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sobre Melgar de Fernamental
Villa monumental a orillas del Pisuerga y junto al Canal de Castilla; destaca por su imponente iglesia renacentista
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Turismo en Melgar de Fernamental es una parada corta. Si llegas por la N‑120, entra por la calle Real y deja el coche donde veas hueco. No hay grandes problemas para aparcar. El pueblo se recorre rápido. En una hora has visto lo principal.
Los domingos a mediodía huele a leña en toda la calle. Viene de los hornos donde se prepara lechazo. El resto de la semana el ritmo es tranquilo. Comercio local, vecinos que se conocen y poco ruido.
El pueblo que se fundó por una discusión
La tradición local dice que Melgar nació en la Alta Edad Media, cuando un noble llamado Fernán Armentález se instaló aquí tras romper con su señor. No es raro en esta zona: repoblación, pequeños señoríos y tierras abiertas.
Hoy es una cabecera comarcal pequeña. Casas de ladrillo, calles rectas y una plaza mayor con soportales. Los chavales juegan allí cuando hace bueno. Nada extraordinario, pero funciona como centro del pueblo.
El ayuntamiento ocupa una casa antigua con escudos en la fachada. Recuerda que por aquí pasaron linajes ligados a la corona castellana. Historia hay, aunque no siempre se vea a primera vista.
La iglesia que tardó generaciones
La iglesia de la Asunción está en la parte alta. La empezaron a levantar a finales del siglo XV y las obras se alargaron bastante tiempo, algo habitual en templos grandes de pueblos pequeños.
La torre, de ladrillo, se reconoce desde lejos cuando llegas por carretera. Dentro hay retablos y una pila bautismal de piedra. Lo normal en muchas iglesias de Castilla. Si está abierta, se ve en pocos minutos.
Por la tarde suele estar cerrada.
El Canal de Castilla al borde del pueblo
El Canal de Castilla pasa cerca de Melgar durante varios kilómetros. En el XVIII fue una infraestructura clave para mover cereal. Luego llegó el tren y el canal quedó en segundo plano.
Hoy el camino de sirga se usa para pasear o ir en bici. Terreno plano, sin complicaciones. Desde el puente de la carretera puedes seguir el canal un buen rato entre campos.
Cerca hay una esclusa y también un acueducto que salva un pequeño valle. No esperes multitudes. Normalmente verás a vecinos caminando y poco más.
La ermita de Zorita
A unos kilómetros está Zorita. Fue un pueblo y acabó despoblado. Quedan muros caídos, alguna casa en pie y una ermita románica bastante sobria.
El templo conserva elementos antiguos que llaman la atención a quien le guste la arquitectura medieval. El entorno está abierto, con campos alrededor y cigüeñas en los tejados que quedan.
Durante el año apenas pasa gente. En septiembre suele celebrarse una romería.
Llegar, moverse y qué esperar
Desde Burgos se tarda alrededor de una hora por la N‑120. La entrada es directa. Aparcas en la calle y te mueves andando.
El pueblo arranca despacio por la mañana y se para a mediodía, como en muchos sitios de la meseta. En invierno el frío se nota. El viento corre por las calles abiertas.
No vengas buscando grandes monumentos ni agenda cultural llena. Esto es un pueblo normal de Tierra de Campos. Paseo corto, algo de comer y seguir ruta.
Consejo final: entra, da una vuelta por el canal y la plaza, y no le dediques más tiempo del que realmente necesita. Aquí la gracia está en la calma, no en la cantidad de cosas que ver.