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sobre San Felices
Pueblo agrícola cerca de la frontera con La Rioja
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En las estribaciones del Moncayo, donde Castilla y León se encuentra con Aragón, San Felices se alza a 925 metros de altitud como uno de esos pueblos mínimos que el turismo de masas pasa de largo sin enterarse. Con unos 55 habitantes, este núcleo de la comarca del Moncayo soriano resume bastante bien lo que es hoy el mundo rural castellano: casas de piedra pegadas a la ladera, calles cortas, algún tramo empedrado, y un silencio que no es de postal, es el de un sitio donde vive poca gente todo el año.
La aldea se incrusta en un paisaje que combina encinares, robledales y pastizales de montaña, con el macizo del Moncayo vigilando desde el horizonte. Aquí el tiempo transcurre a otro ritmo, y quien venga buscando “planes” organizados se va a aburrir rápido; lo que hay es calma, aire limpio y poco más. San Felices no tiene grandes monumentos ni programación cultural constante, pero sí algo que empieza a escasear: vida rural sin maquillaje.
¿Qué ver en San Felices?
El patrimonio de San Felices es discreto pero reconocible para cualquiera que haya pateado pueblos de montaña de la zona.
La iglesia parroquial, dedicada a San Félix, es el elemento más visible. Es un templo de origen medieval, reformado con los siglos, sencillo por dentro y por fuera. No esperes grandes obras de arte, pero sí una construcción proporcionada, que cuadra con el tamaño del pueblo y se integra bien con las casas que la rodean.
El verdadero interés está en la arquitectura popular. El paseo, más que “monumental”, es de fijarse en los detalles: muros de piedra, dinteles antiguos, corrales, pajares ya en desuso y pequeñas plazuelas donde aún se reúne la gente del pueblo cuando hace bueno. Las casas mantienen la tipología serrana, con muros gruesos y ventanas pequeñas pensadas para aguantar inviernos largos y fríos, no para hacer fotos desde dentro.
El entorno natural es el punto fuerte. San Felices funciona como puerta de entrada a los paisajes del Moncayo soriano, con zonas de bosque mediterráneo de montaña y dehesas donde el ganado pasta en semilibertad. Desde el propio casco se obtienen vistas amplias de la comarca, especialmente al atardecer, cuando la luz baja y tiñe los campos de tonos dorados.
Los alrededores inmediatos invitan a caminar sin grandes complicaciones, siguiendo fuentes, antiguos caminos ganaderos y lomas que funcionan como miradores naturales hacia el Moncayo y los valles cercanos.
Qué hacer
San Felices es terreno tranquilo para el senderismo de montaña suave. Varias rutas, más o menos señalizadas, parten desde el pueblo o sus inmediaciones. No son travesías alpinas, pero sí caminos que suben y bajan entre robles, encinas, matorral y pastos. Muchos son antiguos senderos ganaderos o vías de comunicación entre pueblos, así que lo normal es cruzarse con poco tráfico humano y mucho silencio.
Para quien tenga paciencia con los prismáticos, la observación de fauna puede dar alegrías. En la zona viven jabalíes, corzos y una buena representación de aves rapaces. Las épocas de migración resultan más interesantes para los aficionados a la ornitología, aunque no hay infraestructuras específicas: aquí cada uno se organiza como puede.
La gastronomía serrana es más asunto de la comarca que del propio pueblo. En San Felices no hay una red de bares y restaurantes organizada, así que conviene contar con las localidades cercanas para sentarse a comer. Lo típico por aquí: asados de cordero lechal, embutidos artesanos, platos de matanza y, cuando toca, setas de temporada. Cocina de montaña, directa y sin florituras.
La fotografía de paisaje tiene buen material: horizontes amplios, cambios de luz rápidos y estaciones muy marcadas. En primavera, verdes intensos; en verano, campos dorados y cielos limpios; en otoño, robledales y encinares con tonos ocres; en invierno, el Moncayo nevado al fondo y, a veces, alguna nevada también en el entorno del pueblo.
Fiestas y tradiciones
Como en tantos pueblos pequeños de la España interior, el calendario festivo en San Felices gira en torno al santoral y al ciclo agrícola. Las fiestas patronales suelen celebrarse en torno a septiembre [VERIFICAR], cuando regresan muchos hijos del pueblo que viven fuera y las calles vuelven a tener algo más de vida.
Son fiestas muy de casa: misa, procesión, comida popular, música, baile y mucha conversación. Más que un “evento”, es un reencuentro entre vecinos y familias, y quien llega de fuera y se integra con respeto suele ser bien recibido.
Cuándo visitar San Felices
Primavera y otoño son los momentos más agradecidos: hay agua en el campo, los colores del paisaje cambian rápido y las temperaturas permiten caminar a gusto durante el día.
En verano, los días pueden ser calurosos, pero las noches refrescan. Es buena época si quieres caminar temprano y dedicar las horas centrales del día a moverte en coche por la comarca.
El invierno tiene su punto, con el Moncayo nevado y ambiente de montaña, pero exige venir con margen de tiempo y mirar bien la previsión meteorológica: las heladas y la nieve complican la conducción y los paseos largos.
Si llueve, el plan se reduce a paseos cortos por el pueblo y carreteras comarcales para conocer otros núcleos de la zona. El barro en los caminos no es un detalle menor por aquí: más de uno ha tenido que dar media vuelta o alargar ruta por no calcularlo.
Lo que no te cuentan
San Felices es muy pequeño y se ve rápido. En una mañana te has recorrido el casco, te has acercado a algún mirador cercano y has hecho las fotos de rigor. Es más un buen alto en una ruta por el Moncayo y la raya entre Castilla y Aragón que un destino para pasar varios días sin moverte.
Las fotos que circulan a veces dan la sensación de un caserío grande, pero conviene ajustar expectativas: hay rincones cuidados y encuadres muy fotogénicos, pero el tamaño real es el que es. Eso, para algunos, es precisamente la gracia: pocos coches, poco ruido y ninguna prisa. Si necesitas tiendas, bares a mano y mucha actividad, este no es tu sitio; si lo que quieres es pasear sin mirar el reloj, encaja mejor.
Errores típicos al visitar San Felices
- Venir pensando en “mucho que ver”: el pueblo es pequeño, se recorre rápido y la gracia está más en el entorno y la calma que en ir tachando puntos de una lista.
- Confiarse con los servicios: no hay gasolinera, ni cajero, ni apenas bares abiertos de forma constante. Mejor llegar con el depósito decente y algo de comida y agua en el coche.
- Subestimar el frío y el viento: incluso en días soleados, el aire del Moncayo se nota. Un cortavientos o una chaqueta fina evitan volver al coche antes de tiempo.
- Meter el coche donde no toca: las calles son estrechas y algunas se complican para maniobrar. Mejor dejar el coche a la entrada del pueblo y moverse a pie.
Información práctica
Cómo llegar:
Desde Soria capital, hay unos 60 kilómetros por la N-122 en dirección Ágreda y, después, por carreteras comarcales. El último tramo discurre por carreteras de montaña, generalmente en buen estado, pero conviene conducir con calma, sobre todo en invierno o con niebla. Desde Ágreda, el acceso es algo más directo, también por carreteras secundarias.
Consejos prácticos:
San Felices es una aldea muy pequeña y sin servicios turísticos propios: no cuentes con gasolinera, cajero ni una oferta estable de bares o tiendas. Mejor aprovisionarse en pueblos mayores de la zona y venir con todo lo necesario, especialmente agua y algo de comida si piensas caminar.
El alojamiento también hay que buscarlo en localidades de mayor tamaño de la comarca. Lleva calzado adecuado para senderos de montaña y ropa de abrigo incluso en verano para las noches. Y, por pura convivencia, respeta la tranquilidad del pueblo: muchas de las casas son viviendas habituales o segundas residencias, no un decorado.
Si solo tienes…
…1–2 horas:
Paseo tranquilo por el casco, vuelta en torno a la iglesia, bajar y subir alguna de las calles laterales y asomarte a los alrededores para tener vistas del Moncayo. Es más de caminar sin prisa que de “ir a ver” algo concreto.
…el día entero:
Combina la visita rápida al pueblo con una ruta a pie por los caminos que salen hacia los montes cercanos o por la carretera comarcal enlazando otros pueblos del entorno del Moncayo. San Felices encaja bien como parada en una jornada de recorrido por la zona, no tanto como plan único.