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sobre Villalba de los Alcores
Villa medieval amurallada con castillo; destaca por su patrimonio histórico y el despoblado de Fuenteungrillo
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En lo alto de los Montes Torozos, a unos 849 metros de altitud, Villalba de los Alcores hace de balcón sobre el paisaje castellano. Este pequeño municipio vallisoletano de apenas 383 habitantes conserva bastante bien la vida rural de la meseta, en una de las comarcas más singulares de Castilla y León, donde los páramos cerealistas se funden con el cielo en un horizonte que invita más a ir despacio que a ir de foto en foto.
El nombre de Villalba remite a la repoblación medieval, mientras que "de los Alcores" alude a las elevaciones de este territorio. Aquí el tiempo sigue marcándolo el campo y el viento sobre los trigales. Es un lugar pensado para quien de verdad quiere tranquilidad, no para quien busca mucha oferta de ocio.
Los Montes Torozos forman una plataforma calcárea que se eleva sobre las tierras circundantes, creando paisajes abiertos y rectilíneos. Villalba de los Alcores se encuentra en pleno corazón de este territorio y funciona bien como base o como parada para hacerse una idea de lo que es el páramo castellano.
¿Qué ver en Villalba de los Alcores?
El patrimonio de Villalba de los Alcores refleja siglos de historia rural castellana. La iglesia parroquial preside el casco urbano, un templo de arquitectura tradicional que merece una visita tranquila para fijarse en la piedra local y en cómo se ha ido construyendo y reparando con los materiales de la zona, como se ha hecho siempre en los Montes Torozos. Si está cerrada, suele bastar con preguntar por la persona que guarda las llaves, lo habitual en pueblos de este tamaño.
Pasear por las calles del municipio permite ver la arquitectura popular castellana, con casonas de adobe y ladrillo que hablan de un pasado agrícola más intenso. Muchas están reformadas, otras siguen tal cual, y ese contraste forma parte del paisaje real de la España rural actual. No todo está “de postal”, y conviene venir con esa mirada.
Las bodegas subterráneas, excavadas en el subsuelo calcáreo, son elementos patrimoniales muy característicos de esta comarca, aunque muchas permanecen en uso privado y no se pueden visitar libremente. Conviene preguntar en el pueblo antes de aventurarse a entrar en ninguna, tanto por seguridad como por respeto a la propiedad.
El verdadero valor de Villalba de los Alcores está en su entorno natural. Los páramos que rodean el pueblo permiten vistas amplias, especialmente al atardecer, cuando el sol tiñe de dorados y ocres los campos de cereal. En primavera, las amapolas entre el verde del trigo dan el punto de color que muchas fotos de la zona explotan, pero conviene recordar que es un paisaje agrícola, con lo que eso implica: maquinaria, caminos de tierra y polvo en verano.
Los bosquetes de encinas y quejigos que salpican el territorio son refugio de fauna silvestre. No es raro ver aves rapaces sobrevolando los páramos, especialmente cernícalos y busardos ratoneros. Para quien tenga paciencia y prismáticos, la ornitología aquí tiene bastante sentido.
Qué hacer
El senderismo es la actividad más lógica en Villalba de los Alcores. Diversos caminos y senderos rurales permiten adentrarse en los Montes Torozos, descubriendo rincones donde el silencio solo se rompe con el canto de las alondras o el paso de algún tractor. Las rutas por los páramos son de dificultad baja a moderada, pero hay que tener en cuenta que hay poca sombra y que en verano el sol pega fuerte.
La ruta de los miradores es una opción interesante, recorriendo los puntos elevados desde donde se domina el territorio circundante. En días despejados, las vistas alcanzan hasta las montañas del norte de Palencia.
Para los cicloturistas, las carreteras secundarias que conectan los pueblos de la comarca plantean un terreno ondulado, con subidas y bajadas suaves, muy agradecido para rutas de bicicleta de carretera o gravel. El escaso tráfico y los paisajes abiertos se disfrutan, siempre que se vaya preparado para el viento, que en esta zona puede ser protagonista.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra. El lechazo asado sigue siendo el plato más típico, junto con las legumbres y los quesos artesanos de la zona. Aunque Villalba es un pueblo pequeño, en la comarca hay asadores tradicionales donde probar la cocina castellana más directa; conviene informarse con antelación de horarios y apertura, porque fuera de temporada o entre semana la oferta puede ser limitada.
La micología también tiene su espacio en estos territorios. En temporada otoñal, los bosques de la zona pueden dar juego a los aficionados a la recolección de setas, siempre con conocimiento, permisos cuando proceda y respeto al medio.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en agosto, momento en que el pueblo recupera vida con el regreso de los emigrantes y visitantes. Son días de convivencia, con misa, procesión y actividades tradicionales que mantienen un tejido social que el resto del año es mucho más reducido.
En septiembre, como en muchos municipios castellanos, se celebran actos relacionados con la vendimia y las tradiciones agrícolas, aunque con carácter más discreto, acorde al tamaño del municipio.
La Semana Santa mantiene su tono rural, con procesiones que recorren las calles del pueblo en un ambiente de recogimiento, lejos de las grandes celebraciones urbanas. Es más un acto comunitario que un evento turístico.
Cuándo visitar Villalba de los Alcores
La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son, en general, las mejores épocas para ver el paisaje en condiciones agradables: en primavera por el verde de los campos y la floración, en otoño por las luces bajas y las labores agrícolas.
El verano puede ser caluroso, con días largos y pocas sombras en el páramo, aunque las noches refrescan por la altitud. El invierno es frío y ventoso; algunos días puede lucir espectacular con niebla baja o alguna nevada, pero hay que venir abrigado y sabiendo que el ambiente será bastante tranquilo.
Si vienes por la tarde, los atardeceres sobre los trigales o los rastrojos son, probablemente, el mejor momento del día para entender este paisaje.
Lo que no te cuentan
Villalba de los Alcores es pequeño y se recorre a pie en poco tiempo. El núcleo urbano da para un paseo sin prisas, pero el viaje solo compensa si se suma algún paseo por el entorno o si se encadena con otros pueblos de los Montes Torozos.
Las fotos de primavera, con cielos limpios y campos verdes, no representan todo el año: en verano el paisaje es seco y ocre, y en invierno puede resultar áspero si uno viene esperando praderas. Lo que se viene a ver aquí es la realidad de la Castilla de páramo, con su belleza y su dureza.
Conviene venir con el depósito de combustible controlado y algo de comida o agua en el coche, sobre todo fuera de fines de semana o temporada alta, porque los horarios de bares y tiendas en la zona rural no siempre se ajustan a lo que espera quien viene de ciudad.
Errores típicos al visitar Villalba de los Alcores
- Venir a mediodía en verano y pretender hacer rutas largas por el páramo. No hay sombra y el calor castiga. Mejor primeras horas de la mañana o última de la tarde.
- Pensar que el pueblo “da para todo el día” por sí solo. Sin contar algún paseo por el entorno o la visita a otros núcleos cercanos, se ve rápido.
- Confiar en encontrar servicios a cualquier hora. Tiendas y bares funcionan con lógica de pueblo: cierres a mediodía, descansos, días sueltos sin abrir.
Si solo tienes…
- Si solo tienes 1–2 horas: paseo por el casco urbano, iglesia parroquial si está abierta y acercarse a algún camino a las afueras para asomarse al páramo y ver la amplitud del paisaje.
- Si tienes el día entero: combinar Villalba de los Alcores con otros pueblos de los Montes Torozos, hacer una ruta a pie o en bici por los caminos agrícolas y quedarse al atardecer en alguno de los miradores naturales del páramo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid capital, Villalba de los Alcores se encuentra a unos 40 kilómetros por la carretera N-601 hacia León, tomando después el desvío hacia la comarca de Montes Torozos. El trayecto suele rondar la media hora larga en coche, dependiendo del tráfico y del punto de salida.
El acceso es por carretera convencional; no hay estación de tren y el transporte público es limitado [VERIFICAR], así que, en la práctica, lo más cómodo es venir en coche propio o compartido. Aparcar no suele ser un problema dentro del casco urbano, pero conviene evitar tapar portales, cocheras y accesos agrícolas.