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sobre Cedillo de la Torre
Destaca por su torre vigía que da nombre al pueblo; entorno agrícola y ganadero
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En el corazón del Nordeste segoviano, donde las parameras castellanas se elevan hasta rozar unos cielos de los más limpios de la provincia, se encuentra Cedillo de la Torre. Este pequeño núcleo de unos 80 habitantes se asienta a más de mil metros de altitud, con ese silencio profundo y esa vida pausada que solo conservan los pueblos que han seguido a lo suyo pese al despoblamiento. Sus calles de arquitectura tradicional, construidas con la piedra caliza de la zona, hablan de una forma de vida rural que se mantiene bastante fiel a sus raíces.
El municipio forma parte de ese territorio fronterizo entre Segovia y Soria, una tierra de horizontes amplios donde el paisaje cambia de cara con cada estación: el verde contenido de la primavera, el dorado de los trigales en verano, los ocres del otoño y el blanco cuando la nieve decide cubrir los campos. Cedillo de la Torre encaja mejor como lugar para bajar revoluciones, pasear sin prisas y asomarse a una Castilla interior que aquí sigue muy presente, sin artificios. No es un pueblo de grandes monumentos ni de fotos de postal continuas, es más bien un sitio al que venir sabiendo que lo esencial son el ritmo y el paisaje.
Visitar Cedillo es adentrarse en la España interior menos transitada, donde quien llega con curiosidad encuentra recompensas sencillas: conversación fácil en la plaza si coincide, caminos vacíos para caminar y una cocina que sigue bebiendo de la tradición pastoril y cerealista de estas tierras altas.
Qué ver en Cedillo de la Torre
El interés de Cedillo está sobre todo en su conjunto urbano tradicional, bien integrado en el paisaje de la paramera. Un paseo corto por sus calles permite hacerse una idea de la arquitectura popular castellana, con viviendas de piedra y adobe que han resistido el paso de los años. Las construcciones mantienen elementos muy típicos de la zona: muros gruesos, pequeñas ventanas y portones de madera pensados para aguantar el invierno serrano.
La iglesia parroquial es el centro físico y simbólico del pueblo, como en tantos núcleos rurales de la provincia. Su espadaña marca el perfil urbano y sigue marcando el ritmo del día a día. El templo conserva elementos de interés arquitectónico propios de las construcciones religiosas rurales segovianas, más sobrios que espectaculares, pero coherentes con el entorno. Merece entrar, aunque solo sea un momento, para entender la escala de un edificio pensado para un pueblo pequeño.
El entorno natural es uno de los puntos fuertes de Cedillo. La ubicación del municipio, en una zona de transición entre las campiñas y las parameras, crea paisajes abiertos, muy horizontales. Los campos de cultivo se alternan con manchas de vegetación autóctona donde abundan encinas, enebros y sabinas, formando un mosaico paisajístico de buen valor ecológico. Desde las suaves elevaciones cercanas al pueblo se obtienen vistas amplias sobre el Nordeste segoviano; en días claros se aprecia bien esa sensación de meseta interminable y, si el aire está muy limpio, se intuyen otras sierras en la lejanía.
Qué hacer
El senderismo y las rutas a pie son lo más lógico en Cedillo de la Torre. Los caminos rurales que parten del pueblo permiten recorrer la paramera y acercarse, según la ruta, a zonas de cultivo, pequeños barrancos o manchas de sabinar. No son recorridos técnicos ni de gran desnivel, pero conviene calcular bien tiempos y agua: la sombra escasea y el sol pega fuerte en verano. Aquí las distancias engañan un poco; al ser todo tan llano y abierto parece que “está ahí al lado” y luego se alarga más de lo previsto.
Estas rutas funcionan muy bien para la observación de aves, especialmente rapaces como el milano, el águila calzada o el ratonero común, que encuentran en estos paisajes abiertos su territorio de caza. Con prismáticos se disfruta bastante más, y si se camina en silencio no es raro ver alguna culebrera o escuchar al alcaraván al atardecer.
Para quien disfruta con la fotografía de naturaleza y paisaje, Cedillo tiene más juego del que parece: amaneceres y atardeceres sobre la paramera, cielos muy limpios y esos cambios de luz que, en días con nubes altas, dan carácter al horizonte. Conviene llegar con tiempo, porque la luz cambia rápido y, en invierno, anochece antes de lo que uno espera.
La gastronomía local se apoya en los productos tradicionales de la zona: cordero asado, lechazo, embutidos y legumbres forman la base de una cocina contundente, pensada para el frío y el trabajo en el campo. Los guisos de pastor y las sopas castellanas siguen formando parte del recetario que se prepara en los hogares del pueblo, sobre todo en invierno. No esperes una oferta enorme ni carta interminable: aquí se come lo que se ha comido siempre, según temporada.
La micología tiene su pequeño hueco. En otoño, los campos y zonas de monte cercano pueden dar buenas jornadas de setas y hongos, aunque aquí es importante tener conocimientos suficientes o ir acompañado de alguien que los tenga: en la zona también aparecen especies tóxicas. Lo habitual es que la gente de aquí tenga bastante controlada “su” zona, así que conviene preguntar antes de lanzarse al monte.
Fiestas y tradiciones
Como en la mayoría de los pueblos de la comarca, el calendario festivo de Cedillo de la Torre se concentra en verano, cuando muchos de los que se marcharon regresan al pueblo. Las fiestas patronales suelen celebrarse en torno a agosto [VERIFICAR], con los elementos habituales de estas celebraciones rurales: misa, procesión, verbenas y comidas populares que reúnen a vecinos y gente de fuera con algún vínculo con el lugar. No es un programa pensado para el turista, sino para la propia comunidad; quien llega de fuera es bien recibido, pero se nota que el protagonismo lo tienen los del pueblo.
Las celebraciones religiosas del ciclo anual, como la Semana Santa o las festividades navideñas, se mantienen, aunque adaptadas a la realidad de un pueblo pequeño: actos más sencillos, menos multitud, pero con la sensación de que todo el mundo se conoce. Si coincides, la estampa de la iglesia iluminada en medio del frío y el silencio tiene su fuerza.
Información práctica
Cedillo de la Torre se encuentra a unos 60 kilómetros al este de Segovia capital. Para llegar desde la ciudad, se toma la carretera N-110 en dirección a Soria y, pasado el desvío de varios pueblos de la zona, se accede finalmente por carreteras secundarias. El último tramo es de curvas suaves y poco tráfico, pero conviene no apurar la gasolina: no abundan las gasolineras cercanas y los pueblos de alrededor son también pequeños.
La mejor época para visitar el pueblo suele ser la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje cambia de color casi semana a semana. El verano es relativamente llevadero gracias a la altitud, aunque el sol cae a plomo en las horas centrales del día y el aire es seco. El invierno puede ser duro, con heladas frecuentes y algunas nevadas, que dejan estampas muy bonitas pero exigen abrigo serio y tener en cuenta posibles placas de hielo en carretera.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por caminos de tierra, ropa de abrigo incluso en verano para las noches y prismáticos si se quiere disfrutar de las aves. La escasa contaminación lumínica hace de Cedillo un buen lugar para observar el cielo en noches despejadas; en una sola noche se entiende por qué aquí la gente mira tanto hacia arriba.
Si solo tienes unas horas
- Con 1–2 horas, lo más sensato es centrarse en el pueblo: paseo tranquilo por las calles, vuelta alrededor de la iglesia y asomarse a las afueras para ver la paramera. A este ritmo, se ve con calma y sin necesidad de correr.
- En 3–4 horas puedes añadir un pequeño paseo por alguno de los caminos que salen del casco urbano, sin necesidad de planificar una ruta larga: ida y vuelta por el mismo sendero hasta que el tiempo marque el giro. Bastan 30–40 minutos de caminata para notar el cambio de perspectiva sobre el pueblo y el paisaje.
Cuándo visitar Cedillo de la Torre
- Primavera (abril-junio): el campo está más verde, los días alargan y todavía no aprieta el calor. Es buen momento para caminar sin sufrir demasiado y para ver la paramera menos seca.
- Verano: días largos y noches frescas, pero hay que organizar las caminatas temprano o a última hora para evitar las horas centrales. A mediodía, mejor buscar sombra o reservar ese rato para la sobremesa.
- Otoño: la luz cambia, llegan los tonos ocres y, si se da bien la temporada, la salida a por setas añade un aliciente. Los atardeceres suelen ser especialmente agradables.
- Invierno: frío seco, heladas y posibilidad de nieve. Si se viaja en coche, conviene revisar el parte meteorológico y no confiarse con las placas de hielo en las zonas sombrías. El pueblo se vuelve aún más silencioso y se agradece llevar ropa de más, no de menos.
Lo que no te cuentan de Cedillo de la Torre
Cedillo de la Torre es pequeño y se recorre rápido. En una mañana o una tarde tranquila se ve el casco urbano y se hace un paseo corto por el entorno. Funciona mejor como parada dentro de una ruta por el Nordeste de Segovia o como base para caminar y desconectar que como destino donde llenar varios días seguidos.
Las fotos aéreas o muy abiertas pueden dar la sensación de un pueblo más grande de lo que es. Una vez allí, todo es cercano, a escala humana. Si se llega esperando mucha oferta de servicios turísticos, el choque puede ser grande; si lo que se busca es calma, cielo y horizontes, entonces el lugar encaja mucho más.