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sobre Vegaquemada
Municipio en la ribera del Porma; conocido por sus balnearios históricos y zonas de veraneo
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Enclavado en el corazón de la Montaña Oriental leonesa, Vegaquemada es uno de esos pueblos donde las cosas se siguen haciendo despacio y casi todo gira alrededor del campo y el ganado. A 936 metros de altitud, este pequeño municipio de apenas 428 habitantes se extiende por un territorio donde las montañas se encuentran con los valles, con praderas, robles dispersos y pastizales que llevan décadas —o siglos— dando de comer a las mismas familias.
La comarca de Montaña Oriental es una buena muestra de la España rural que todavía trabaja la tierra, y Vegaquemada encaja bien en ese paisaje. Aquí no hay colas, ni cascos históricos llenos de tiendas de recuerdos: lo que hay es arquitectura popular de piedra y madera, caminos de siempre que conectan pueblos pequeños, y una naturaleza cercana, de andar por casa, que te deja respirar.
Este rincón de León es sobre todo para quien busca tranquilidad, aire fresco y ver de cerca un modo de vida ganadero y agrícola que aguanta como puede. Vegaquemada anima a bajar el ritmo, a pasear sin prisa y a fijarse en los detalles cotidianos: un prado segado, una huerta bien cuidada, el olor a leña en invierno y el silencio roto por cuatro campanos y poco más.
¿Qué ver en Vegaquemada?
El patrimonio de Vegaquemada es humilde pero representativo de la arquitectura tradicional leonesa. El núcleo principal del pueblo conserva viviendas de piedra con balconadas de madera y corredores típicos de la zona, ejemplo bastante fiel de la arquitectura popular adaptada al clima de montaña. Pasear por sus calles es hacer un recorrido por la historia constructiva rural, donde muchas casas siguen teniendo su era, su huerto y su corral, aunque ya no se usen como antes.
La iglesia parroquial preside el conjunto urbano con su sobria arquitectura, característica de las construcciones religiosas rurales de la zona. No es un templo al que se venga “de excursión” aposta, pero si estás en el pueblo merece la pena asomarse y ver la sencillez del culto en estas tierras de montaña.
Los alrededores de Vegaquemada forman un paisaje de pastizales, pequeños bosquetes de robles y praderas de siega que en primavera se cubren de flores silvestres. Desde diversos puntos del municipio se obtienen vistas amplias hacia la Cordillera Cantábrica, que asoma en el horizonte norte con las cumbres nevadas buena parte del año en los inviernos fríos.
Los arroyos y regatos que descienden desde las alturas crean pequeños valles bastante agradables para caminar, con rincones muy fotogénicos si te gusta la fotografía de naturaleza. La fauna es la típica de montaña media; los rebecos y especies más “estrella” se ven más bien en cotas más altas y zonas más salvajes, pero aquí se agradece más la sensación de campo habitado que de naturaleza completamente virgen.
Qué hacer
Vegaquemada es territorio de senderismo tranquilo. Varios caminos rurales permiten recorrer el municipio y conectar con poblaciones vecinas siguiendo antiguas sendas ganaderas. Son pistas y senderos con dificultad baja o moderada, pensados más para pasear que para coleccionar cumbres. Aquí se camina viendo fincas, vacas y tejados, no crestas alpinas.
Una actividad interesante es seguir las rutas de los pueblos abandonados de la zona, testimonio melancólico del éxodo rural que afectó a estas montañas. Estos recorridos permiten poner cara y piedras a la despoblación: casas medio caídas, antiguas cuadras, huertas comidas por la maleza… y entender un poco mejor qué ha pasado aquí en los últimos 50 años. Es un tipo de visita que remueve más la cabeza que el cuentakilómetros.
Para quienes se fijan en la gastronomía tradicional, la zona mantiene viva la elaboración de productos como el queso de cabra, la cecina y los embutidos caseros. Lo habitual es encontrarse platos contundentes: cocido leonés, calderetas y guisos de cuchara que entran solos después de una jornada de campo, especialmente en días fríos. La cocina aquí va más de sustancia que de postureo.
En otoño, la recogida de setas es una actividad popular, siempre que se realice con conocimiento y respeto al medio ambiente. Los bosques de la zona dan varias especies comestibles que forman parte de la dieta tradicional, pero si no controlas, mejor ir acompañado de alguien de la zona o limitarse a mirar. Cada año hay sustos por gente que se lanza “a lo loco” con la cesta.
Fiestas y tradiciones
Como muchos pueblos leoneses, Vegaquemada celebra sus fiestas patronales en verano, generalmente en agosto, cuando muchos emigrantes regresan al pueblo. Estas celebraciones suelen incluir misa, procesión, comida popular y baile, con ese ambiente de reencuentro de verano tan típico de los pueblos de la montaña: mucha conversación atrasada y poco turismo de postureo.
La matanza del cerdo, aunque ya no es tan común como antaño, todavía se practica en algunos hogares durante los meses fríos, especialmente entre noviembre y febrero. Es una tradición que reúne a familias y vecinos en torno a la elaboración de embutidos y conservas, más como costumbre heredada que como necesidad.
Las festividades relacionadas con el ciclo agrícola y ganadero, como la bendición de los campos en primavera, se mantienen en algunas familias y casas, aunque con menos seguimiento que hace unas décadas. Hoy conviven la tradición y la vida moderna: tractores nuevos y ritos viejos compartiendo calendario.
Información práctica
Cómo llegar: Desde León capital, Vegaquemada se encuentra a unos 45 kilómetros por la N-621 en dirección Boñar. El trayecto ronda los 50 minutos en coche y discurre por una carretera en buen estado que asciende progresivamente hacia la montaña. El transporte público es muy limitado o prácticamente inexistente, así que lo más realista es venir en coche propio.
Mejor época para visitar: La primavera (mayo-junio) es cuando el paisaje está más verde y agradecido para caminar. El verano viene bien para escapar del calor de la meseta y notar el frescor de la montaña, sobre todo por la tarde-noche. El otoño trae buenos colores en los bosques y días algo más imprevisibles de lluvia. El invierno puede ser riguroso, con heladas frecuentes y algunas nevadas; no es raro que el termómetro se empeñe en quedarse bajo cero varias horas.
Consejos prácticos: Lleva calzado cómodo para caminar por pistas y caminos, ropa de abrigo incluso en verano (las noches refrescan más de lo que parece) y provisiones básicas. La oferta de servicios es limitada, típica de un pueblo pequeño, por lo que conviene planificar con algo de cabeza: gasolina, efectivo, comida, etc. Respeta el entorno natural, cierra las cancelas del ganado y no dejes residuos en el campo. Y recuerda que por muy “pista” que parezca, muchas son vías de trabajo para los vecinos.
Lo que no te cuentan
Vegaquemada es un pueblo para una visita tranquila y corta: se ve bien en una mañana o una tarde, y lo que más se disfruta es combinarlo con otros pueblos de la Montaña Oriental o con rutas por la zona. No vengas esperando un casco histórico grande ni una lista interminable de monumentos; aquí el plan es pasear, mirar y charlar si se da la ocasión.
Las distancias engañan: en el mapa parece que todo está cerca, pero las carreteras de montaña hacen que los tiempos se alarguen. Si quieres encajar Vegaquemada en una ruta más amplia por la comarca, calcula márgenes generosos y no pretendas enlazar diez pueblos en un día.
Si buscas fiesta nocturna, tiendas de souvenirs o un pueblo “de foto” en cada esquina, este no es tu sitio. Aquí lo normal es acostarse pronto, madrugar y que el momento más animado del día sea la hora del vermú o cuando se juntan los vecinos en la calle en verano.
Errores típicos
- Confundir “montaña” con alta montaña: la zona es montañosa, sí, pero lo que rodea Vegaquemada son valles amplios y lomas suaves. Si vienes esperando paredes verticales y lagos glaciares, te equivocas de tramo de cordillera.
- Subestimar el tiempo en coche: los kilómetros parecen pocos, pero entre curvas, camiones y tractores el ritmo baja. Mejor salir con margen si tienes que enlazar con otros planes.
- Contar demasiado con servicios locales: en un pueblo de este tamaño no hay de todo todos los días. Ven con el depósito medio lleno y algo de comida y agua, sobre todo si vas a tirar de pistas y caminos.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Un paseo tranquilo por el núcleo del pueblo, acercarte a la iglesia, asomarte a los prados y seguir alguna pista cercana para estirar las piernas. Tiempo suficiente para hacerte una idea del ambiente rural de la Montaña Oriental y continuar ruta hacia otros pueblos de la zona.