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sobre Ribota
Cerca de Riaza; destaca por su ermita y el color rojizo de la tierra (pueblos rojos)
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A primera hora, cuando el sol todavía va bajo y la escarcha aguanta en los bordes del camino, el silencio en Ribota es casi completo. Se oye alguna puerta de chapa, un tractor arrancando a lo lejos. En ese momento el turismo en Ribota tiene poco que ver con mapas o rutas: es más bien observar cómo despierta un pueblo de unas cuarenta personas, sin prisa y sin ruido.
Ribota está en el nordeste de Segovia, a más de mil metros de altura. La meseta aquí es abierta y seca gran parte del año. Los campos de cereal rodean el pueblo por todos lados y cambian de color según la estación. En primavera el verde es corto y denso; en verano todo vira al dorado pálido que se queda pegado a las botas cuando sopla el viento.
Las calles y la iglesia
El pueblo se recorre rápido. En menos de media hora has pasado por casi todas sus calles.
Las casas mezclan piedra, adobe y capas de cal ya gastadas por el tiempo. Algunas conservan corredores de madera en la entrada y portones anchos que daban paso a corrales. Los tejados de teja curva se ven desde casi cualquier punto porque el caserío es bajo.
La iglesia de San Juan ocupa uno de los lados más tranquilos del núcleo. Los muros son gruesos y la torre es sencilla, sin grandes adornos. La construcción actual parece haber tenido reformas a lo largo del tiempo; la torre, según cuentan en la zona, se rehízo en época moderna. Dentro suele haber una imagen pequeña de la Virgen, bastante desgastada, que todavía se saca en algunas celebraciones.
Campos abiertos alrededor del pueblo
Al salir de Ribota el paisaje cambia poco, pero eso es precisamente lo que lo define. Parcelas largas de cereal, algún ribazo con hierba más alta y, de vez en cuando, una línea de chopos marcando el curso de un arroyo estacional.
En los días claros se ven rapaces planeando bastante alto. Ratoneros y otras aves similares aprovechan las corrientes térmicas que se forman sobre los campos. Si te interesa observar aves, conviene venir con prismáticos y quedarse quieto un rato. Aquí casi todo ocurre despacio.
Caminar por los caminos de labor
No hay senderos señalizados ni paneles explicativos. Lo que hay son caminos agrícolas que salen del pueblo en varias direcciones.
Muchos vecinos los usan a diario para ir a las tierras. Son pistas de tierra ancha, fáciles de seguir, aunque después de lluvias pueden acumular barro. Un mapa o el móvil con el recorrido descargado ayuda si no conoces la zona.
Algunos pequeños altos alrededor del pueblo sirven como mirador natural. Desde allí se ven las lomas suaves del nordeste segoviano y, hacia el norte, manchas de pinar que rompen la monotonía del cereal.
Fiestas y momentos del año
En agosto suelen celebrarse las fiestas patronales dedicadas a San Juan. Las fechas cambian según el año. Durante esos días vuelven vecinos que viven fuera y el pueblo gana algo de movimiento. Hay misa, procesión y comidas compartidas en la calle o en los patios.
También en Semana Santa se mantienen actos religiosos sencillos. Nada multitudinario. Más bien reuniones pequeñas entre vecinos y familiares.
Cuándo venir y qué tener en cuenta
El invierno aquí puede ser duro. La nieve aparece algunos años y el hielo es habitual en las carreteras secundarias a primera hora. Si vienes en esa época, conviene conducir con calma y mirar la previsión antes de salir.
Primavera y principios de otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los caminos de alrededor. La luz es más suave y el viento no levanta tanto polvo.
Ribota no tiene servicios turísticos como tal. Lo normal es dormir o comer en pueblos cercanos y acercarse aquí para pasear un rato y entender cómo es este paisaje de la meseta segoviana cuando todo queda reducido a tres cosas: tierra, cielo y unas pocas casas agrupadas contra el viento.