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sobre Castrojeriz
Hito mayor del Camino de Santiago con forma de hoz bajo las ruinas de un castillo
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En el corazón de la comarca burgalesa de Odra-Pisuerga, Castrojeriz se alza como un testimonio vivo de la historia del Camino de Santiago. Este pueblo de unos 800 habitantes, situado a algo más de 800 metros de altitud, se extiende a lo largo de más de un kilómetro bajo la atenta mirada de las ruinas de su castillo medieval. Recorrer su calle principal es como hojear las páginas de un libro de historia donde cada piedra cuenta siglos de peregrinación, comercio y fe… y también de décadas de despoblación, casas cerradas y vida más tranquila.
La silueta del castillo en lo alto del cerro define el perfil de esta población que fue una de las más prósperas del Camino Francés durante la Edad Media. Aquella época dejó un legado arquitectónico llamativo: nueve iglesias, tres conventos y varios hospitales de peregrinos daban servicio a una villa bulliciosa. Hoy, Castrojeriz conserva ese aire de grandeza venida a menos, con muchas casas en distintas fases de restauración y otras sencillamente apagadas. Las calles empedradas y las casonas blasonadas recuerdan tiempos de mayor esplendor, pero el ritmo diario es el de un pueblo pequeño de la meseta.
La luz castellana baña estas tierras de páramo con una intensidad especial, creando paisajes de horizontes amplios donde los campos de cereal se extienden hasta fundirse con el cielo. Aquí se viene sobre todo a caminar despacio, mirar lejos y escuchar el silencio entre paso y paso de peregrinos.
Qué ver en Castrojeriz
La Colegiata de Santa María del Manzano es probablemente la pieza patrimonial más interesante del pueblo. Este templo del siglo IX (reconstruido entre los siglos XIII y XIV) conserva un retablo hispano-flamenco del siglo XV y una talla románica de la Virgen del Manzano que merece detenerse un rato. Su claustro gótico y la sobriedad del conjunto encajan bien con el paisaje. Conviene informarse de horarios antes de ir, porque no siempre está abierta todo el día. [VERIFICAR]
Las ruinas del Castillo coronan el cerro que domina la población. Aunque solo quedan restos de murallas y torreones, la subida compensa por las vistas panorámicas sobre la comarca y la Tierra de Campos. En días despejados, la perspectiva abarca kilómetros de campos ondulados salpicados de pueblos. El camino es corto pero con buena cuesta, y en verano el sol pega fuerte: agua y gorra no son opcionales.
La iglesia de San Juan tiene uno de los rosetones góticos más reconocibles de la provincia, mientras que la iglesia de Santo Domingo, de origen románico pero muy transformada, conserva elementos medievales que se aprecian mejor si vas con algo de tiempo y sin prisas. El Convento de San Antón, en ruinas a las afueras del pueblo, deja una estampa muy fotogénica de arcos góticos abiertos al cielo, con los peregrinos cruzando bajo los restos del antiguo arco de entrada. Aunque esté muy visto en fotos, en directo impone más de lo que parece.
Paseando por la calle Real, que vertebra todo el pueblo, se descubren casonas nobiliarias con escudos heráldicos, portadas renacentistas y la antigua estructura urbana pensada para acoger a caminantes. También se ven casas más humildes, corrales y solares vacíos, que forman parte de la realidad actual del pueblo. El puente medieval sobre el río Odra mantiene su estructura original de varios ojos y marca uno de los límites naturales del término.
Qué hacer
Castrojeriz vive intensamente su condición de etapa jacobea. Aunque no seas peregrino, puedes realizar tramos del Camino de Santiago desde aquí: la subida al Alto de Mostelares resume bastante bien lo que es caminar por estas tierras abiertas, con una recta interminable, desnivel moderado y viento casi garantizado. No hace falta hacer la etapa completa para entender el ambiente.
Las rutas de senderismo aprovechan los caminos rurales que conectan con pueblos cercanos. El ascenso al castillo constituye un paseo corto pero con buena recompensa visual si pillas un atardecer claro. Hay también pistas agrícolas por las que se puede caminar o ir en bici, sin grandes alardes de paisaje pero con sensación de espacio y silencio. Si buscas montaña, aquí no la vas a encontrar; esto es meseta pura y dura.
Los aficionados a la fotografía encuentran en Castrojeriz un escenario agradecido, especialmente al amanecer o atardecer, cuando la luz rasante marca bien el perfil del castillo y las fachadas. A mediodía, con sol duro, el pueblo pierde parte de su atractivo visual y se aprecia más el paseo tranquilo que la foto de postal.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra: cordero asado, morcilla de Burgos, quesos artesanos y legumbres de la zona. Los mesones del pueblo tiran de cocina castellana sin complicarse demasiado, y muchos establecimientos están acostumbrados a alimentar peregrinos con menús contundentes y precios razonables. No esperes grandes filigranas, pero sí platos sencillos y cantidad.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a la Virgen del Manzano se celebran a principios de septiembre, con procesiones, actos religiosos y actividades populares que reúnen a vecinos y visitantes. Es de los pocos momentos del año en que el pueblo se ve realmente lleno más allá del paso diario de peregrinos.
En Semana Santa, las procesiones adquieren especial solemnidad en este escenario de piedra y calles estrechas. Las cofradías recorren las calles empedradas y la sensación es más de pueblo que de gran ciudad: caras conocidas, ritmos más pausados y menos espectáculo.
Durante el verano, especialmente en julio y agosto, se organizan actividades culturales relacionadas con el Camino de Santiago, con conciertos y eventos que aprovechan los espacios patrimoniales como escenario. Conviene consultar la programación actualizada, porque cambia de un año a otro. [VERIFICAR]
Cuándo visitar Castrojeriz
La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son buenos momentos, con temperaturas más llevaderas y el campo con algo de vida: verdes de cereal en primavera y tonos dorados en otoño. El verano puede ser muy caluroso y seco, con pocas sombras si decides caminar por los alrededores. El invierno es frío, ventoso y a veces bastante crudo, pero el pueblo se ve con más calma y menos ruido jacobeo.
Si hace mal tiempo y llueve o nieva, el paseo por la calle Real y la visita a la colegiata y las iglesias puede salvar la jornada, pero el castillo y las rutas abiertas pierden buena parte de su gracia y el viento en el cerro se hace notar.
Errores típicos
- Pensar que es un “pueblo monumental” enorme: Castrojeriz tiene patrimonio, sí, pero el casco se recorre rápido. Lo que da juego es el conjunto: pueblo alargado, castillo arriba y Camino de Santiago cruzándolo todo.
- Subir al castillo a mediodía en verano: no hay apenas sombra y el sol cae a plomo. Mejor primera hora de la mañana o última de la tarde.
- Calcular mal los tiempos si vas como peregrino improvisado: el tramo hacia el Alto de Mostelares se hace largo con calor, y entre subidas, bajadas y fotos se te va más tiempo del que parece en el mapa.
Si solo tienes…
…1–2 horas
- Paseo sin prisa por la calle Real, de punta a punta, entrando a alguna iglesia si la pillas abierta.
- Subida rápida en coche hasta la zona alta y pequeña caminata final al castillo para ver la panorámica.
- Parar en San Antón para la foto y el paseo corto por las ruinas.
…el día entero
- Mañana de caminata: un tramo del Camino hacia el Alto de Mostelares o hacia Itero, sin obsesionarse con llegar “a ningún sitio”.
- Mediodía tranquilo en el pueblo: comer, callejear y visitar la colegiata.
- Tarde de subida al castillo con la luz baja y regreso por alguna pista agrícola para ver el pueblo desde fuera.
Lo que no te cuentan
Castrojeriz se ve más deprisa de lo que aparenta en las fotos. El perfil alargado engaña: en un rato te has hecho la calle Real de arriba abajo. Lo que alarga la visita no son los “monumentos” en sí, sino el ritmo: parar a ver pasar peregrinos, sentarse a la sombra cuando la hay, subir y bajar al castillo.
Si vas con la idea de un casco histórico perfectamente restaurado, te vas a encontrar también andamios, casas medio derruidas y solares vacíos. Forma parte del paisaje actual. A cambio, el pueblo tiene vida real, no parece un decorado, y eso en esta zona de la meseta ya es bastante.