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sobre Villalba de los Alcores
Villa medieval amurallada con castillo; destaca por su patrimonio histórico y el despoblado de Fuenteungrillo
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Villalba de los Alcores se asienta en la plataforma caliza de los Montes Torozos, al norte de la ciudad de Valladolid. Este territorio de páramo, amplio y ventoso, marca desde hace siglos la forma de vivir aquí: agricultura de secano, horizontes abiertos y pueblos levantados con los materiales que ofrece el propio terreno. Hoy la localidad ronda los 380 habitantes y conserva la escala tranquila de los municipios agrícolas de esta parte de Castilla.
El nombre del pueblo aparece ya en documentación medieval vinculada a los procesos de repoblación de la cuenca del Duero. “Alcores” alude precisamente a las elevaciones suaves del terreno, esos resaltes calcáreos que rompen la horizontalidad del páramo y que aquí condicionaron tanto la defensa como el asentamiento del núcleo urbano.
Los Montes Torozos no son una sierra en sentido estricto, sino una meseta elevada que cae hacia los valles cercanos mediante laderas suaves. Desde los caminos que rodean Villalba se entiende bien esa geografía: campos de cereal que se suceden casi sin interrupción y pueblos separados por varios kilómetros de cultivo.
El castillo y el origen medieval del pueblo
El elemento más visible de ese pasado es el castillo, situado en uno de los extremos del casco urbano. Sus restos corresponden a una fortificación medieval vinculada a las tensiones fronterizas de la época en que Castilla consolidaba su territorio hacia el sur. Lo que hoy se conserva son tramos de muralla y algunas estructuras que permiten intuir el perímetro original.
Más allá de lo que queda en pie, la ubicación explica su función: desde este punto se domina el entorno inmediato y las rutas que cruzaban el páramo. Muchos pueblos de los Torozos tuvieron pequeñas fortalezas similares, aunque no todas han llegado hasta hoy con tanta presencia en el paisaje.
Iglesia y arquitectura del casco urbano
La iglesia parroquial ocupa el centro del pueblo. El edificio actual responde en gran parte a reformas de época moderna, aunque probablemente sustituye a un templo anterior. Construida con piedra de la zona, mantiene la sobriedad habitual de la arquitectura rural castellana: muros gruesos, huecos pequeños y una silueta que se reconoce desde lejos cuando uno se acerca por carretera.
Al recorrer las calles aparecen viviendas tradicionales de adobe combinado con ladrillo, un sistema muy extendido en la comarca. En algunas casas todavía se ven portones anchos pensados para el paso de carros y corrales interiores ligados a la vida agrícola.
Un elemento característico son las bodegas excavadas en el terreno calizo. En muchos pueblos de los Torozos forman pequeños barrios subterráneos; en Villalba aparecen dispersas en las afueras o integradas en parcelas particulares. Siguen utilizándose en ámbitos privados, sobre todo como espacios frescos para guardar vino o alimentos.
El paisaje de los Montes Torozos
El entorno inmediato es el del páramo cerealista. Trigo, cebada y otros cultivos de secano dominan el paisaje durante buena parte del año. En primavera el campo cambia de color con rapidez y en verano vuelve el tono ocre que muchos asocian con Castilla.
Entre las parcelas aparecen pequeños rodales de encina o quejigo, restos de la vegetación que cubría el territorio antes de la expansión agrícola. En esos espacios es donde algunos vecinos salen en otoño a buscar setas cuando las lluvias acompañan.
Las aves rapaces forman parte habitual del cielo de los Torozos. No es raro ver cernícalos o ratoneros utilizando las corrientes de aire sobre los campos abiertos.
Caminos y paseos por el páramo
Los caminos agrícolas que rodean Villalba permiten recorrer el entorno sin dificultad técnica. Son trayectos llanos o con pendientes muy suaves que atraviesan parcelas de cultivo y conectan con otros pueblos cercanos.
Conviene tener en cuenta dos rasgos propios del páramo: el viento, que a menudo sopla con fuerza, y la falta de sombra en muchos tramos. En verano se nota especialmente.
A cambio, los días despejados ofrecen vistas largas hacia el norte y el oeste, donde el terreno empieza a descender hacia otras comarcas de la provincia.
Vida cotidiana y ritmo del pueblo
La economía local sigue ligada en gran medida al campo. Durante las campañas agrícolas el movimiento de maquinaria y remolques marca el ritmo de la jornada, mientras que en invierno el pueblo recupera una calma muy marcada.
Las celebraciones patronales y las reuniones vecinales concentran buena parte de la actividad social a lo largo del año, momentos en los que regresan también personas que mantienen vínculo familiar con el pueblo aunque vivan fuera.
Datos prácticos
El núcleo urbano se recorre caminando en poco tiempo. Lo más interesante suele ser pasear sin prisa entre el castillo, la iglesia y las calles donde todavía se reconocen las casas tradicionales.
Villalba de los Alcores se encuentra a menos de una hora en coche de Valladolid, lo que permite acercarse en una excursión tranquila por los Montes Torozos. Conviene ir con la idea de un pueblo pequeño, sin infraestructura turística destacada, donde lo principal es el paisaje del páramo y la huella de su historia medieval.