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sobre Villasexmir
Pequeña aldea en el valle del Hornija; destaca por su iglesia y la tranquilidad
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Hablar de turismo en Villasexmir obliga primero a mirar el mapa. El pueblo está en el centro de los Montes Torozos, esa meseta ondulada que separa la campiña del Pisuerga de Tierra de Campos. A unos treinta kilómetros de Valladolid, pero ya en otro ritmo. Aquí viven poco más de medio centenar de personas y el paisaje sigue marcado por el cereal y los caminos agrícolas.
Villasexmir se asienta en una pequeña loma. No es un casco compacto ni monumental. Las calles siguen la pendiente y terminan por concentrarse en torno a la plaza, donde se reúnen los edificios más reconocibles del pueblo.
La iglesia y el trazado del pueblo
La referencia visual es la iglesia parroquial de Santa María. El edificio actual parece levantado en el siglo XVI, aunque con reformas posteriores. La torre de ladrillo sobresale sobre las casas bajas y se ve desde los campos que rodean el pueblo.
El interior es sencillo. Conserva un retablo del siglo XVIII que, sin ser excepcional, ayuda a entender la escala de estas parroquias rurales: comunidades pequeñas que encargaban obras acordes a sus medios.
Alrededor de la iglesia aparecen varias casas de adobe y tapial. Algunas mantienen portones de madera claveteada y patios interiores. Son rasgos comunes en los pueblos de los Torozos, donde la construcción tradicional utilizó durante siglos la tierra del propio terreno.
Palomares y arquitectura del campo
En los alrededores de Villasexmir todavía se ven palomares. Algunos circulares, otros cuadrados, casi siempre hechos con barro y ladrillo. Muchos están deteriorados, pero siguen formando parte del paisaje.
Durante siglos tuvieron una función económica clara. Las palomas se criaban tanto por la carne como por la palomina, un abono muy valorado para los cultivos. En buena parte de la provincia de Valladolid estas construcciones marcaron el territorio rural.
Cerca del pueblo también aparecen pequeñas bodegas excavadas en la roca caliza. No siempre son visibles desde lejos; a veces solo se reconoce la puerta y el respiradero que asoma entre los taludes.
El paisaje de los Montes Torozos
El entorno de Villasexmir es abierto. Campos de trigo y cebada que cambian mucho según la estación. En primavera el verde cubre las lomas; en verano domina el ocre del cereal ya segado.
Desde los caminos más altos se aprecia bien la forma del territorio. Los Torozos no son montañas, pese al nombre. Son una meseta elevada con suaves ondulaciones y horizontes largos, muy expuestos al viento.
La ausencia de grandes infraestructuras mantiene una sensación de aislamiento relativa. A pocos kilómetros pasan carreteras comarcales, pero el paisaje sigue siendo esencialmente agrícola.
Caminos y recorridos a pie
Los alrededores se recorren por pistas de concentración parcelaria y antiguos caminos entre parcelas. No están pensados como rutas turísticas señalizadas. Son, ante todo, vías de trabajo para el campo.
Aun así, caminar por ellos permite entender bien la estructura del territorio: parcelas largas, linderos bajos y, de vez en cuando, algún palomar aislado o una pequeña explotación ganadera.
En las zonas abiertas no es raro ver aves esteparias. La observación depende mucho de la época del año y de la hora del día, pero estas llanuras forman parte del hábitat de varias especies propias del cereal.
Algunas notas históricas
El pueblo aparece citado en documentos al menos desde el siglo XV, vinculado a propiedades señoriales de la zona. Como ocurre en muchos núcleos de los Torozos, su historia está ligada a la agricultura de secano y a una población siempre moderada.
No hay grandes restos monumentales ni episodios históricos muy conocidos. El interés está más bien en la continuidad del lugar: un asentamiento pequeño que ha mantenido su función agrícola durante siglos.
Qué conviene saber antes de ir
Villasexmir se recorre en poco tiempo. Lo más interesante suele estar fuera del casco, en los caminos y en la arquitectura dispersa del campo.
Conviene llevar agua si se va a caminar por los alrededores y tener en cuenta que los servicios en el pueblo son limitados. Es un lugar tranquilo, de paso lento, donde lo esencial sigue siendo el trabajo agrícola y la vida diaria de sus pocos vecinos.