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sobre Espinosa de los Monteros
Villa norteña con mayor número de monumentos catalogados de la provincia tras la capital; cuna de los Monteros del Rey
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En el extremo norte de la provincia de Burgos, donde Castilla y León se junta con Cantabria, se alza Espinosa de los Monteros como la capital histórica de las Merindades. Con sus 1.642 habitantes y situada a 762 metros de altitud, esta villa montañesa conserva un patrimonio señorial y una tradición ganadera que se notan en el día a día: en las ferias, en las cuadras al lado de las casas y en el trasiego de gente del valle. A poco que te salgas de la plaza, verás más prados y caseríos que tiendas de recuerdo.
El nombre de Espinosa evoca inmediatamente a los legendarios Monteros del Rey, aquel cuerpo de guardia real formado por naturales de la villa que durante siglos custodiaron el sueño de los monarcas castellanos. Este privilegio medieval dejó su huella en forma de casonas blasonadas y torres defensivas que salpican el casco urbano, recordando tiempos de hidalguía y honor, aunque hoy conviven con comercios, coches y vida corriente. No es un casco viejo de postal impoluta, sino un pueblo vivo con su mezcla de lo viejo y lo remendado.
Rodeada de montañas que superan los 1.400 metros y bañada por las aguas del río Trueba, Espinosa se presenta como un buen punto de partida para explorar algunos de los parajes naturales más interesantes de Burgos, desde las grandes masas de hayedo hasta los altos que miran ya hacia Cantabria. Conviene venir con tiempo: el mapa engaña, las distancias son cortas pero las carreteras son de puerto y se va más despacio de lo que uno calcula desde casa.
Qué ver en Espinosa de los Monteros
El Palacio de los Velasco o Torre de los Velasco constituye el edificio más emblemático de la villa. Esta robusta construcción medieval del siglo XIV, con su torre de tres plantas, representa el poder que la familia Velasco ejerció sobre estas tierras. Aunque es de propiedad privada, su imponente presencia domina la plaza principal y merece una contemplación desde el exterior, sobre todo si te paras un momento a fijarte en los detalles de la piedra y los escudos. No esperes visitas teatralizadas ni grandes carteles explicativos: aquí toca mirar y tirar un poco de imaginación.
El conjunto de casonas blasonadas distribuidas por el casco antiguo habla del pasado noble de Espinosa. La Casa de los Fernández Villa, la Casa de los Monteros y otras construcciones tradicionales montañesas lucen escudos heráldicos en sus fachadas, creando un entorno urbano de gran valor histórico. Un paseo tranquilo por sus calles, sin prisa y dejándote llevar más que siguiendo una lista, permite descubrir estos edificios centenarios mezclados con casas más humildes y calles vividas. En media mañana se recorre bien a ritmo pausado, parando a mirar detalles.
La iglesia de Santa Cecilia, de origen medieval aunque reformada en siglos posteriores, guarda en su interior retablos barrocos de notable factura. Su estructura refleja la importancia que Espinosa tuvo como centro religioso y administrativo de la comarca. Es una parada lógica si ya estás en el centro y te gusta entrar en templos, más por el ambiente que por buscar “la foto”.
A pocos kilómetros del núcleo urbano se encuentran las Cuevas de Ojo Guareña, uno de los complejos kársticos más extensos de Europa. Con más de 100 kilómetros de galerías exploradas, estas cuevas albergan la ermita de San Bernabé, una pequeña capilla rupestre del siglo XIII que se adentra en la propia cueva, creando un espacio de gran misticismo. Las visitas guiadas permiten conocer parte de este laberinto subterráneo y sus formaciones geológicas; no se visita “toda la cueva”, sino un tramo pequeño pero bien preparado, pensado más para hacerse una idea general que para una exploración profunda.
El desfiladero de La Engaña ofrece paisajes de montaña llamativos, con paredes verticales que se elevan sobre el río Trueba. Esta ruta natural conecta Espinosa con tierras cántabras y puede recorrerse en coche o a pie. Si decides caminar, conviene informarse bien del trazado y no improvisar, porque las distancias y los desniveles se notan más de lo que parece en el mapa. El tiempo aquí cambia rápido y una vuelta “corta” se puede alargar más de la cuenta.
Qué hacer
Las rutas de senderismo abundan en el entorno de Espinosa. El ascenso al castro de Monte Hijedo combina naturaleza e historia, llevando hasta un yacimiento arqueológico en un alto desde donde se contempla toda la comarca. Los hayedos de la zona ofrecen paseos especialmente hermosos en otoño, cuando el follaje se tiñe de ocres y dorados y el suelo cruje bajo las botas. En primavera, el verde es casi agresivo y el agua baja con fuerza, así que conviene traer calzado que no te importe manchar.
Los aficionados a la espeleología tienen en Ojo Guareña un destino de referencia, aunque se recomienda ir siempre con guías especializados para las zonas no acondicionadas. La visita turística a la ermita de San Bernabé resulta asequible para todos los públicos y se recorre en poco tiempo, así que conviene combinarla con algún paseo por los alrededores o con una vuelta tranquila por Espinosa, para que el día no se quede corto.
La gastronomía local se basa en productos de la tierra: cordero lechal, legumbres de la zona, quesos artesanales y miel de montaña. Los asados tradicionales y las ollas montañesas forman parte de una cocina contundente adaptada al clima de montaña. En otoño, los guisos de setas completan una oferta gastronómica que refleja la riqueza natural del entorno, siempre con raciones generosas pensadas más para gente que trabaja en el campo que para un picoteo rápido. Aquí se come para aguantar el puerto, no para subir a las redes sociales.
Para quienes buscan un ritmo pausado, Espinosa permite bajar el ritmo en un entorno rural auténtico, visitando pequeños pueblos de la comarca como Quintanilla de los Adrianos o San Miguel de Cornezuelo, con sus iglesias románicas y arquitectura tradicional. El plan suele ser sencillo: coche, paseo corto, charla con quien te encuentres y vuelta al valle.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Bernabé se celebran el 11 de junio, con procesiones, actos religiosos y actividades lúdicas que reúnen a toda la comarca. Esta festividad mantiene viva la devoción hacia el santo cuya ermita se encuentra en las cuevas, y es uno de esos días en que se nota que Espinosa es cabecera de valle.
A finales de agosto, las fiestas de verano traen verbenas, concursos tradicionales y eventos deportivos, aprovechando el buen tiempo estival. Es el momento en que muchos espinariegos que viven fuera regresan al pueblo y las calles ganan ruido y movimiento.
La Semana Santa se vive con intensidad en Espinosa, con procesiones que recorren las calles empedradas del casco antiguo, manteniendo tradiciones centenarias. No es una celebración masificada, tiene más de reencuentro entre vecinos que de espectáculo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Burgos capital, Espinosa de los Monteros se encuentra a unos 85 kilómetros por la N-623 en dirección norte, un trayecto de aproximadamente una hora y cuarto si el puerto está despejado. Desde Santander, la distancia es similar, accediendo por la comarca de Campoo. En ambos casos, los últimos kilómetros son de carretera de montaña, con curvas y puertos: conviene no ir con prisas y contar algún margen extra si el día sale lluvioso o con niebla.
Cuándo visitar Espinosa de los Monteros
La primavera y el otoño traen temperaturas agradables y paisajes especialmente agradecidos. El verano es bueno para el senderismo, aunque puede hacer calor al mediodía en las zonas más abiertas y refresca en cuanto se va el sol, así que una chaqueta fina en la mochila nunca sobra. El invierno resulta frío, con posibles nevadas que añaden belleza al paisaje pero pueden complicar los accesos, así que antes de venir en esa época conviene revisar el estado de los puertos y no apurar horarios.
SI SOLO TIENES…
Si solo tienes 1–2 horas
Te da tiempo a pasear por el centro, rodear la Torre de los Velasco, asomarte a Santa Cecilia y bajar al río Trueba. Es un paseo sencillo, casi llano, que se hace bien entre café y café.
Si tienes el día entero
Puedes combinar casco urbano por la mañana y entorno natural por la tarde: Ojo Guareña o un tramo del desfiladero de La Engaña encajan bien. A ritmo tranquilo, contando parada para comer y algún desvío improvisado, el día cunde sin sensación de ir corriendo.
LO QUE NO TE CUENTAN
Espinosa de los Monteros, como pueblo, se recorre rápido: en un par de horas has visto lo principal del casco urbano. El atractivo está tanto en el propio pueblo como en el valle y las montañas que lo rodean, así que merece más la pena pensarlo como base para explorar la zona que como visita fugaz de foto y vuelta al coche.
Las fotos que circulan suelen enseñar solo las casonas blasonadas y la torre, pero el resto del pueblo es mixto: hay casas nuevas, naves, tráfico y vida diaria. Si vienes con esa idea clara, se disfruta mucho más.