas y agradecidas aquí es charlar con la gente del pueblo en la plaza o en el bar. Pregunta por los caminos, por el tiempo, por cómo estaba esto hace 30 años. Te acabarán dando más información sobre Babilafuente y Las Villas que cualquier folleto, y muchas veces con anécdota incluida.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Babilafuente gira en torno a las celebraciones habituales de los pueblos castellanos. Las fiestas patronales se celebran en torno al 15 de agosto, por la Asunción de la Virgen, titular de la parroquia. Son días de verbenas, actividades para distintas edades y vuelta de muchos vecinos que viven fuera.
A mediados de septiembre suele haber también festejos populares con actividades taurinas, muy arraigadas en la comarca de Las Villas. Es cuando el pueblo está con más movimiento, con calles llenas y ambiente hasta tarde.
En Semana Santa el pueblo se vive de otra manera: procesiones sobrias, silencio y ritos que se repiten año tras año. No esperes grandes pasos ni multitudes, pero sí un ambiente recogido que ayuda a ver el carácter de la zona.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca capital se llega a Babilafuente por carretera en unos 20 minutos, tomando la vía que va hacia el este (DSA-345 y conexiones según el punto de salida) [VERIFICAR]. También está cerca de Alba de Tormes, a unos 12 kilómetros, lo que permite combinar la visita a ambos.
Si solo tienes unas horas
- Acércate a la plaza y a la iglesia, tanto por fuera como por dentro si está abierta.
- Da una vuelta corta por las calles del casco antiguo.
- Sal por alguno de los caminos a las afueras para ver el pueblo desde fuera, rodeado de campos. Con 1–2 horas te haces buena idea de lo que es Babilafuente.
Cuándo visitar Babilafuente
La primavera es, en la práctica, cuando más luce: campos verdes, temperaturas suaves y más vida en la calle. El otoño también funciona bien, con días más frescos y paisajes ocres.
En verano puede apretar el calor durante el día, pero las noches refrescan algo por la altitud. Es buena época si te coinciden las fiestas y no te importa el bochorno de las tardes y el sol fuerte en los caminos.
El invierno es frío, de los de abrigo de verdad y cielos abiertos; tiene su interés si te gusta la Castilla más dura, pero los días son cortos y hay menos ambiente. Si hace mal tiempo, el plan se reduce a paseo corto, charla y poco más.
Lo que no te cuentan
Babilafuente es un pueblo pequeño y se ve rápido. No te va a llenar dos días enteros de visita por sí solo: funciona mejor como parada tranquila, como visita de medio día desde Salamanca o como base si te mueves por Las Villas.
Las fotos pueden dar sensación de gran pueblo monumental y no es el caso: el interés está en el ritmo de vida rural, en los campos que lo rodean y en la cercanía a otros puntos de la provincia, más que en una lista larga de monumentos. Si ajustas la expectativa y vienes sabiendo que vas a encontrar un pueblo de trabajo y vida normal, lo disfrutarás más.