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sobre Barruelo de Santullán
Histórica localidad minera en plena Montaña Palentina; conserva su patrimonio industrial y ofrece acceso a rutas de montaña espectaculares.
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En plena Montaña Palentina, a unos 1.040 metros de altitud, Barruelo de Santullán sigue siendo, ante todo, un pueblo minero. Aunque ya no haya sirenas ni humo en las chimeneas, el carbón sigue marcando el paisaje y la forma de ser de la gente. No es un pueblo de postal al uso: aquí hay cuestas, ladrillo visto, naves viejas y castilletes. Y precisamente por eso tiene interés, porque cuenta una historia que en otros sitios se ha tapado o derribado.
El municipio se asienta en una zona de transición entre la meseta castellana y la cordillera Cantábrica, rodeado de robledales y hayedos que cambian mucho según la estación: verde intenso y agua por todas partes en primavera, y una mezcla de ocres y nieblas en otoño que le sienta muy bien al paisaje minero. Las casas de ladrillo y las galerías acristaladas conviven con las construcciones de piedra más tradicionales de montaña. No es “bonito” en el sentido clásico, pero es auténtico: aquí se ve claramente cómo se mezclaron la vida rural y la industrial.
Venir a Barruelo es asomarse a una parte de la historia contemporánea española que suele pasar de largo en los libros, y al mismo tiempo bajar el ritmo, caminar tranquilo y respirar monte. Más que un lugar de turismo masivo, es un pueblo para quien tiene curiosidad por la vida minera y quiere usarlo como base o parada para conocer la Montaña Palentina.
Qué ver en Barruelo de Santullán
El Museo de la Minería es la visita clave en Barruelo. Está en antiguas instalaciones mineras y recorre la historia del carbón en la zona, desde finales del siglo XIX hasta el cierre de las explotaciones. Con herramientas, fotos, maquetas y recreaciones se entiende bastante bien cómo era el trabajo en la mina y el día a día de las familias. Parte del interés está en poder ver también edificios e infraestructuras reales, no solo paneles. Conviene mirar horarios antes de ir, porque pueden variar según la época [VERIFICAR], y en temporada baja puede que solo abra ciertos días.
El castillete minero, que se ve desde casi cualquier punto del pueblo, es el símbolo local. Esa estructura metálica, que servía para bajar y subir a los mineros, funciona hoy como recordatorio de lo que fue la cuenca. No hace falta ser muy aficionado a la arqueología industrial para que imponga un poco pensar en la cantidad de vidas que pasaron por allí.
El casco antiguo se recorre en poco rato. La iglesia parroquial de San Lorenzo conserva restos románicos, aunque con reformas posteriores, y alrededor se articulan calles con casas en hilera, antiguos economatos y barrios obreros que ayudan a imaginar cómo se organizaba la vida cuando el carbón marcaba los horarios. No esperes un casco antiguo de piedra restaurada y flores en cada balcón: aquí la estética es otra.
En los alrededores, el entorno natural tiene peso propio. Desde las afueras del pueblo salen pistas y senderos hacia montes cercanos y hacia la zona de Alto Campoo, con vistas amplias de la Montaña Palentina en los días despejados. En otoño, los bosques atlánticos de la zona lucen especialmente bien, y en primavera suele correr agua por arroyos que en verano bajan casi secos.
Qué hacer
El senderismo es lo más lógico aquí. Hay varias rutas señalizadas de distintas longitudes y desnivel que parten o pasan por Barruelo. Una de las más curiosas es seguir el antiguo trazado del ferrocarril minero hacia el norte, hoy acondicionado como ruta peatonal/senderista en varios tramos [VERIFICAR]. Es un recorrido relativamente cómodo, con pendiente suave, en el que se van viendo túneles, pequeños viaductos y restos de infraestructuras.
Para la bicicleta de montaña, los caminos forestales y pistas que rodean el pueblo tienen cuestas serias y terreno variado. No es una zona amable para quien no esté algo acostumbrado al desnivel, pero quien tenga algo de fondo disfrutará. Si vienes con bici, trae desarrollo corto y ganas de subir.
En cuanto a gastronomía, en Barruelo se come lo que corresponde a la Montaña Palentina: platos de cuchara, guisos fuertes, carnes, algo de caza según temporada y quesos de la zona. En días fríos, después de caminar o de visitar el museo, un buen cocido o un plato caliente entra mejor que cualquier cosa “de diseño”.
Para quien le guste la fotografía, la mezcla de arquitectura industrial, ladrillo, caserío y montes de fondo tiene su punto, sobre todo con luces bajas de amanecer y atardecer. No todo entra bien en Instagram de primeras, pero si buscas texturas, contrastes y cierta crudeza, te vas a entretener.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales de San Lorenzo se celebran en torno al 10 de agosto, con verbenas, procesiones y actividades que mueven a todo el pueblo y a gente de la comarca. No son unas fiestas gigantes, pero sí muy de casa, con ambiente de pueblo que se reencuentra en vacaciones.
A mediados de septiembre suele celebrarse la Semana Cultural de la Minería, con charlas, exposiciones, proyecciones y encuentros de antiguos mineros [VERIFICAR]. Estos días Barruelo se vuelca especialmente en mirar atrás, poner en valor su pasado y contar historias que en otras cuencas se han ido perdiendo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Palencia (unos 90 km), lo habitual es tomar la A-67 hacia Santander hasta Aguilar de Campoo, y desde allí seguir por la CL-626 hacia Cervera de Pisuerga y luego la P-210 hasta Barruelo. El trayecto ronda la hora y cuarto, según tráfico y paradas. Desde Burgos, también se entra por Aguilar de Campoo en un tiempo parecido.
Consejos:
- Lleva calzado cómodo: hay cuestas y pavimento irregular en algunas zonas.
- Mira los horarios del Museo de la Minería antes de ir (pueden cambiar según temporada y festivos).
- La oferta de alojamiento en el propio Barruelo es limitada. Si vas en agosto, en puentes o en fiestas, mejor reservar con algo de margen y, si no encuentras aquí, mirar en pueblos cercanos.
- En invierno y primeros de primavera, infórmate del estado de las carreteras secundarias si hay previsión de nieve o hielo.
Cuándo visitar Barruelo de Santullán
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradecidos: temperaturas suaves, monte verde o bosques en tonos ocres y menos gente por los caminos.
En invierno, a la altitud a la que está el pueblo el frío se nota, y puede haber nieve o hielo. Si te gusta el ambiente de montaña y no te importa abrigarte y adaptar paseos, también tiene su punto, pero ojo con las carreteras secundarias y comprueba el estado antes de subir si hace malo.
El verano es cuando más movimiento local hay y cuando más se sale al monte. Aquí no aprieta el calor como en la meseta, así que es buena época para caminar y hacer rutas largas, aunque en las horas centrales del día también se agradece la sombra.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo rápido por el casco urbano (iglesia de San Lorenzo y barrios obreros).
- Visita corta al entorno del castillete y a las antiguas instalaciones mineras, aunque no entres al museo.
Te vas con una idea bastante clara de lo que ha sido el pueblo.
Si tienes el día entero
- Mañana en el Museo de la Minería y alrededores.
- Comida en el pueblo.
- Tarde de ruta sencilla por el antiguo ferrocarril minero o paseo por pistas cercanas, según fuerzas.
Combinado así, Barruelo funciona bien como jornada completa sin ir con prisas.
Lo que no te cuentan
Barruelo se ve rápido si solo vas a dar una vuelta por el pueblo y entrar al museo. El casco urbano no da para dos días de paseo intenso. Tiene más sentido como:
- Parada de medio día para ver el museo y comer.
- Base para hacer rutas por la Montaña Palentina, combinando con otros pueblos y embalses cercanos.
Las fotos que se ven por internet suelen centrarse en montes y bosques, pero el pueblo en sí es muy minero y muy real, no un decorado rural pulido. Si vas con esa idea, lo disfrutarás más.
Las distancias engañan: en el mapa todo parece cerca, pero muchas rutas tienen desnivel y los tiempos se alargan más de lo que marca el GPS. Calcula margen, lleva agua incluso en días frescos y no improvises rutas largas por pista “porque parece llano”: casi nunca lo es.