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sobre Valdevacas de Montejo
En el Parque Natural Hoces del Riaza; entorno privilegiado para la naturaleza
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En el nordeste de Segovia, ya casi haciendo guiños a Soria, está Valdevacas de Montejo, una aldea mínima donde el silencio no es una promesa: es lo que hay. Con menos de treinta habitantes censados y a 1.126 metros de altitud, aquí la despoblación no es un concepto, es el día a día.
Perteneciente a la comarca del Nordeste de Segovia, Valdevacas de Montejo forma parte de ese rosario de pequeños pueblos que jalonan la transición entre la meseta castellana y las tierras de Soria. Su arquitectura de piedra y adobe, sus calles prácticamente desiertas durante buena parte del año y sus horizontes infinitos encajan mejor con quien busca calma, cielo abierto y poco ruido humano que con quien vaya “a hacer cosas” sin parar.
El viajero que se acerca hasta aquí no encontrará grandes monumentos ni servicios turísticos desarrollados, pero sí algo cada vez más valioso: naturaleza preservada, paisajes amplios y la oportunidad de ver cómo transcurre la vida en una de las zonas más despobladas de la España interior.
¿Qué ver en Valdevacas de Montejo?
El patrimonio de Valdevacas de Montejo es el propio de una pequeña aldea castellana que ha sobrevivido a siglos de historia. Su iglesia parroquial, dedicada a San Pedro, conserva elementos que merecen una visita pausada. Aunque modesta en dimensiones, funciona como centro del pueblo y muestra la arquitectura religiosa rural típica de estas tierras, con muros de mampostería y espadaña de piedra. Suele estar cerrada fuera de oficios, así que no des por hecho que podrás entrar.
El verdadero atractivo de Valdevacas está en su entorno natural. Las parameras circundantes forman un paisaje duro, de matorral y cereal, donde la vegetación se adapta a las heladas, al sol de julio y al viento. Aquí el horizonte manda: kilómetros de línea recta, sin casi árboles, que se entienden mejor al amanecer y al atardecer, cuando la luz rasante cambia los tonos del terreno.
Los corrales y construcciones tradicionales desperdigados por el término municipal son casi un pequeño museo al aire libre, aunque nadie los haya rotulado. Edificaciones de piedra, tenadas medio caídas, paredes que siguen marcando antiguas propiedades… ayudan a imaginar cómo se trabajaba este campo antes de los tractores.
La arquitectura popular del núcleo urbano, con casas de mampostería y madera, patios interiores y portones tradicionales, pide paseo corto y tranquilo, pero con cabeza: es un pueblo vivo, aunque pequeño. Nada de asomarse a patios ni hacer fotos de casas a un metro de la puerta.
Qué hacer
El principal atractivo de Valdevacas de Montejo está en las actividades de naturaleza, pero en versión sencilla. Nada de rutas de diseño ni paneles por todas partes.
El senderismo aquí se hace por caminos rurales y antiguas vías pecuarias. Se puede caminar hacia los pueblos vecinos, enlazar pistas y dar vueltas circulares por las parameras. No hay señalización turística, solo los caminos de siempre. Conviene llevar mapa offline o GPS y no confiarse con las distancias: el terreno parece llano, pero las rectas engañan y el viento cansa más de lo que parece, sobre todo en invierno.
La observación de aves tiene interés si ya vienes con esa afición. En las parameras y cultivos es posible ver especies esteparias y rapaces. No hay hides ni carteles, así que aquí mandan los prismáticos, la paciencia y saber estar: moverse por caminos, no entrar en sembrados ni acercarse a nidos.
Para fotografía de paisaje, el entorno encaja con quien busca minimalismo: caminos que se pierden en el horizonte, cielos grandes, árboles aislados. En invierno, la nieve cambia todo y también puede hacer que llegar sea un pequeño reto, así que antes de subir conviene mirar el parte y el estado de las carreteras.
La gastronomía de la zona es la habitual de la Castilla fría: asados de cordero, cuchara, embutido. En Valdevacas no hay bares ni restaurantes; toca organizarse con comida traída de casa o moverse a pueblos más grandes de alrededor para sentarse a la mesa.
Fiestas y tradiciones
Dada la pequeña población de Valdevacas de Montejo, el calendario festivo es corto pero sentido. Las fiestas patronales en honor a San Pedro se celebran tradicionalmente a finales de junio, coincidiendo con la festividad del santo. En esos días el pueblo cambia de cara: vuelven los hijos y nietos del pueblo y se nota el movimiento.
Como en muchas localidades rurales de Castilla, algunas tradiciones se mantienen a base de esfuerzo de los pocos vecinos que quedan. No esperes grandes verbenas ni programas eternos: son celebraciones pequeñas, casi familiares. Si coincides, vívelo con respeto; estás entrando en la fiesta de casa de otros, no en un parque temático rural.
Lo que no te cuentan
Valdevacas de Montejo se ve rápido. El casco urbano se recorre en menos de una hora, incluso con calma y haciendo fotos. Lo que alarga la visita es lo que hagas en el entorno: paseos por caminos, paradas para mirar el paisaje o simplemente sentarse a escuchar nada.
Las fotos de horizontes infinitos son reales, pero pueden llevar a confusión: aquí no hay bosques frondosos, ni cascadas, ni merenderos arreglados. Es un paisaje seco buena parte del año, muy expuesto al viento y con poca sombra. Conviene traer gorra, agua y algo de abrigo aunque el día parezca bueno.
Es más una parada tranquila dentro de una ruta por el Nordeste de Segovia que un lugar para montar base varios días, salvo que vengas a lo que aquí sí hay: leer, pasear sin prisa, mirar cielo y casi no cruzarte con nadie.
Cuándo visitar Valdevacas de Montejo
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradables: temperaturas suaves, algo de verde, los campos en distinto punto del ciclo agrícola y buena luz para caminar y hacer fotos.
El invierno puede ser muy riguroso a más de 1.100 metros de altitud, con nevadas, hielo y temperaturas bajo cero. Si te atrae ese ambiente, el paisaje gana fuerza, pero hay que venir preparado: ropa de abrigo seria, calzado con suela decente, margen de tiempo y depósito de combustible lleno.
En verano, los días son calurosos pero las noches se mantienen frescas. El sol pega fuerte en las parameras, con muy poca sombra, así que mejor madrugar para caminar y dejar las horas centrales para estar a cubierto o moverse en coche.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Segovia capital, a unos 75 kilómetros, se accede por la N-110 en dirección a Soria y luego por carreteras comarcales. El trayecto suele rondar la hora y cuarto, según tráfico y paradas. Es prácticamente imprescindible viajar en coche, ya que no hay transporte público regular hasta el pueblo.
Consejos prácticos: Valdevacas de Montejo no tiene servicios turísticos, comercios ni restauración. Hay que traer agua, algo de comida, efectivo si lo sueles usar y venir con el combustible controlado. Los pueblos comarcales de más entidad concentran gasolinera, tiendas y bares. Y un apunte obvio pero necesario: aquí la gente vive todo el año; hablar, saludar y respetar su ritmo marca la diferencia entre “pasar por” y encajar.
Errores típicos al visitar Valdevacas de Montejo
- Venir con expectativas de “pueblo monumental”: aquí no hay castillo, ni plaza porticada, ni muralla. Es un caserío pequeño y disperso. Si buscas foto de postal histórica, te vas a frustrar.
- Pensar que hay bares o tiendas “por si acaso”: no los hay. Si llegas sin agua, sin comida o con el depósito tiritando, te tocará conducir unos cuantos kilómetros más.
- Subestimar el clima: en invierno el viento y el hielo hacen que un paseo corto se vuelva incómodo si vas ligero de ropa; en verano, caminar a pleno sol a media tarde es mala idea.
- Entrar por cualquier sitio con el coche: algunas calles son muy estrechas o sin salida. Mejor aparcar a la entrada del pueblo y moverse a pie. Menos lío para ti y menos molestias para los vecinos.