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sobre Castillejo de Mesleón
Pueblo de paso en la autovía del norte; entorno de monte bajo y encinares
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Hay pueblos en los que pasa algo curioso: llegas, aparcas, miras alrededor… y durante unos segundos parece que alguien ha bajado el volumen del mundo. Eso me pasó la primera vez que entré en Castillejo de Mesleón, en el nordeste de Segovia. Ni tráfico, ni ruido constante. Solo campo abierto y un puñado de casas agarradas al terreno.
Castillejo de Mesleón tiene unos 119 vecinos y está a más de 1.200 metros de altura. Aquí el paisaje manda desde hace mucho. Campos de cereal, horizontes amplios y caminos que conectan con otros pueblos pequeños de la zona. No hay grandes monumentos ni reclamos llamativos. Lo que encuentras es otra cosa: la sensación de que el tiempo corre a otro ritmo.
Las casas siguen la lógica de siempre en esta parte de Segovia. Piedra clara, ventanas pequeñas, tejados de teja árabe. Nada de alardes. Caminando por las calles aparecen corrales antiguos, portones grandes de madera y algunas entradas a bodegas excavadas bajo tierra.
El centro del pueblo y la iglesia
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción queda en el corazón del pueblo. Es un edificio sobrio, de muros gruesos y formas sencillas. No impresiona por tamaño ni por ornamentación. Tiene más bien ese aire de iglesia que ha estado ahí toda la vida y que sigue cumpliendo su función.
Dentro suele haber imágenes antiguas y ese silencio típico de los templos de pueblo pequeño. No parece un museo. Más bien una habitación grande donde han pasado bautizos, funerales y fiestas durante generaciones.
Alrededor de la iglesia se concentra buena parte de la vida del pueblo. Algunas casas muestran grietas, arreglos hechos con prisa o ampliaciones improvisadas. Es parte del paisaje real de muchos pueblos de la meseta.
Caminos y paisaje cerealista
El campo alrededor de Castillejo de Mesleón es sencillo y muy abierto. Cereal en verano, tonos grises y marrones cuando llega el frío. Si te gustan los paisajes amplios, aquí tienes kilómetros para mirar.
Los caminos que salen del pueblo son los mismos que usan agricultores y ganaderos. Pistas anchas de tierra que cruzan parcelas de avena o cebada. A ratos aparecen manchas de encinas o sabinas, que rompen un poco la monotonía del campo.
Desde algunos pequeños altos se ve bien la comarca. No son montes grandes, más bien lomas suaves. Pero el horizonte se estira bastante.
Fauna y cielos muy oscuros
Si madrugas un poco es fácil ver movimiento en los campos. Liebres cruzando caminos, aves rapaces dando vueltas sobre las eras o buscando algo entre los cultivos.
Los milanos suelen aparecer con frecuencia en esta zona. Planeando sin prisa, aprovechando el viento que sube de las lomas.
Por la noche pasa otra cosa curiosa. Como apenas hay luces alrededor, el cielo se vuelve muy nítido. No hace falta equipo especial para darse cuenta. Basta con apartarse un poco del casco del pueblo y mirar hacia arriba. Si vienes de ciudad, el cambio se nota bastante.
Caminos hacia los pueblos de alrededor
Desde Castillejo de Mesleón salen rutas sencillas hacia otros núcleos cercanos del nordeste segoviano. Algunos vecinos las han usado toda la vida para moverse entre pueblos.
Son recorridos fáciles de seguir porque muchas veces coinciden con pistas agrícolas. El único detalle a tener en cuenta es el sol. Hay poca sombra durante muchos tramos y en verano se nota.
Aun así, caminar por aquí tiene algo agradable. Vas avanzando con el sonido del viento y, de vez en cuando, aparece otro pueblo en la distancia.
Comer como se ha hecho siempre
En un pueblo tan pequeño la cocina sigue siendo muy de casa. Platos de cuchara que llenan bien el estómago y que se han repetido durante generaciones.
Judiones cocidos despacio, sopas castellanas con pan asentado y pimentón, o migas acompañadas de lo que haya a mano. Recetas sencillas, de las que nacieron para aprovechar lo que daba la tierra.
No hay mucha parafernalia alrededor de la comida. Es más bien cocina de invierno, de mesa compartida y de conversación larga.
Castillejo de Mesleón no es un sitio al que vengas a tachar monumentos de una lista. Es más bien ese tipo de lugar al que llegas, das un paseo, miras el paisaje y entiendes cómo funciona la vida en esta parte de Segovia. A veces eso ya es suficiente.