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sobre Navares de las Cuevas
Pequeña aldea con encanto; destaca por su ermita y palacio
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Hay pueblos que parecen puestos en el mapa con chincheta y otros que parece que alguien dejó caer por accidente. Navares de las Cuevas es más bien de los segundos. Llegas por una carretera tranquila, miras alrededor y piensas: aquí el tiempo va por otro carril.
Es un núcleo muy pequeño del nordeste de Segovia. Tan pequeño que una mañana entera puede pasar sin que oigas más que viento y algún tractor a lo lejos. No hay escaparates ni carteles llamativos. Lo que ves es lo que hay: campo abierto y unas cuantas casas agarradas al terreno.
Las cuevas del cerro
Lo que da nombre al pueblo está justo encima. En el cerro se ven varias cuevas excavadas en la tierra. Durante mucho tiempo se usaron como bodegas o almacenes, y algunas también sirvieron como refugio o vivienda.
No están preparadas como visita ni nada parecido. Son parte del paisaje y de la vida de antes. Si te acercas verás puertas antiguas, muros de tierra y esa sensación de sitio usado durante generaciones. Algunas siguen teniendo dueño o uso familiar, así que conviene mirar con respeto y no meterse donde no toca.
Cómo es el pueblo por dentro
El casco urbano se recorre en nada. Diez minutos si vas despacio.
Las casas mezclan piedra, tapial y reformas de distintas épocas. Algunas se mantienen bien; otras muestran grietas y portones que ya han visto demasiados inviernos. Es el tipo de lugar donde cada fachada cuenta una historia, aunque nadie la tenga escrita.
La iglesia de San Mamés ocupa el centro visual. Es sencilla, sólida, muy castellana en ese sentido. Muchas veces está cerrada, algo bastante normal en pueblos con tan pocos vecinos, pero el campanario se ve desde casi cualquier punto.
Caminar por la paramera
Alrededor de Navares de las Cuevas lo que manda es la paramera. Campos amplios, rastrojos tras la siega y algunas encinas dispersas que parecen plantadas para romper la línea del horizonte.
Hay caminos agrícolas que salen del propio pueblo. Sirven para caminar un rato sin demasiada complicación. No esperes señalización ni rutas marcadas. Son pistas de trabajo que usan los vecinos para moverse entre parcelas.
En días claros, desde algunos puntos se llega a ver la sierra de Guadarrama al fondo. Esa línea azulada que aparece cuando el aire está limpio.
Comer y reunirse
Dentro del pueblo no hay bares ni restaurantes. Si quieres sentarte a comer algo caliente, toca acercarse a otros municipios de la zona.
En las casas, cuando se junta la familia o vuelven los que viven fuera, suelen aparecer platos muy de la tierra: cordero, guisos largos y queso de oveja. Cocina sencilla y contundente, la de siempre en esta parte de Castilla.
Las celebraciones locales también van por ahí. Nada de grandes escenarios ni programas interminables. En verano, cuando regresan algunos vecinos, es habitual que se organice una comida colectiva o juegos de los de toda la vida alrededor de la fiesta de San Mamés.
Cómo llegar sin perderse
Lo normal es llegar desde la zona de Riaza o desde otras carreteras comarcales del nordeste segoviano. El último tramo suele ser una carretera local estrecha, de esas donde bajas la velocidad casi sin darte cuenta.
Al entrar verás que no hay demasiado tráfico ni sitios señalizados para aparcar. Se deja el coche donde se puede, sin estorbar, y a partir de ahí todo se hace andando.
Navares de las Cuevas no es un destino de esos que llenan un día entero de planes. Se parece más a abrir una caja vieja en el desván: pocas cosas, pero cada una con su peso. Un paseo corto, mirar las cuevas del cerro y escuchar el silencio un rato. A veces con eso basta.