Artículo completo
sobre Castrodeza
Municipio histórico en los Montes Torozos; conocido por su defensa comunera y su iglesia neoclásica
Ocultar artículo Leer artículo completo
En los Montes Torozos, esa meseta discreta pero tozuda que se levanta sobre los campos de Valladolid, Castrodeza es un pueblo pequeño y tranquilo, de los que se cruzan en cinco minutos… si vas con prisa. Con apenas 148 habitantes, aquí la vida va despacio: algún tractor, conversaciones a la sombra en verano, chimeneas en invierno y un silencio que no es de postal, es el de un pueblo que sigue a lo suyo.
No es un sitio de grandes monumentos ni de lista interminable de “qué ver”. Castrodeza tiene otra cosa: la escala humana. Calles cortas, casas bajas de adobe y tapial, fachadas que cuentan mejor el paso del tiempo que cualquier folleto, y un horizonte amplio alrededor que recuerda que estás en plena meseta castellana.
Los Montes Torozos crean un pequeño “altozano” dentro de la llanura cerealista. Desde los alrededores del pueblo, la vista se abre a campos y páramos, con ese cielo castellano enorme que cambia más de luz que de formas. Si te gustan los paisajes tranquilos y leer el campo según la estación, aquí hay material, pero es todo muy sobrio: nada de grandes montañas ni bosques espesos.
Qué ver en Castrodeza
El patrimonio de Castrodeza se concentra sobre todo en su iglesia parroquial, típica de la arquitectura religiosa rural de los Montes Torozos. Como en muchos pueblos de la zona, se reconocen distintas fases constructivas, fruto de ampliaciones y arreglos hechos según las posibilidades del lugar y las necesidades del momento. No es una iglesia “de foto de calendario”, pero sí una pieza más del paisaje cultural de la meseta.
Más que un edificio concreto, lo que merece la pena mirar despacio es la arquitectura popular. Un paseo sin prisa permite fijarse en los muros de adobe, los cierres de piedra caliza, los portones de madera, los corrales y patios interiores. Algunas casas conservan bodegas subterráneas excavadas en la roca, recuerdo de cuando la zona tuvo más peso en la viticultura. No todas son visibles ni visitables, muchas están dentro de propiedades privadas, así que conviene ser discreto y respetuoso.
En los alrededores aparecen los palomares circulares, esas construcciones que forman parte del paisaje de Tierra de Campos y su entorno. Muchos están medio derruidos, otros aguantan mejor, pero todos ayudan a entender cómo se aprovechaba hasta el último recurso del territorio. Son más fotogénicos con buena luz al final del día que a mediodía, cuando el sol lo aplana todo.
El entorno natural de Castrodeza, integrado en los Montes Torozos, funciona como una pequeña isla de monte bajo entre mares de cereal. Encinas, quejigos y alguna sabina salpicando los páramos, con presencia habitual de aves rapaces sobrevolando los campos. No es un bosque frondoso, es un mosaico sobrio que cambia mucho entre primavera, verano y invierno.
Qué hacer
Castrodeza se presta a caminar sin necesidad de grandes preparativos. Es un buen lugar para practicar un senderismo tranquilo y llano, usando los caminos agrícolas y veredas que rodean el pueblo. Se pueden improvisar rutas circulares de una a tres horas, con poco desnivel, siguiendo pistas anchas donde rara vez pasa un coche. A ritmo pausado, en una mañana te da tiempo a dar una vuelta amplia y regresar al pueblo sin correr. Conviene llevar agua, sobre todo en verano: la sombra escasea y la sensación de horizonte abierto también se nota en el calor.
La fotografía de paisaje aquí tiene más que ver con la luz que con los “grandes hitos”. Amaneceres y atardeceres tiñen de tonos dorados los campos en verano, verdes intensos en primavera y una gama de ocres en otoño. Las líneas de los caminos, los palomares medio en pie y la silueta del pueblo al fondo dan juego si te gusta buscar composiciones sencillas.
Para quien disfrute con la observación de aves, los alrededores de Castrodeza forman parte de una zona interesante de los Montes Torozos. Con algo de paciencia se pueden ver rapaces como milanos y aguiluchos sobre los cultivos, además de especies esteparias. Unos prismáticos ligeros caben en la mochila y se agradecen.
En cuanto a gastronomía, en Castrodeza no hay restauración, así que hay que contar con pueblos cercanos para comer fuera. La cocina de la zona gira en torno a guisos de legumbre, cordero, embutidos y quesos de oveja, acompañados de vinos de la provincia. Lo práctico es organizar la visita a Castrodeza como parte de una ruta por los Montes Torozos, dejando la comida para otra localidad o llevando algo preparado si vas de picoteo rápido.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano, cuando el pueblo se llena con el regreso de gente que vive fuera. No es un macroevento, sino el momento en que la plaza y las calles recuperan bullicio con procesiones, bailes y comidas compartidas.
El resto del año, el calendario sigue las festividades religiosas habituales del medio rural castellano. Son celebraciones sencillas, pensadas más para la propia comunidad que para atraer visitantes. Si coincides, eres un invitado, no el centro de la actividad.
Cuándo visitar Castrodeza
La primavera es probablemente cuando el entorno más acompaña: campos verdes, temperaturas suaves y días más largos para caminar. El otoño también es agradecido, con luces más bajas y colores ocres.
En verano, el calor aprieta a media tarde. Si vas en esa época, compensa madrugar o esperar al final del día para moverte por los caminos, y reservar las horas centrales para un paseo corto por el pueblo. En invierno, el frío y las heladas son serios; a cambio, la sensación de meseta desnuda tiene su interés para quien busque paisajes austeros y silencio.
Lo que no te cuentan
Castrodeza se ve rápido. En poco más de media hora puedes recorrer el casco urbano con calma. Tiene más sentido como parada dentro de una ruta por los Montes Torozos que como destino único de un fin de semana completo, salvo que busques expresamente desconexión total y largos paseos por caminos.
Las fotos de palomares y atardeceres pueden llevar a pensar en un paisaje muy “escénico”. La realidad es más sobria: horizonte amplio, colores contenidos y una belleza que se aprecia mejor si te lo tomas con tiempo y sin prisas. Si necesitas estímulo constante, tiendas y bares a mano, aquí te vas a aburrir pronto.
Errores típicos
- Esperar mucha infraestructura turística: no la hay. Ni bares con terraza todo el año, ni tiendas de recuerdos. Es un pueblo pequeño y rural. Lleva agua, algo de picar y el plan de comidas pensado de antemano.
- Llegar a mediodía en pleno verano: el sol cae a plomo y no hay demasiada sombra. Es mejor ir a primera hora de la mañana o al atardecer si quieres caminar o hacer fotos.
- Pensar que es un destino para varios días sin moverte: salvo que tu plan sea leer, pasear y poco más, lo normal es combinar Castrodeza con otros pueblos y parajes de los Montes Torozos.
Si solo tienes unas horas
- 1–2 horas: paseo tranquilo por el casco urbano, vuelta en torno a la iglesia, fijándote en las casas de adobe y los detalles de puertas y corrales. Un pequeño rodeo por las afueras para ver algún palomar cercano ya te da una idea del lugar.
- Una mañana o una tarde: paseo por el pueblo y ruta sencilla por los caminos agrícolas que salen en cualquier dirección. A ritmo tranquilo, te da tiempo a hacer fotos, sentarte un rato y volver con luz de sobra.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid capital, Castrodeza está a unos 35 km por carretera. Se va en dirección norte hacia Medina de Rioseco y, poco antes, se toma el desvío por carreteras locales que atraviesan los Montes Torozos. El trayecto suele rondar los 40 minutos y es sencillo, aunque conviene prestar atención a la señalización en los cruces de secundarias.
Consejos:
- Al ser una aldea pequeña, lo razonable es dormir en poblaciones cercanas con más servicios y visitar Castrodeza en una mañana o una tarde.
- Lleva calzado cómodo para andar por caminos rurales y calles con algún tramo irregular.
- Si te interesan las aves, mete prismáticos en la mochila.
- Respeta siempre las zonas de cultivo y las propiedades privadas: muchos caminos son de uso agrícola y es fácil olvidarlo cuando se va paseando.