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sobre Valdelagua del Cerro
Pequeña aldea con vistas panorámicas
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En las estribaciones de la Sierra del Moncayo, donde Castilla y León se da la mano con Aragón, está Valdelagua del Cerro: un pequeño caserío de piedra y silencio. Con apenas 13 habitantes censados, esta aldea soriana se alza a 1.118 metros de altitud, y aquí lo de “turismo rural” no es un eslogan: es simplemente la vida tal cual la llevan quienes han decidido quedarse.
El nombre del municipio no engaña: agua y cerros mandan en el paisaje. Rodeada de robledales y pastizales de montaña, Valdelagua del Cerro forma parte de esa España vaciada de la que tanto se habla, pero que aquí sigue funcionando al ritmo de las estaciones. Sus casas de piedra y arquitectura tradicional serrana se agrupan en torno a una pequeña plaza donde no hay prisa para nada y donde el silencio no es una pose, es el día a día… salvo en agosto, cuando el pueblo duplica o triplica habitantes y se nota en cualquier esquina.
Para quien busca escapar del ruido y asomarse a la montaña soriana más tranquila, este enclave permite ver cómo es un pueblo cuando ya no vive del visitante, sino de su propio ciclo y de su entorno.
Qué ver en Valdelagua del Cerro
El patrimonio de Valdelagua del Cerro es modesto, pero muy reconocible para quien conozca los pueblos del Moncayo. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano, un templo sencillo que concentra la vida comunitaria en fiestas y celebraciones. Su campanario se ve desde los caminos de acceso y sirve como referencia cuando uno se acerca entre curvas y lomas.
El verdadero interés está en la arquitectura tradicional serrana. Construcciones de piedra, tejado de teja árabe, antiguas cuadras, corrales y eras que hablan de un tipo de vida ya casi desaparecido. Pasear por sus calles es recorrer un pequeño resumen de la vida rural soriana, sin maquillajes ni grandes restauraciones: alguna casa arreglada, otras a medio caer, huertos, aperos viejos… lo que hay en un pueblo vivo, no en un decorado.
El entorno natural es el gran punto fuerte de Valdelagua. Los bosques de roble melojo que rodean el pueblo cambian de cara con cada estación: otoño de colores intensos, primavera de praderas en flor, veranos verdes y noches frescas. Desde varios puntos del término municipal se obtienen buenas vistas del Moncayo (2.314 metros), que asoma en el horizonte cuando el día está despejado.
Quien tenga paciencia y prismáticos disfrutará con la fauna: en los alrededores se dejan ver aves rapaces como águila real, buitre leonado o milano real surcando los cielos, sobre todo en días claros y tranquilos [VERIFICAR según época].
Qué hacer
El senderismo es la actividad más lógica en Valdelagua del Cerro. Desde el pueblo salen caminos y sendas tradicionales que conectan con otras localidades de la zona y se internan en los bosques de la sierra. No esperes una red perfectamente señalizada tipo parque nacional: aquí se camina por pistas forestales, viejos caminos vecinales y senderos usados de toda la vida. Conviene llevar mapa o track descargado y algo de sentido común: si hay niebla o amenaza tormenta, mejor no meterse muy lejos.
Una buena opción es seguir alguno de los caminos ganaderos que aún se conservan, restos de la trashumancia que durante siglos sostuvo la economía local. Estas vías pecuarias permiten caminatas de dificultad moderada, con cuestas pero sin tecnicismos, que se pueden hacer también con chavales acostumbrados a andar. No hay fuentes señalizadas, así que el agua, en la mochila.
La fotografía de naturaleza aquí funciona si te gusta el detalle: muros de piedra medio derruidos, contrastes entre la piedra y el verde, cielos muy limpios y la silueta del Moncayo al fondo en los días claros. Amaneceres y atardeceres son los mejores momentos, tanto por luz como por tranquilidad.
En cuanto a gastronomía, en el propio pueblo las opciones son muy limitadas, acorde a su población. Lo normal es alojarse o comer en localidades cercanas y desde allí moverse en coche. En la comarca se pueden probar productos de montaña: setas de temporada, cordero, embutidos artesanos, migas y guisos contundentes que entran especialmente bien cuando refresca.
Fiestas y tradiciones
Las celebraciones en Valdelagua del Cerro tienen el ambiente recogido de los pueblos muy pequeños. Las fiestas patronales se concentran en verano, generalmente en agosto, cuando vuelven los hijos del pueblo y quienes tienen aquí casa familiar. Son días de reencuentro, con verbena, algún acto popular y los oficios religiosos de siempre. Más que “programa festivo”, es juntarse y hacer vida en la calle mientras dura el buen tiempo.
La festividad de San Antón, en enero, conserva en algunas casas la costumbre de bendecir a los animales, recuerdo de cuando la ganadería era el pilar económico. Hoy participan menos vecinos que antes, pero sigue siendo parte de la memoria del lugar.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital (unos 70 kilómetros aproximadamente), se accede por la N-122 en dirección Ágreda y, luego, por carreteras comarcales que atraviesan la zona de sierra. Desde Ágreda, el acceso es más corto, en torno a 25 kilómetros. Conviene llevar el GPS actualizado, revisar el parte meteorológico y extremar la precaución en invierno, porque la nieve y el hielo complican la circulación. De noche, hay tramos con poca o ninguna iluminación: toca ir despacio.
Mejor época: Primavera (mayo-junio) y otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradables para caminar y ver el monte en su mejor punto. El verano es relativamente fresco gracias a la altitud, aunque julio y agosto concentran más gente de segunda residencia. El invierno es frío y puede ser duro, pero a quien le guste la nieve y la sensación de estar prácticamente solo, le encaja.
Consejos prácticos: Valdelagua es pequeño y no tiene servicios básicos ni comercios, así que conviene llegar con la compra hecha y todo lo necesario para la estancia. La localidad más cercana con tienda, bar y otros servicios está a varios kilómetros en coche. Es importante respetar las propiedades privadas, cerrar portillas si se pasan zonas de ganado, y mantener el nivel de ruido bajo: para ti es un paseo, para los vecinos es su casa. Y lleva abrigo incluso en verano si vas a quedarte hasta tarde; refresca más de lo que parece.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el núcleo, fijándote en casas, corrales y eras.
- Acercarte a las afueras por cualquiera de los caminos que salen del pueblo para tener una vista más amplia del valle y, si el día acompaña, del Moncayo.
- Charlar un rato con quien te encuentres, si se tercia: muchas veces aprenderás más así que leyendo cualquier guía.
Si tienes el día entero
- Hacer una ruta circular por pistas y caminos ganaderos (consulta antes en mapas o con gente de la zona la mejor opción según tu forma física).
- Comer en algún pueblo cercano y rematar la tarde volviendo a Valdelagua a pasear con la luz baja y el silencio metiéndose por las calles.
Lo que no te cuentan
- El pueblo es muy pequeño y se ve rápido. No esperes una “ruta monumental” ni una lista larga de visitas: el valor está en el paisaje y en el ritmo lento, no en los “puntos de interés”.
- Las fotos que circulan por internet pueden dar sensación de pueblo más grande o más cuidado para el turismo del que es. Aquí no hay terrazas, ni tiendas de recuerdos ni animación organizada.
- Es más un lugar al que acercarse medio día o usar como base tranquila para explorar el Moncayo soriano que un destino donde pasar una semana larga, salvo que vengas a escribir, teletrabajar o simplemente desconectar del todo.