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sobre Guardo
Importante núcleo industrial y de servicios en la Montaña Palentina; destaca por su entorno natural
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A 1.120 metros de altitud, en el corazón de la Montaña Palentina, Guardo es la puerta de entrada al norte de la provincia de Palencia. Esta villa de unos 5.700 habitantes se asienta en un valle modelado por los ríos Carrión y Cea, rodeada de cumbres que superan los 2.000 metros. Su pasado minero ha marcado su carácter, pero hoy Guardo funciona sobre todo como núcleo de servicios de la zona y punto de partida para explorar uno de los espacios naturales más interesantes de Castilla y León.
Quien llega a Guardo se encuentra una localidad con aires de montaña, donde la arquitectura tradicional convive con el trazado urbano ordenado heredado de su época industrial. No es un pueblo de postal, pero tiene vida todo el año: calles amplias, varios miradores naturales hacia las montañas circundantes y un ambiente tranquilo, de lugar donde la gente trabaja y hace su día a día, no solo de turismo.
La luz cambiante de las cuatro estaciones transforma el paisaje que rodea Guardo. Desde los verdes intensos de primavera hasta los ocres del otoño, pasando por el blanco del invierno en las cumbres cercanas, la villa funciona bien como “mirador de base” de la naturaleza palentina, sobre todo si vas a moverte en coche por la comarca.
Qué ver en Guardo
El patrimonio religioso de Guardo se concentra en la Iglesia de San Juan Bautista, templo de origen medieval que ha sido reconstruido en diversas épocas. Su torre cuadrada se distingue en el perfil urbano de la villa y en su interior alberga retablos de interés. El casco antiguo no es muy grande, pero merece una vuelta tranquila para ver las casonas tradicionales de piedra y hacerse una idea del peso histórico que tuvo esta villa en la montaña.
Para entender la historia reciente de Guardo y su comarca, resulta muy recomendable visitar el Museo de la Minería, un espacio que documenta la actividad extractiva que marcó la vida de generaciones enteras en la Montaña Palentina. Las antiguas instalaciones mineras, algunas aún visibles en los alrededores, forman parte del paisaje industrial que caracteriza la zona y ayudan a entender que aquí no todo ha sido turismo ni naturaleza.
Desde Guardo, la naturaleza es el principal atractivo. La villa es puerta de acceso al Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina, uno de los espacios protegidos más notables de la comunidad. En los días claros, los miradores urbanos permiten localizar el Pico Espigüete, el Curavacas y otras cumbres emblemáticas que superan los 2.500 metros, aunque para disfrutarlas de verdad hay que acercarse con el coche a los valles de acceso.
El entorno fluvial del Carrión proporciona paseos agradables, especialmente en la zona de ribera donde el río serpentea entre álamos y sauces. Los bosques de roble y haya de las laderas cercanas invitan a rutas de corto recorrido accesibles desde el propio núcleo urbano o a pocos minutos en coche.
Qué hacer
Guardo funciona muy bien como campamento base para los amantes del senderismo que quieran moverse por la Montaña Palentina sin renunciar a servicios. Desde aquí se accede a rutas hacia los principales picos de la zona, incluyendo ascensiones al Espigüete o recorridos por los valles glaciares. Eso sí, muchas de estas rutas arrancan desde pueblos y aparcamientos de montaña cercanos, no desde el mismo casco urbano, así que hay que contar con desplazamientos cortos en coche.
Las rutas varían en dificultad: desde paseos familiares por la ribera del Carrión hasta ascensiones de alta montaña que requieren experiencia, buena meteo y equipación adecuada. No conviene subestimar los desniveles ni el tiempo en estas montañas, sobre todo en primavera e invierno.
En invierno, la proximidad relativa a la zona de San Glorio (puerto de montaña hacia Cantabria, con estación de esquí proyectada [VERIFICAR]) hace que algunos la usen como referencia para actividades de nieve en la zona norte. Las raquetas de nieve son una buena forma de disfrutar de los paisajes nevados en las cotas medias de las montañas cercanas.
Los aficionados a la bicicleta de montaña encuentran en los caminos y pistas forestales de la zona un terreno interesante para sus salidas. La orografía permite desde rutas suaves por los valles hasta puertos de montaña que exigen piernas y desarrollo corto.
La gastronomía local tiene protagonismo en los establecimientos de Guardo, donde es fácil encontrar productos típicos de la montaña: carnes, algo de caza según temporada, cecina, quesos artesanos y platos de cuchara como las alubias de la zona. En otoño, las setas son otro de los pequeños tesoros del entorno, siempre con precaución y conocimiento si se sale a recoger.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a la Virgen de los Remedios se celebran a mediados de septiembre, con varios días de actividades que incluyen procesiones, música tradicional y eventos deportivos. Es la gran cita festiva del año, cuando Guardo se llena de gente de la comarca y de antiguos residentes que vuelven al pueblo.
En agosto también se concentran celebraciones tradicionales, aprovechando el buen tiempo de montaña. Las hogueras de San Juan en junio mantienen viva la tradición del fuego en estas tierras, marcando el cambio de estación.
Cuándo visitar Guardo
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser las mejores épocas para combinar paseos con algo de montaña: temperaturas razonables y paisajes potentes, con agua en los ríos y colores en el monte.
El verano es bueno para el senderismo de altura, pero en los valles puede hacer calor en las horas centrales del día, y las tormentas de tarde no son raras. En invierno, el interés está en la nieve y en el ambiente de montaña, aunque hay que asumir días cortos, frío y posibles carreteras complicadas.
Si hace mal tiempo, Guardo aguanta mejor que otros pueblos de la zona porque tiene más servicios, pero las rutas de alta montaña pueden quedar fuera de juego. Conviene tener un plan B de paseos cortos, museo y algo de turismo por los valles.
Lo que no te cuentan
Guardo no es un pueblo de piedra homogénea ni un casco histórico enorme: es una villa de montaña con pasado minero, mezcla de casonas, bloques y zonas industriales. Si vas buscando la foto de pueblo medieval, te llevarás una decepción; si lo que quieres es una base práctica para moverte por la Montaña Palentina, encaja mucho mejor.
El término municipal es grande, pero el núcleo urbano se ve relativamente rápido: un paseo por el centro, iglesia, ribera del Carrión y poco más. El peso del viaje está en lo que hay alrededor, no solo en Guardo en sí.
El clima puede ser más duro de lo que parece viendo solo el mapa: inviernos fríos, heladas frecuentes y cambios de tiempo rápidos en montaña. Incluso en agosto, una chaqueta por la tarde-noche no sobra.
Errores típicos
- Pensar que todo se hace andando desde el pueblo: las rutas buenas hacia Espigüete, Curavacas y compañía salen de valles cercanos. Cuenta con coche sí o sí para aprovechar bien la zona.
- Ir solo a “ver el pueblo”: Guardo se recorre rápido; el sentido del viaje está en usarlo como base para el parque natural y los valles de alrededor.
- Confiarse con el tiempo: en la Montaña Palentina el día puede amanecer soleado y torcerse en pocas horas. Mete siempre ropa de abrigo y algo impermeable, incluso en verano.