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sobre Alconada de Maderuelo
Pequeño núcleo rural cerca del embalse de Linares; destaca por su tranquilidad y proximidad a espacios naturales protegidos
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En lo alto de las parameras del nordeste segoviano, a unos 946 metros de altitud, Alconada de Maderuelo se alza como uno de esos pueblos que parecen suspendidos en el tiempo. Con apenas una veintena larga de habitantes, esta pequeña aldea castellana representa la esencia más sobria de la España interior: casas de piedra y adobe, calles sin asfaltar que serpentean entre corrales, y un silencio solo interrumpido por el viento de la meseta y el repiqueteo de las cigüeñas en primavera.
Perteneciente a la Comunidad de Villa y Tierra de Maderuelo, Alconada forma parte de ese mosaico de pequeños núcleos rurales que salpican las tierras entre el embalse de Linares del Arroyo y las estribaciones de la sierra de Ayllón. Su ubicación, en plena comarca del Nordeste de Segovia, la convierte en un lugar al que se viene a bajar revoluciones: aquí no hay prisas, ni bares, ni tiendas, pero sí horizonte abierto y ritmo de pueblo.
El paisaje que rodea Alconada es típicamente castellano: campos de cereal que dibujan patrones geométricos según la estación, encinares dispersos y parameras donde el cielo adquiere una dimensión especial. Es territorio de aves rapaces, de pastores que mantienen tradiciones centenarias, y de atardeceres que tiñen de ocre y violeta las tierras de labor.
¿Qué ver en Alconada de Maderuelo?
El patrimonio de Alconada es el propio de una aldea agrícola que ha mantenido su estructura tradicional casi intacta. Su iglesia parroquial, de factura sencilla pero con elementos de interés, preside el conjunto urbano como corresponde a estos pueblos castellanos. El templo conserva la sobriedad característica de las construcciones rurales de la provincia, con muros de mampostería y espadaña.
Pasear por Alconada es descubrir la arquitectura popular segoviana en un estado muy poco maquillado: casas de piedra con portones de madera, corrales adosados, palomares tradicionales y pajares que hablan de una economía basada en la agricultura y la ganadería. Algunas viviendas mantienen elementos arquitectónicos tradicionales como hornos de pan y bodegas subterráneas excavadas en la roca. No es un pueblo “de postal”: hay casas arregladas y otras medio vencidas, tractores, aperos y vida rural tal cual es. La visita es más de fijarse en detalles que de ir pasando de monumento en monumento.
Los alrededores del pueblo ofrecen paisajes abiertos y limpios. Los campos permiten caminar con libertad y observar la fauna característica de estas parameras: desde el aguilucho cenizo hasta el alcaraván, pasando por las omnipresentes alondras que marcan el ritmo de las estaciones. En primavera, las tierras de cultivo se salpican de amapolas y margaritas silvestres, creando un espectáculo cromático muy agradable para quien viene acostumbrado al asfalto.
Qué hacer
Alconada es un destino tranquilo para el turismo de desconexión y naturaleza. El senderismo aquí no tiene carteles ni pasarelas: son caminos agrícolas y sendas tradicionales que conectan con los pueblos vecinos. Una ruta sencilla recorre las lomas circundantes, ofreciendo vistas panorámicas de la comarca y permitiendo comprender la magnitud de estas tierras de horizonte infinito. En una hora larga de paseo, a ritmo tranquilo, se puede rodear el entorno más inmediato del pueblo.
La observación de aves es otra actividad interesante en la zona. Las parameras del nordeste segoviano son refugio de especies esteparias cada vez más escasas, y los amantes de la ornitología encontrarán en estos parajes un escenario muy agradecido durante la primavera y el otoño. Conviene traer prismáticos y algo de paciencia: aquí los animales mandan en los tiempos.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra: el cordero asado, el lechazo, las legumbres de la zona y los quesos artesanales de oveja. En la comarca puedes comer platos tradicionales como la sopa castellana, las judías con oreja o los torreznos. Los asados al horno de leña mantienen viva una tradición culinaria que ha pasado de generación en generación, aunque para sentarse a la mesa tendrás que desplazarte a alguno de los núcleos cercanos.
Desde Alconada se puede explorar la cercana villa medieval de Maderuelo, con su conjunto histórico y sus vistas al embalse de Linares, así como otras localidades de la Comunidad de Villa y Tierra que conservan un rico patrimonio románico y medieval. Al final, el pueblo encaja bien como parte de una ruta más amplia por el nordeste de Segovia, más que como único destino del viaje.
Fiestas y tradiciones
Como aldea pequeña, Alconada mantiene un calendario festivo sencillo pero significativo. Las fiestas patronales suelen celebrarse durante el verano, generalmente en agosto, cuando el pueblo recupera algo de vida con el regreso de emigrantes y familiares. Son días de convivencia vecinal, con misa tradicional, comida popular y baile, más pensados para los del pueblo que para el turismo.
La Semana Santa se vive con la sobriedad característica de estos pueblos castellanos, con oficios religiosos que mantienen tradiciones centenarias. En invierno, las celebraciones de Navidad reúnen a las pocas familias que permanecen en el pueblo durante todo el año.
Información práctica
Para llegar a Alconada de Maderuelo desde Segovia capital hay que recorrer aproximadamente 85 kilómetros por la N-110 dirección Soria, desviándose después por carreteras comarcales que atraviesan la comarca del Nordeste. El trayecto dura alrededor de una hora y cuarto y discurre por paisajes amplios, con tráfico generalmente tranquilo.
La mejor época para visitar Alconada es la primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre), cuando las temperaturas son más suaves y el campo está más vivo. En verano el calor puede ser intenso durante el día, aunque las noches resultan frescas por la altitud. El invierno es riguroso, con frecuentes heladas y ocasionales nevadas; en días de viento del norte la sensación térmica baja bastante. Si vienes en esa época, conviene ropa abrigada de verdad, no solo un forro polar “por si acaso”.
Es importante tener en cuenta que Alconada es una aldea muy pequeña sin servicios turísticos propios: no hay bares, ni tiendas, ni cajeros. Conviene planificar el alojamiento en localidades cercanas como Maderuelo o Ayllón, donde encontrarás casas rurales y pequeños hostales, y llegar con el depósito de gasolina y la compra hechos. Para un paseo de unas horas basta con llevar agua y algo de comida, porque no tendrás dónde improvisar.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Tiempo suficiente para dar una vuelta con calma por el caserío, entrar en la iglesia si está abierta y bajar luego por los caminos que salen del pueblo para asomarte a las parameras. Es un paseo corto y llano, más de pasear y mirar que de ir tachando “cosas que ver”.
Si tienes el día entero
Lo más razonable es combinar Alconada con otros puntos del nordeste segoviano: Maderuelo, el entorno del embalse de Linares o alguna ruta por la sierra de Ayllón. Reserva una parada de una o dos horas en Alconada para sentir el lugar, hacer fotos del paisaje y quizá un pequeño paseo entre campos.
Lo que no te cuentan
Alconada de Maderuelo es muy pequeña y se ve rápido. Si llegas pensando en un pueblo monumental o en mucha “actividad”, saldrás decepcionado. Funciona mejor como alto en el camino dentro de una ruta por la zona que como destino principal de varios días.
Las fotos pueden engañar un poco: el entorno es amplio y luminoso, pero el caserío tiene casas derruidas, corrales viejos y algún solar vacío. Eso también forma parte del paisaje rural actual de la meseta. Si vienes con esa mirada, sin buscar un decorado, el pueblo se entiende mejor.