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sobre Polentinos
Pequeño pueblo de alta montaña cerca del embalse de Requejada; entorno espectacular para el turismo de naturaleza.
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A primera hora, cuando el sol empieza a colarse por el fondo del valle, Polentinos todavía está medio en silencio. El agua baja clara por los arroyos cercanos y el aire frío se queda pegado a las paredes de piedra. Las casas, de muros gruesos y tejados oscuros, apenas dejan pasar la luz entre callejas cortas. Se oyen más los cencerros del ganado que cualquier otro ruido.
Polentinos está en la Montaña Palentina, rodeado de laderas cubiertas de roble y haya. Es un pueblo pequeño incluso para esta comarca, con pocos vecinos y un ritmo que no ha cambiado demasiado en décadas. Las calles son cortas, algunas aún sin asfaltar, y todo gira alrededor de la iglesia de la Asunción y de los caminos que salen hacia los prados.
Llegar hasta aquí
La llegada a Polentinos se hace por carreteras de montaña, estrechas y con curvas, entre bosques que en otoño se vuelven de un amarillo oscuro casi continuo. Desde Palencia capital el trayecto es largo y atraviesa buena parte de la Montaña Palentina, pasando por localidades mayores como Cervera de Pisuerga.
Los últimos kilómetros ya se sienten aislados: menos tráfico, menos señalización y tramos donde el bosque se cierra bastante sobre la carretera. Conviene venir con tiempo y sin prisas, sobre todo en invierno, cuando las heladas o la nieve pueden complicar el acceso.
Al llegar no hay tiendas ni bares abiertos a cualquier hora. Es un pueblo que funciona más como lugar habitado que como destino preparado para visitas.
La iglesia y el pequeño centro del pueblo
La iglesia parroquial de la Asunción se levanta cerca del centro del caserío. La espadaña sobresale por encima de los tejados y se ve desde casi cualquier entrada al pueblo.
El edificio actual suele fecharse en el siglo XVIII, aunque en su interior se conservan piezas más antiguas. La pila bautismal, por ejemplo, se atribuye a siglos anteriores. Nada es especialmente grandilocuente, pero todo tiene esa sensación de uso continuo: piedra gastada, madera oscurecida, bancos que han pasado por muchas manos.
Delante se abre un pequeño espacio que hace de plaza. En verano, cuando llegan familiares de quienes se fueron a vivir fuera, es uno de los pocos lugares donde se oye más movimiento: conversaciones largas al caer la tarde, niños jugando con una pelota, alguna silla sacada a la puerta.
Caminos entre prados y hayedos
El mayor atractivo de Polentinos está alrededor. Desde el propio pueblo salen senderos que durante siglos conectaron con otros núcleos del valle y con zonas de pasto más altas.
Muchos siguen utilizándose para mover ganado, así que no es raro cruzarse con vacas o encontrar portillas que conviene volver a cerrar. Los caminos atraviesan praderas abiertas y entran después en manchas de roble y haya donde la luz se vuelve más fría y el suelo suele estar cubierto de hojas.
En primavera los prados se llenan de flores pequeñas y el suelo permanece húmedo casi todo el día. En otoño, las laderas cambian de color cada semana. Es probablemente la estación más vistosa para caminar por aquí.
La altitud ronda los 1.200 metros, así que incluso en verano las mañanas suelen ser frescas. En invierno, en cambio, la niebla puede quedarse horas en el fondo del valle.
Animales y cielo abierto
No hace falta alejarse mucho del pueblo para ver movimiento en el cielo. Es habitual ver buitres leonados planeando sobre las corrientes de aire de las laderas. Con algo de suerte también aparecen águilas o pequeños grupos de corzos cruzando los prados al amanecer o al atardecer.
Las noches son especialmente oscuras. La iluminación del pueblo es mínima y basta caminar unos minutos hacia las afueras para encontrarse con un cielo muy limpio de luces.
Comer en los alrededores
Polentinos no tiene restaurantes propios. En pueblos cercanos de la Montaña Palentina sí se mantiene una cocina muy ligada a la ganadería y al campo: cordero, embutidos curados con el frío de la sierra, legumbres cocinadas a fuego lento y quesos de oveja o cabra.
Son platos contundentes, pensados más para el clima de la zona que para una comida rápida.
Cuándo venir
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradecidos para caminar por los alrededores. El verano también funciona bien si se madruga un poco; a mediodía el sol cae fuerte en los tramos abiertos.
En invierno el paisaje cambia bastante: puede haber nieve y algunas carreteras secundarias se vuelven delicadas. A cambio, el silencio es casi total y el valle tiene un aspecto muy distinto.
Polentinos no tiene grandes monumentos ni actividades organizadas. Lo que hay es un pequeño pueblo de montaña que sigue funcionando como tal, rodeado de caminos, ganado y bosque. Aquí el interés está en caminar despacio, escuchar el valle y aceptar que todo sucede a otro ritmo.