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sobre Urueña
Villa del Libro de España; recinto amurallado medieval perfectamente conservado con numerosas librerías y museos
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Encaramada sobre un cerro a unos 830 metros de altitud, en el corazón de los Montes Torozos vallisoletanos, Urueña no es tanto una postal medieval como un pequeño pueblo en el que se nota que la vida va despacio. Con apenas 197 habitantes, este pueblo amurallado ha sabido reinventarse sin perder del todo su tono rural: hoy es conocido como la "Villa del Libro", el primer pueblo español en recibir este distintivo. Sus murallas del siglo XII abrazan un conjunto histórico donde las casas siguen siendo viviendas, no decorado, y donde el silencio solo se rompe con el viento de la meseta y las conversaciones de quienes pasean por sus calles empedradas.
La ubicación de Urueña, asomada a la llanura cerealista castellana, regala vistas amplias, de las que cansan más los ojos que las piernas. En días claros, la mirada alcanza los perfiles de las montañas leonesas y palentinas. Este pequeño enclave amurallado ha logrado algo poco habitual en pueblos de su tamaño: convertirse en un destino cultural sin convertirse del todo en un decorado turístico.
Pasear por Urueña es retroceder en el tiempo mientras se encuentran propuestas culturales muy actuales. Librerías especializadas conviven con bodegas subterráneas excavadas en el subsuelo, y los museos dialogan con la arquitectura popular de adobe y tapial. Es un lugar donde el patrimonio material e inmaterial se entrelazan y donde conviene ir con calma, sin prisas ni listas interminables de "cosas que ver".
Qué ver en Urueña
El elemento más llamativo de Urueña es su recinto amurallado medieval, uno de los mejor conservados de la provincia de Valladolid. Construido en el siglo XII y reforzado posteriormente, conserva aproximadamente el 80% de su perímetro original. Se puede caminar por el adarve en algunos tramos, con vistas amplias sobre la Tierra de Campos y los Montes Torozos; arriba suele soplar el aire, así que no está de más llevar algo de abrigo. Las dos puertas de acceso a la villa, el Arco de la Villa y el Postigo del Azogue, son buenos puntos de referencia para orientarse.
La iglesia de Santa María del Azogue, de estilo románico del siglo XII, preside la plaza principal. Aunque actualmente no se usa para el culto, su exterior conserva interesantes elementos arquitectónicos que se aprecian mejor si se da la vuelta completa al edificio. Algo apartada del casco urbano se levanta la ermita de la Anunciada, del siglo XI, considerada una joya del románico castellano, con capiteles y una portada que merece una mirada pausada y, si te gusta fijarte en detalles, una segunda vuelta.
Urueña ha desarrollado una red de pequeños museos que enriquecen la visita. El Museo Etnográfico Joaquín Díaz, dedicado al folclore y la cultura tradicional castellana, alberga una valiosa colección de instrumentos musicales y objetos de la vida rural. El Centro e-LEA (Espacio de Lectura y Escritura) suele acoger exposiciones relacionadas con el libro y la lectura. También llama la atención el Museo de los Sonidos de la Tierra, centrado en instrumentos musicales tradicionales de diferentes lugares. Conviene comprobar horarios antes de ir, porque no todos abren todos los días ni a las mismas horas [VERIFICAR].
Las librerías temáticas se reparten por las calles del pueblo, cada una especializada en diferentes materias: viajes, poesía, arte, cocina... No son grandes, pero tienen selección cuidada. Entrar y curiosear, aunque no compres, forma parte de la visita, y más si pillas alguna conversación tranquila con quien está al otro lado del mostrador.
Qué hacer
El senderismo es una de las actividades habituales en Urueña. Varios caminos parten desde el pueblo hacia los Montes Torozos, permitiendo descubrir los páramos castellanos, los pinares y los palomares tradicionales que salpican el paisaje. Una ruta sencilla rodea completamente las murallas, ofreciendo diferentes perspectivas del conjunto amurallado y del corte del cerro sobre la llanura. No son rutas técnicas, pero en verano el sol pega fuerte y hay poca sombra, así que conviene madrugar y llevar agua.
La gastronomía local se apoya en los productos de la tierra: cordero lechal asado en horno de leña, quesos de oveja, legumbres de la zona y repostería tradicional. En el pueblo encontrarás establecimientos donde probar estos platos, sobre todo fines de semana y festivos; entre semana la oferta puede reducirse, así que es buena idea llamar antes [VERIFICAR] o ir con flexibilidad de horarios.
Quien disfrute con la fotografía tiene en Urueña un escenario agradecido. Los amaneceres y atardeceres desde las murallas son especialmente fotogénicos, con la luz dorada sobre las llanuras cerealistas. En invierno, si hay niebla en la Tierra de Campos, el pueblo parece asomarse sobre un mar de nubes, pero esto no sucede todos los días, así que mejor ir sin esa expectativa fija.
Las bodegas subterráneas excavadas bajo las casas son otro elemento característico. Algunas pueden visitarse y ayudan a entender cómo se organizaba antes la vida en estos pueblos, donde cada familia elaboraba su propio vino. No esperes visitas masivas y organizadas a todas horas: aquí las cosas siguen yendo a otro ritmo.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en honor a la Virgen de la Anunciada a finales de marzo, coincidiendo con la festividad de la Anunciación [VERIFICAR fechas exactas]. Son días de vuelta al pueblo para quienes viven fuera y de calles más llenas de lo habitual.
En agosto tienen lugar las fiestas de verano, con actividades culturales y tradicionales que llenan las calles durante varios días. Es la época de mayor animación en el pueblo y también cuando más visitantes se concentran en un sitio que, el resto del año, suele ser muy tranquilo.
A lo largo del año, especialmente en primavera y otoño, se organizan encuentros literarios, presentaciones de libros y actividades culturales relacionadas con su condición de Villa del Libro. No hay un gran festival único, sino una sucesión de pequeñas citas que, sumadas, le dan ese aire cultural que muchos buscan cuando se acercan hasta aquí.
Cuándo visitar Urueña
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los meses más agradables para visitar Urueña, por las temperaturas y por la luz de la meseta, que a esas horas de la tarde se vuelve muy suave. El verano puede ser caluroso, y el sol pega sin mucha sombra en las calles altas y en los caminos; si vas entonces, mejor centrar el paseo en primeras y últimas horas del día.
El invierno tiene su punto si te gusta el frío seco, la niebla y el pueblo tranquilo, pero algunos museos, librerías y bares pueden cerrar entre semana o reducir horarios [VERIFICAR]. Si tu idea es entrar en varios sitios, conviene mirar horarios antes de subir al coche.
Lo que no te cuentan
Urueña es pequeño y se recorre muy rápido: el casco amurallado no engaña, en una hora habrás caminado por casi todas sus calles. Lo que alarga la visita no es la distancia, sino el ritmo al que quieras entrar en librerías, museos o sentarte en un banco a mirar la llanura. Como destino de varios días, se queda corto si no lo combinas con otras visitas en la zona.
Las fotos que circulan por internet suelen estar hechas con buena luz y sin gente, y dan la impresión de un lugar casi monumental. Cuando llegas, lo que encuentras es un pueblo sencillo, muy cuidado, pero pueblo al fin y al cabo: coches aparcados junto a las casas, vecinos haciendo sus cosas y, en días punta, grupos moviéndose en bloque por las mismas calles estrechas.
Errores típicos al visitar Urueña
Ir con expectativas de "gran ciudad medieval": Urueña es un pueblo pequeño amurallado, no una ciudad histórica enorme. Si vas esperando muchas horas de visita monumental, te parecerá corto; si vas sabiendo que es un lugar para pasear despacio y leer rótulos, lo disfrutarás más.
Subestimar el clima de la meseta: En verano el sol castiga, en invierno el aire corta, y arriba en la muralla el viento se nota. Lleva siempre algo de abrigo ligero y protección solar, incluso en días que parecen suaves desde el coche.
Confiar en que todo estará abierto: Librerías, museos y algunos bares ajustan horarios según la temporada y el día de la semana. Si te interesa ver algo concreto, comprueba horarios antes de ir [VERIFICAR] y evita llegar a última hora de la tarde pensando en "echar un vistazo rápido".
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Dar una vuelta completa por el interior del recinto amurallado, sin prisas.
- Subir a alguno de los tramos accesibles del adarve y asomarte a la llanura.
- Entrar, aunque sea, en una o dos librerías para hacerte una idea de la Villa del Libro.
Con ese tiempo, mejor no intentar ver todos los museos: escoge uno y deja el resto para otra visita.
Si tienes el día entero
- Paseo tranquilo por las murallas y el casco histórico por la mañana.
- Visita a 1 o 2 museos, según tu interés.
- Comida en el propio pueblo o en los alrededores.
- Por la tarde, ruta corta a pie por los alrededores (vuelta exterior a la muralla o algún camino hacia los páramos).
- Atardecer desde la muralla, con algo de abrigo a mano si refresca.
Con este ritmo, un día se queda muy redondo y te vas con la sensación de haber conocido el pueblo sin ir con el reloj en la mano.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid capital, se accede por la A-6 dirección León hasta la salida 110 (Alaejos) y, desde ahí, por la VP-9603 y VA-900, unos 55 kilómetros en total (alrededor de 50 minutos, si no hay tráfico). La carretera atraviesa los paisajes típicos de Tierra de Campos: rectas largas, campos abiertos y alguna que otra subida suave al acercarse al cerro.
Consejos útiles: Urueña se recorre a pie en poco tiempo, pero compensa dedicarle al menos medio día para verlo con calma. Los fines de semana hay más ambiente y más cosas abiertas; entre semana el ritmo baja bastante. Lleva calzado cómodo para las calles empedradas y, si piensas subir al adarve de la muralla, algo de abrigo incluso en verano, porque el viento de la meseta no perdona. Aparcar suele ser sencillo fuera del recinto amurallado; evita meter el coche dentro del casco histórico, más que nada por las calles estrechas y por respeto a quienes viven allí.