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sobre Valdepiélago
Puerta del alto Curueño; destaca por su puente medieval y las ruinas del castillo de Montuerto
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El turismo en Valdepiélago se entiende mejor si primero se mira el mapa. El municipio se extiende por el valle medio del río Curueño, en la Montaña Central leonesa, una zona donde el relieve obliga a los pueblos a acomodarse entre laderas y pequeños rellanos junto al agua. Más que un único núcleo, Valdepiélago es un conjunto de localidades —Aviados, Montuerto, Nocedo de Curueño, Otero de Curueño, La Mata, Ranedo, Valdecastillo y Valverde de Curueño— repartidas a lo largo del valle. Hoy suman poco más de trescientas personas. No siempre fue así: durante buena parte del siglo XX la población empezó a disminuir, como ocurrió en muchos pueblos de montaña de la provincia.
El propio nombre del municipio describe bien el lugar. “Valde‑” remite al valle, y el río Curueño marca su eje natural. A ambos lados aparecen laderas calizas y pequeños desfiladeros que condicionaron desde antiguo dónde construir y cómo hacerlo. En los pueblos todavía se ven casas levantadas con piedra de la zona, tejados de pizarra y balcones de madera. No es una arquitectura pensada para lucirse, sino para resistir inviernos largos y aprovechar lo que había a mano. Algunas viviendas siguen habitadas todo el año; otras se abren sobre todo en verano. También hay edificios que han quedado vacíos, algo que forma parte de la historia reciente del valle.
Iglesias y memoria local
Cada pueblo mantiene su propia iglesia parroquial, que en muchos casos actúa como referencia histórica del lugar. La de Valdepiélago conserva partes que suelen situarse en el siglo XVI, aunque el edificio ha pasado por varias reformas posteriores, algo bastante común en la arquitectura rural. En otras localidades del municipio —como La Mata o Valverde de Curueño— aparecen retablos y elementos decorativos sencillos que recuerdan épocas en las que estos pueblos tenían más vecinos y una vida parroquial más intensa.
No son grandes monumentos, pero ayudan a entender cómo se organizaba la comunidad: la iglesia, el pequeño cementerio cercano y, alrededor, las casas del pueblo.
El valle del Curueño
El paisaje aquí lo explica casi todo. El río Curueño atraviesa el municipio y crea una franja de prados y vegetación de ribera que contrasta con las laderas más secas y las paredes calizas. En algunos tramos el valle se abre y deja ver praderas amplias; en otros se estrecha entre roca.
Los afloramientos de caliza son muy visibles en varios puntos del término municipal. Incluso sin conocimientos de geología se distinguen bien los estratos y los cortes de la roca, que cuentan la historia de estas montañas formadas hace millones de años.
En los meses templados el valle cambia bastante: el río mantiene caudal y las orillas se llenan de vegetación. Es entonces cuando más gente recorre los caminos que conectan los distintos pueblos.
Caminos entre pueblos
Antes de las carreteras actuales, la comunicación entre los núcleos se hacía por senderos y caminos ganaderos. Algunos de esos trazados siguen utilizándose para caminar. Permiten ir enlazando pueblos del municipio a pie y entender mejor cómo se articulaba el valle.
A medida que se gana altura aparecen vistas más abiertas hacia la cordillera Cantábrica y hacia las laderas que rodean el Curueño. En los tramos de bosque no es raro ver fauna común de estas montañas, aunque depende mucho de la época del año y de la tranquilidad del lugar.
En otoño hay quien sale a buscar setas por los montes cercanos, una actividad que aquí se practica desde hace tiempo y que requiere conocer bien las especies.
Fiestas y comidas de la montaña
El calendario festivo sigue marcando el ritmo de muchos pueblos del municipio. Varias localidades celebran sus fiestas patronales en verano, cuando regresan quienes viven fuera durante el resto del año. Las procesiones, la música y las reuniones vecinales mantienen vivas costumbres que han pasado de generación en generación. En algunos casos todavía se ven rondas o bailes tradicionales leoneses.
La cocina local responde a lo que históricamente se producía en la zona: carne de vacuno y cerdo, legumbres y guisos pensados para jornadas largas y clima frío. Son platos de montaña, sencillos y contundentes.
Para orientarse al llegar
El municipio se recorre siguiendo la carretera que acompaña al Curueño y que va enlazando los distintos pueblos. Muchos visitantes hacen paradas cortas en varios de ellos, caminando por el casco antiguo o acercándose al río.
Conviene tomárselo con calma: aquí lo interesante no es un único punto concreto, sino el conjunto del valle y la relación entre los pueblos, el río y la montaña que los rodea.