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sobre Dehesa de Montejo
Pueblo de montaña rodeado de bosques de roble y haya; excelente para el turismo rural y actividades en la naturaleza.
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A 1090 metros de altitud, en pleno corazón de la Montaña Palentina, Dehesa de Montejo es uno de esos pueblos pequeños donde se nota que la vida va por otros ritmos. Con apenas 130 habitantes, esta aldea castellana es refugio para quien quiere tranquilidad de verdad y algo de vida rural de montaña de la que queda ya poca. Rodeada de hayedos, robledales y praderas que cambian de color con las estaciones, la localidad anima a bajar marchas, caminar despacio y escuchar más que hacer.
El entorno natural pesa más que el propio caserío. En la comarca, las montañas empiezan a ganar altura hacia el norte y, sin grandes estridencias, el paisaje va subiendo hasta cumbres cercanas a los 2000 metros. La arquitectura tradicional de piedra y madera encaja bastante bien en el paisaje montañoso, con un pueblo compacto que se recorre en poco rato, sin grandes monumentos pero sin estridencias modernas.
Visitar Dehesa de Montejo es pisar una España muy vacía, donde todavía se escuchan esquilas, se puede comprar algo de producto local directamente a quien lo trabaja y las conversaciones en la calle se dan por hechas. Más que “destino” en sí, funciona bien como base tranquila para moverse por la Montaña Palentina o como parada en una ruta por la zona.
Qué ver en Dehesa de Montejo
El patrimonio arquitectónico de Dehesa de Montejo se caracteriza por su sencillez y funcionalidad, típica de los pueblos de montaña. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su silueta sobria de piedra, punto de encuentro tradicional de la comunidad. No es un pueblo de grandes joyas artísticas, pero sí de conjunto coherente y sin demasiados sustos urbanísticos.
Las casas tradicionales de piedra con balconadas de madera y corredores típicos del norte palentino justifican un paseo tranquilo por sus calles. Esta arquitectura vernácula, adaptada al clima riguroso de montaña, muestra soluciones constructivas transmitidas durante generaciones. Los tejados de teja árabe y las construcciones auxiliares como cuadras y pajares completan un conjunto que gana si se mira con algo de calma y sin esperar un casco histórico monumental.
El verdadero peso de Dehesa de Montejo está en su entorno. Los bosques cercanos dan juego todo el año, especialmente en otoño, cuando los tonos ocres, amarillos y rojizos tiñen las laderas. Los prados de montaña que rodean la localidad son buenos para pasear, observar fauna tranquila y tener vistas amplias sobre el valle sin necesidad de hacer una gran ruta alpina.
Qué hacer
El senderismo manda en Dehesa de Montejo. Desde el pueblo salen caminos de diferente longitud que permiten asomarse a la Montaña Palentina sin necesidad de ser montañero técnico. Muchos son antiguos caminos de herradura entre pueblos, hoy reconvertidos en buenos senderos para descubrir hayedos, pequeños arroyos y lomas con buenas vistas.
La observación de fauna es otra opción si se tiene paciencia. La zona es hábitat de corzos, jabalíes y una buena variedad de aves rapaces. No es un safari: hay que madrugar, caminar en silencio y aceptar que a veces no se ve gran cosa. Los aficionados a la fotografía de naturaleza agradecerán la luz limpia y los cambios de estación, aunque conviene ir con expectativas realistas.
La gastronomía local se apoya en lo de siempre: carne, algo de caza en temporada [VERIFICAR], legumbre, quesos de la zona y comida de cuchara. Las setas en otoño son muy apreciadas, pero conviene saber lo que se hace o ir acompañado, porque aquí nadie va con guías improvisadas de móvil. En el mismo pueblo no hay una gran oferta hostelera, así que lo normal es comer o cenar en otros pueblos de la comarca, con menús basados en cocina palentina de toda la vida.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, cuando regresan muchos emigrantes y el pueblo duplica o triplica su población durante unos días. Misa, procesión, comidas populares y baile, sin grandes artificios pero con ambiente de pueblo pequeño donde casi todo el mundo se conoce. Si coincides, es el momento más animado del año.
En invierno, sin apenas actos públicos, la vida se recoge en las casas. Cuando todavía se hacen, las matanzas del cerdo siguen siendo un pequeño acontecimiento familiar que mantiene vivas varias costumbres. La Navidad es discreta, más de reuniones en casa que de luces o actividades en la calle.
Información práctica
Para llegar a Dehesa de Montejo desde Palencia capital hay que recorrer aproximadamente 125 kilómetros por la N-611 en dirección a Santander y luego seguir por carreteras comarcales que atraviesan la Montaña Palentina. El viaje ronda la hora y media larga, dependiendo del tráfico y de las paradas. Los últimos kilómetros son de carretera secundaria, con curvas, así que mejor no ir con prisas.
La mejor época para visitar depende de lo que se busque. La primavera y el verano tienen temperaturas más suaves y días largos que animan a caminar. El otoño es la época más vistosa en los bosques. El invierno puede ser duro: nieve, hielo, nieblas y días cortos; si vas entonces, que sea sabiendo a lo que vas y con margen por si las carreteras se complican.
Es recomendable llevar ropa de abrigo incluso en verano, porque a más de 1000 metros las noches refrescan. Calzado de montaña o, al menos, zapatilla robusta si se piensa salir a caminar por pistas y senderos. El alojamiento en la zona se apoya sobre todo en casas rurales repartidas por varios pueblos, no solo en Dehesa de Montejo, así que conviene tener claro el plan de rutas antes de reservar.
Lo que no te cuentan
Dehesa de Montejo es pequeño y se ve rápido: el paseo por el pueblo, sin prisas, no te llevará más de una hora. El interés está más en lo que hay alrededor que en el propio casco. Si buscas un pueblo con muchos bares, tiendas y “ambiente”, este no es el sitio.
Las fotos que se ven por internet suelen mezclar imágenes del pueblo con paisajes de toda la Montaña Palentina. El entorno es agradable, pero algunas de las cumbres y parajes más llamativos no están puerta con puerta: para llegar a ellos tendrás que coger el coche y hacer algo de carretera.
Cuándo visitar Dehesa de Montejo
Primavera y otoño son las estaciones que mejor le sientan al pueblo: temperaturas moderadas, menos gente y colores más agradecidos para caminar y hacer fotos. En verano hay más vida, pero también más calor a mediodía y más movimiento en carretera.
Si llueve, el plan cambia: los senderos se embarran con facilidad y las pistas pueden resbalar, pero los bosques ganan en olor y en atmósfera. En invierno, antes de ir, merece la pena comprobar el estado de las carreteras y del tiempo [VERIFICAR], porque la nieve y el hielo no son raros y te pueden condicionar el viaje.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el pueblo, fijándote en las casas de piedra, los balcones de madera y la iglesia.
- Asomarte a las afueras para tener una vista rápida del valle y los prados que rodean el casco.
Si tienes el día entero
- Combinar el paseo por Dehesa de Montejo con una o dos rutas sencillas por pistas y senderos cercanos.
- Encadenar la visita con otros pueblos de la Montaña Palentina y algún mirador accesible en coche.
Errores típicos
- Pensar que da para varios días sin moverse de allí. El pueblo se recorre pronto. Para estar más de una noche conviene combinar con otras zonas de la Montaña Palentina.
- Llegar sin haber mirado el tiempo ni el estado de las carreteras en invierno. Aquí la nieve y el hielo no son anécdota y pueden trastocar bien el plan.
- Contar con “bajar al bar” o “dar una vuelta de tiendas” como en un pueblo grande. La oferta de servicios es limitada; conviene llevarlo previsto y ajustar expectativas.