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sobre Riaza
Villa serrana con una espectacular Plaza Mayor porticada; centro turístico y de esquí cercano
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La Plaza Mayor de Riaza no es redonda ni cuadrada: tiene forma ovalada y está cerrada por soportales continuos que la convierten casi en un recinto. Durante mucho tiempo funcionó como plaza de toros improvisada; bastaba con cerrar los accesos y los balcones hacían de graderío. Esa disposición todavía se entiende al caminar por el perímetro. Las barandillas de hierro siguen ahí, y en septiembre aparecen colgadas banderas y mantones cuando la Virgen del Manto sale en procesión.
Riaza está a unos 1.100 metros de altitud, en el borde norte de la provincia de Segovia y muy cerca de la sierra de Ayllón. La ubicación no es casual. Este punto controla uno de los pasos naturales entre la meseta y las sierras del sistema Central, y durante siglos fue territorio de paso para la trashumancia que recorría la Cañada Real Soriana Occidental. Es probable que esa circulación constante de ganado y comerciantes explique el desarrollo temprano de la villa como lugar de mercado.
Las referencias documentales más antiguas sitúan la reorganización del territorio en época de la repoblación medieval vinculada al condado de Castilla. Con el tiempo, Riaza se consolidó como núcleo comarcal de intercambio de lana y ganado. Las ferias ganaderas llegaron a tener bastante importancia en la zona y dejaron huella en la estructura del pueblo: muchas calles descienden hacia la plaza, que funcionaba como espacio de reunión y mercado.
La arquitectura refleja bien el paisaje de alrededor. En esta parte de Segovia se habla a menudo de los “pueblos rojos y negros”: rojo por la piedra ferruginosa que aparece en muchas fachadas y negro por la pizarra de cubiertas y muros. Ese contraste se ve en varias calles del casco urbano. Las cubiertas suelen tener bastante pendiente, algo lógico en un lugar donde la nieve no es rara en invierno.
En la parte alta se levanta la iglesia de Nuestra Señora del Manto. El edificio empezó a construirse a finales de la Edad Media y fue transformándose en siglos posteriores, algo habitual en templos de esta zona. El interior conserva un retablo barroco y varias piezas devocionales ligadas a la patrona. La advocación del Manto se relaciona con una tradición muy extendida en Castilla: la Virgen que protege a la comunidad cubriéndola simbólicamente con su manto. Cada septiembre esa imagen vuelve a aparecer en las celebraciones patronales.
Cerca de la plaza se encuentra también el edificio del ayuntamiento, levantado en el siglo XVIII. Su elemento más reconocible es la torre del reloj, que durante mucho tiempo marcaba el ritmo de los mercados y de la vida cotidiana. En pueblos que funcionaban como centro comarcal, ese reloj tenía una función muy práctica: fijar horarios comunes para ferias, ventas de ganado o reuniones del concejo.
Quien quiera entender mejor la arquitectura tradicional de la zona suele encontrar una buena introducción en el pequeño museo etnográfico del pueblo, instalado en una casa antigua. La colección reúne herramientas de campo, utensilios domésticos y algunos elementos constructivos que ayudan a leer mejor los pueblos de la sierra: hornos, telares, piezas de carpintería o distintos tipos de teja y cubierta.
La sierra al alcance
A pocos kilómetros está la estación de esquí de La Pinilla, uno de los motivos por los que Riaza recibe bastante movimiento en invierno. Cuando hay nieve, la vida del pueblo gira en parte alrededor de la subida diaria a la sierra. En los meses cálidos el mismo entorno cambia de uso: pistas forestales y senderos se utilizan para caminar o recorrer la zona en bicicleta.
La sierra de Ayllón ofrece además varios miradores naturales desde los que se abre el paisaje hacia Segovia, Guadalajara e incluso Soria en días claros. Cerca del santuario de Hontanares hay caminos sencillos que suben por el pinar hasta zonas altas desde donde se entiende bien la posición del pueblo en el borde de la sierra.
El río Riaza también modela parte del territorio cercano. Más hacia el noreste, ya en el parque natural de las Hoces del Río Riaza, el agua ha excavado un cañón profundo donde crían buitres leonados y otras rapaces. No está en el mismo casco urbano, pero forma parte del paisaje natural asociado a la comarca.
Fiestas que pesan
Las celebraciones de septiembre giran en torno a la Virgen del Manto. Durante esos días el pueblo cambia de ritmo y la plaza vuelve a llenarse como lo hacía en las antiguas ferias. Una de las citas más conocidas es la romería al santuario de Hontanares, situado a varios kilómetros del núcleo urbano. La imagen se traslada hasta allí a hombros en una caminata que empieza muy temprano y que reúne a buena parte de la comarca.
Existe otra romería en primavera que repite el recorrido en sentido inverso. Con mejor tiempo y días más largos, el ambiente es distinto, aunque la tradición es la misma.
Lo que se come
La cocina sigue la lógica de las zonas de sierra: platos contundentes pensados para el frío y el trabajo físico. Las alubias grandes de la zona —a menudo llamadas judiones— aparecen con frecuencia en guisos con productos de la matanza. El cordero y el cabrito asados tienen también mucha presencia en la tradición local.
Durante el invierno se preparan embutidos en muchas casas, sobre todo cuando llega la temporada de matanza. En otras épocas del año entran en la mesa productos más ligados al monte cercano, como setas cuando la temporada viene buena.
Cómo llegar y qué llevar
Riaza se encuentra en el nordeste de la provincia de Segovia y se alcanza por carretera desde la N‑110. El último tramo atraviesa zona de sierra, con curvas y cambios de rasante. En invierno conviene informarse del estado de la carretera cuando hay nevadas.
El casco histórico se recorre a pie sin dificultad. Desde la plaza hasta la iglesia hay apenas unos minutos de subida. Para dejar el coche es más sencillo utilizar las zonas exteriores del centro; la plaza, protegida por soportales, no está pensada para el tráfico.