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sobre Villasexmir
Pequeña aldea en el valle del Hornija; destaca por su iglesia y la tranquilidad
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En el corazón de los Montes Torozos, esas mesetas calcáreas que dominan el horizonte de Valladolid, se encuentra Villasexmir, una pequeña aldea de apenas 67 habitantes que conserva bastante bien la esencia de la Castilla rural de secano de toda la vida. A 753 metros de altitud, este núcleo diminuto es de los que se cruzan en dos minutos en coche y se disfrutan mejor a pie y sin prisas: paz de campos de cereal, silencio interrumpido por el viento y las campanas, y arquitectura popular de tierra y adobe que se mezcla con el paisaje sin hacer ruido.
Llegar hasta Villasexmir es adentrarse en una tierra de horizontes amplios y cielos muy abiertos, donde el tiempo parece discurrir a otro ritmo… y a veces parece directamente que se ha parado. Las construcciones tradicionales se agrupan en torno a la plaza, mientras los palomares —esas torres emblemáticas de esta comarca— salpican el territorio como testigos de una economía agraria que durante siglos definió estos pagos. No encontrarás aquí grandes monumentos ni servicios turísticos sofisticados; es un pueblo pequeño, de verdad pequeño, y conviene venir sabiendo eso.
Para quien busca desconectar del ruido urbano y experimentar la Castilla más genuina, Villasexmir funciona como una ventana a un modo de vida que resiste al abandono rural. Es un lugar para el viajero contemplativo, para quien sabe apreciar la belleza de lo simple y valora el contacto directo con un territorio donde la naturaleza y la agricultura conviven en equilibrio desde hace generaciones.
¿Qué ver en Villasexmir?
El patrimonio de Villasexmir es modesto pero bastante representativo de la arquitectura tradicional castellana. La iglesia parroquial preside el pueblo, como en tantos núcleos rurales, con su torre visible desde la distancia en la planicie. Aunque de proporciones humildes, merece acercarse y dar una vuelta alrededor para apreciar los elementos propios del gótico-renacentista rural que caracterizan muchos templos de la zona. Si está abierta, entra un momento; si no, al menos rodéala y fíjate en los añadidos y reformas de distintas épocas.
El interés de Villasexmir está sobre todo en su conjunto urbano tradicional, con construcciones de adobe, tapial y mampostería que muestran las técnicas constructivas adaptadas al entorno. Las casonas antiguas, aunque muchas necesitadas de restauración, conservan detalles curiosos: bodegas subterráneas excavadas en la roca caliza, portones de madera claveteada y patios interiores típicos de la arquitectura agraria castellana. No es un pueblo de postal recién pintada, y ahí está parte de su gracia: aquí se ve la vida tal cual, con casas cuidadas junto a otras a medio caer.
Los palomares de los alrededores son otra pieza importante del paisaje. Estas construcciones cilíndricas o cuadrangulares, levantadas en barro y ladrillo, eran fundamentales en la economía tradicional. Algunos se mantienen en pie decorando el paisaje de los Montes Torozos, testimonio de una actividad que proporcionaba abono (palomina) para los campos y carne para las mesas. Otros están arruinándose, pero incluso así quedan bien en una foto con cielo de tormenta. No todos son accesibles de cerca, así que mejor conformarse con verlos desde los caminos.
El paisaje mismo manda: los páramos cerealistas que rodean Villasexmir tienen una belleza austera pero muy evocadora, especialmente al atardecer, cuando la luz dorada baña los campos ondulantes. En primavera, el verde de los cultivos contrasta con el azul intenso del cielo castellano; en verano, todo se vuelve una gama de ocres que parece sacada de un cuadro. Si te gustan los sitios tranquilos de verdad, aquí no suele haber problemas de masificación.
Qué hacer
Villasexmir es buena base para el senderismo tranquilo por los Montes Torozos. Existen caminos agrícolas y cañadas que permiten caminar entre campos de cereal, con vistas panorámicas de la comarca. El Camino Natural de los Montes Torozos atraviesa la zona, ofreciendo rutas señalizadas que conectan varios pueblos de la comarca. Son pistas anchas, con poco desnivel, para caminar más que para hacer montañismo, pero conviene llevar agua, gorra y algo de abrigo según la época: la sombra y los resguardos del viento no abundan.
La observación de aves resulta especialmente agradecida en esta zona. Las llanuras cerealistas albergan especies esteparias como la avutarda, el aguilucho cenizo y la alondra, mientras que en las pequeñas manchas arboladas pueden avistarse rapaces. El silencio del entorno facilita esta actividad, especialmente en las primeras horas de la mañana. Conviene traer prismáticos y paciencia, y respetar siempre los caminos sin meterse en los cultivos.
Para los aficionados a la fotografía de paisaje, Villasexmir regala encuadres muy de Castilla profunda: campos hasta el horizonte, palomares solitarios, cielos dramáticos y esa luz de la meseta que tanto inspiró a los escritores de la Generación del 98. Si te gustan los contrastes de luz y sombra, los días de nubes bajas son un filón; con cielo plano y sin nubes, el mediodía tiene bastante menos interés.
La gastronomía local mantiene las tradiciones culinarias castellanas: asados de lechazo y cochinillo, productos de la matanza, legumbres de la tierra y quesos artesanos de oveja. Aunque en el propio pueblo la oferta es muy limitada o inexistente en algunos momentos [VERIFICAR], los municipios cercanos conservan hornos tradicionales y pequeños productores. Lo más práctico suele ser organizarse para comer fuera del pueblo o traer algo preparado si vas de ruta, sobre todo fuera de fines de semana o fiestas.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, cuando los hijos del pueblo que viven fuera regresan para mantener vivas las tradiciones. Son celebraciones sencillas, de pueblo pequeño: misa, procesión, bailes populares, verbenas y comidas en comunidad que reflejan el fuerte sentido de pertenencia de estas comunidades rurales. No esperes grandes programas ni orquestas de renombre, pero sí ambiente cercano y caras conocidas entre todos.
Como en buena parte de Castilla, la Semana Santa se vive con recogimiento, con procesiones adaptadas al tamaño del pueblo pero manteniendo la sobriedad y devoción características de estas tierras.
Las fiestas agrarias tradicionales, vinculadas a los ciclos de siembra y cosecha, aunque menos visibles que antaño, todavía marcan el ritmo vital de la aldea. No siempre aparecen en folletos ni programas, son más bien costumbres que se mantienen de puertas para adentro, entre vecinos.
Cuándo visitar Villasexmir
La primavera (abril-mayo) es cuando los campos están en su mejor momento: verdes intensos, temperaturas suaves y días más largos. Para caminar y hacer fotos, es la época más agradecida.
El otoño trae tonos dorados, cielos interesantes y temperaturas agradables; es buena estación para enlazar Villasexmir con otros pueblos de los Montes Torozos sin pasar calor en las horas centrales.
El verano puede ser muy caluroso, con sol fuerte y poca sombra: si vienes, madruga o ajusta los paseos a primera hora de la mañana y última de la tarde. El invierno es frío y ventoso; el pueblo se ve rápido, pero el ambiente de soledad y los cielos invernales tienen su punto para quien vaya buscando precisamente eso.
Si hace mal tiempo, el plan se reduce a un paseo corto por el casco y un vistazo al paisaje desde el coche: los caminos pueden embarrarse y el viento en el páramo se nota. En días de lluvia fuerte o niebla densa, es más un sitio para una parada breve que para alargar mucho la visita.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da una vuelta completa por el casco, acércate a la iglesia, asómate a los bordes del pueblo para ver los palomares y los campos y, si el tiempo acompaña, camina un rato por alguno de los caminos agrícolas que salen del núcleo. Con eso te llevas una idea bastante fiel de lo que es Villasexmir.
Si tienes el día entero
Tiene más sentido plantearlo como jornada por los Montes Torozos: combínalo con otros pueblos de la comarca, alguna ruta por el Camino Natural y parada a comer en un municipio cercano. Villasexmir encaja bien como tramo tranquilo de esa ruta, no como único objetivo del día.
Lo que no te cuentan
Villasexmir es muy pequeño y se ve rápido. No vengas esperando un casco histórico monumental ni una lista interminable de visitas; es más una parada dentro de una ruta por los Montes Torozos que un destino para pasar varios días. Hay pocos servicios, casi nada de sombra y los alrededores son puro campo: si eso te atrae, disfrutarás; si buscabas “más cosas que hacer”, quizá te sepa a poco.