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sobre Medina de Pomar
Histórica villa de las Merindades con un imponente alcázar y casco antiguo medieval de gran valor
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En el corazón de Las Merindades, la comarca más septentrional de Burgos, se alza Medina de Pomar como una de las villas históricas relevantes de esta tierra de frontera entre Castilla y el País Vasco. Con casi 6.000 habitantes, esta localidad situada a 583 metros de altitud conserva un legado medieval sólido que la convierte en una buena parada para quien quiera asomarse a la historia de Castilla y León sin meterse en una ciudad grande.
Medina de Pomar fue en su día capital del Señorío de los Velasco, una de las familias nobiliarias más poderosas de Castilla, y ese pasado se nota todavía en sus calles empedradas, en sus palacios señoriales y en su fortaleza. Pasear por su casco histórico es retroceder unos siglos a ratos y, al siguiente giro, volver al presente con bloques de pisos y comercios actuales. No todo es postal, y eso también ayuda a entender que esto no es un decorado, sino una villa donde se vive todo el año.
Medina de Pomar no es solo historia. Su posición estratégica en Las Merindades la convierte en una buena base para explorar una comarca de paisajes verdes, desfiladeros y pueblos pequeños. Aquí, entre montañas que se adivinan en el horizonte sin llegar a ser un entorno de alta montaña, el viajero encuentra un equilibrio razonable entre servicios de una pequeña ciudad y ambiente rural.
Qué ver en Medina de Pomar
El Alcázar de los Condestables de Castilla, también conocido como Castillo de los Velasco, es el monumento más reconocible de la villa. Esta fortaleza del siglo XIV, con sus torres cuadradas y su recinto amurallado, domina el casco urbano y alberga en su interior el Museo Histórico de Las Merindades, donde se puede profundizar en la historia de la comarca y del poderoso linaje que gobernó estas tierras. Conviene revisar horarios y días de cierre antes de plantarse en la puerta, porque no abre siempre a todas horas.
El Convento de Santa Clara, fundado en el siglo XIV, llama la atención por su iglesia gótica y su claustro renacentista. Este conjunto monástico ha sido restaurado y puede visitarse, permitiendo admirar su arquitectura y los restos de pinturas murales que decoraban sus muros. La sobriedad franciscana se combina aquí con la elegancia propia de un edificio patrocinado por la nobleza castellana. La visita es relativamente rápida, pero compensa entrar si te interesa el arte religioso.
En el casco histórico es lógico centrar el paseo en la Plaza del Alcázar y sus calles aledañas, donde se conservan casas blasonadas y casonas señoriales que recuerdan el importante pasado de la villa. La iglesia parroquial de Santa Cruz, aunque de construcción más tardía, guarda también interés y suele quedar a mano en un recorrido a pie sin grandes rodeos.
Conviene acercarse al Hospital de la Vera Cruz, un edificio medieval que formaba parte del Camino de Santiago del Norte y que testimonia la tradición hospitalaria de la villa con los peregrinos que atravesaban Las Merindades. No es un edificio monumental en el sentido clásico, pero ayuda a encajar Medina en la red de rutas históricas que cruzan la comarca.
Qué hacer
Medina de Pomar es un punto de partida práctico para realizar rutas de senderismo por Las Merindades. Desde la villa parten caminos que permiten descubrir el paisaje de la comarca, con sus praderas verdes y sus bosques atlánticos. La cercanía al desfiladero de la Horadada o a los Montes Obarenes amplía las posibilidades para quienes buscan algo más de desnivel o vistas amplias. Conviene mirar antes mapas y tiempos, porque los senderos no siempre están señalizados con la claridad de un parque urbano.
La gastronomía local merece una atención especial. En Medina de Pomar se pueden probar platos y productos típicos de la zona: la olla ferroviaria, distintos guisos de legumbre, quesos de la comarca o la morcilla, que suelen aparecer en menús y raciones, acompañados de vinos de denominaciones castellanas cercanas. No es una cocina de florituras, pero sí de plato caliente y contundente, más agradecida cuanto más fresco hace fuera.
El mercado semanal, que se celebra tradicionalmente, es una buena oportunidad para ver cómo se mueve la gente de la zona y adquirir productos de la tierra. La villa mantiene viva su tradición comercial desde tiempos medievales, aunque hoy convive con supermercados y negocios más recientes, así que el ambiente cambia bastante del día de mercado a un día cualquiera entre semana.
Para quienes quieren turismo cultural, desde Medina de Pomar se pueden encadenar fácilmente visitas a pueblos de Las Merindades con ermitas rupestres, torres medievales y conjuntos históricos repartidos por toda la comarca. Hay que calcular bien tiempos y carreteras secundarias: el mapa engaña y las distancias, aunque cortas en kilómetros, se alargan en minutos por curvas, pueblos intermedios y límites de velocidad.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales de San Juan se celebran a finales de junio con verbenas, actos religiosos y actividades para distintos públicos. Es uno de los momentos más animados del año en la villa, con mucha gente de los pueblos de alrededor y un ambiente bastante más bullicioso de lo habitual.
En agosto tienen lugar las fiestas en honor a Nuestra Señora de la Esperanza, con programación festiva que suele incluir eventos culturales, deportivos y lúdicos que atraen tanto a vecinos como a visitantes que veranean en la zona.
Durante el mes de julio, Medina de Pomar acoge eventos culturales y representaciones teatrales que aprovechan el marco del Alcázar y otros espacios históricos de la villa. La programación cambia según el año, así que conviene consultar la agenda municipal actualizada.
La Semana Santa se vive con devoción en Medina de Pomar, con procesiones que recorren las calles del casco antiguo en un ambiente de recogimiento. No es una celebración masificada, y eso permite seguir los pasos sin grandes agobios, pero conviene prever que esos días hay cortes de tráfico y cambios de recorrido habituales en cualquier casco histórico.
Cuándo visitar Medina de Pomar
La primavera y el otoño suelen ser las mejores épocas si se busca temperatura suave, días razonablemente largos y paisaje especialmente verde. El verano concentra buena parte de la actividad festiva y cultural, pero también más movimiento y plazas de aparcamiento más peleadas en algunos momentos, sobre todo en torno al casco histórico.
El invierno en Medina de Pomar es frío, con días cortos y posibilidad de niebla o lluvia. A cambio, el casco histórico se recorre con mucha más tranquilidad y los alrededores muestran otra cara, más desnuda y silenciosa. Si el tiempo se tuerce, siempre queda la opción de centrarse en visitas a interiores (Alcázar, convento, iglesia) y paseos cortos por el casco.
Errores típicos al visitar Medina de Pomar
- Pensar que es un pueblo pequeño “de una hora”: entre el Alcázar, el convento, el casco histórico y alguna parada tranquila, Medina se va fácilmente a medio día largo. Si además se quiere enlazar con algún plan en Las Merindades, mejor reservar el día entero.
- Confiarse con el coche en días de fiesta o mercado: en determinadas fechas, el aparcamiento cerca del centro se complica y hay cortes de tráfico. Conviene llegar con algo de margen y estar atento a la señalización, en lugar de intentar “colar” el coche en cualquier hueco.
- Subestimar el clima: incluso en verano refresca al atardecer y el viento se nota. En invierno, la humedad y el frío se sienten en las calles del casco antiguo. Una chaqueta de más suele sobrar menos que faltar.
Lo que no te cuentan
Medina de Pomar se ve bien a pie y el casco histórico no es enorme. Si alguien va esperando una ciudad monumental al estilo de Burgos o León, saldrá con sensación de que “ya está todo visto” bastante pronto. Funciona mejor como villa base o como parada dentro de una ruta por Las Merindades que como destino único de varios días seguidos.
Las fotos del Alcázar y de la plaza tienden a enseñar solo el ángulo más fotogénico. En cuanto te sales de ese eje, aparecen barrios residenciales y zonas más modernas y funcionales. No es un fallo: simplemente conviene ajustar la expectativa y entender que buena parte del interés está en combinar el paseo histórico con escapadas por la comarca.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Burgos capital, Medina de Pomar se encuentra a unos 80 kilómetros por la N-623 y la N-629, un trayecto de aproximadamente una hora en coche. La villa está bien comunicada por carretera y cuenta con servicios de autobús regular desde Burgos y otras localidades de la provincia.
Mejor época para visitar: La primavera y el otoño ofrecen temperaturas agradables y paisajes especialmente agradecidos. El verano funciona bien si se quiere coincidir con las fiestas patronales, mientras que el invierno es más tranquilo y apto para quien prefiera visitas pausadas y sin aglomeraciones, siempre que se asuma el frío y los días cortos.