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sobre Sasamón
Antigua ciudad romana de Segisamo; destaca su enorme iglesia gótica visible desde gran distancia
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En el corazón de la comarca de Odra-Pisuerga, donde las tierras de cultivo se funden con el cielo castellano, Sasamón aparece como uno de esos pueblos que guardan siglos de historia entre sus muros de piedra. A 826 metros de altitud y con apenas un millar de habitantes, esta antigua ciudad romana —conocida entonces como Segisamo— conserva un patrimonio que sorprende por su tamaño para un municipio tan pequeño.
Pasear por Sasamón es retroceder en el tiempo, pero con calma. No es un pueblo-museo ni un decorado: es una villa castellana donde la vida diaria convive con una colegiata desproporcionada para la población actual, restos de muralla y un caserío que todavía conserva mucho del aire de antiguas villas agrícolas de Burgos. El silencio del campo burgalés, apenas interrumpido por el tañer de las campanas o el paso de un tractor, anima a ir sin prisas, sin grandes listas de cosas que ver.
El municipio se encuentra rodeado de campos de cereal que cambian de color con las estaciones: verdes en primavera, dorados en verano, pardos en otoño. Ese paisaje tan llano, que a muchos les parece “vacío” desde la carretera, tiene sentido cuando te paras, caminas un poco y miras cómo la torre de la colegiata manda sobre kilómetros de horizonte.
¿Qué ver en Sasamón?
La Colegiata de Santa María la Real es el gran referente de Sasamón. Esta iglesia gótica, construida entre los siglos XIII y XV, llegó a tener rango cercano al de una sede catedralicia y aún conserva un porte que impresiona al entrar en el pueblo. Su portada sur, con arquivoltas decoradas, es una obra relevante de la escultura medieval en la zona. En el interior, el retablo mayor y algunas capillas con sepulcros de nobles castellanos recuerdan épocas en que aquí se manejaba mucho más poder del que sugiere el paisaje actual. La torre, visible desde varios kilómetros a la redonda, es la silueta que se te queda grabada cuando te vas.
El Arco de San Miguel, resto de la antigua muralla medieval, ayuda a imaginar la villa amurallada que controlaba pasos y caminos entre la meseta y el norte. Es un punto sencillo pero con carga histórica: por aquí entraban mercancías, viajeros y noticias en épocas en que Sasamón tenía más peso estratégico.
Paseando por el casco histórico se encuentran también la iglesia de San Pedro, de origen románico aunque muy reformada, y varias casonas blasonadas que hablan del pasado noble y agrícola acomodado del municipio. La Plaza Mayor, con soportales y un trazado muy castellano, es el lugar donde se cruza todo: cafés de diario, niños jugando, mayores en corro y, según el día, algún pequeño mercado o actividad local.
En los alrededores, conviene mirar un mapa y trazar un pequeño recorrido por pueblos cercanos con iglesias románicas y ermitas interesantes. Villadiego, a pocos kilómetros, suele entrar de forma natural en la misma jornada de visita, combinando patrimonio y un vistazo a cómo se organiza la comarca.
Qué hacer
Sasamón se presta bien al senderismo suave por las tierras llanas de la meseta. Existen varias rutas circulares que parten del pueblo y recorren los campos de cultivo, pistas agrícolas y caminos tradicionales. No hay grandes desniveles ni montañas, pero sí una sensación de amplitud que no se aprecia desde el coche. En primavera, los bordes de los caminos se llenan de flores silvestres y el verde del cereal lo inunda todo; al atardecer, el juego de luces sobre la torre de la colegiata y los campos tiene más interés del que aparenta en fotos.
Los aficionados a la fotografía encuentran en Sasamón un buen laboratorio de líneas horizontales: horizontes limpios, la torre dominando el pueblo, detalles de piedra en puertas y escudos de casas solariegas, sombras alargadas en las calles empedradas. No es un lugar de postal fácil, pero quien disfruta buscando encuadres más tranquilos tiene material de sobra.
La gastronomía local sigue la línea burgalesa: cordero lechal asado, morcilla de Burgos, quesos de la zona y legumbres de cultivo local. Fuera de festividades y fines de semana, conviene no dar por hecho que todo estará abierto a todas horas y adaptar el plan a los horarios de comidas habituales en la zona. Los guisos tradicionales castellanos siguen teniendo peso en las mesas, sobre todo en épocas frías.
Para el turismo cultural, Sasamón funciona bien como base o parada dentro de un recorrido más amplio por la comarca de Odra-Pisuerga, centrado en iglesias románicas, pequeños pueblos agrícolas y un paisaje que, visto despacio, cuenta bastante sobre cómo se ha vivido aquí durante siglos.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a la Virgen de Ronte se celebran a mediados de septiembre y son el gran momento del año. Procesiones, actos religiosos, bailes y comidas populares llenan de gente calles que el resto del año son tranquilas. Muchos sasamoneses que viven fuera vuelven al pueblo esos días, y el ambiente cambia por completo.
En junio se celebra la festividad de San Juan Degollado, copatrón de la villa, con celebraciones religiosas y algunos actos tradicionales. La Semana Santa mantiene un carácter sobrio, acorde con la zona, con procesiones que recorren las calles del casco histórico y tienen como punto clave la colegiata.
Como en muchos pueblos castellanos, el ciclo navideño mantiene prácticas heredadas: autos navideños, villancicos en la colegiata y reuniones familiares que llenan casas que en invierno, entre semana, pueden estar cerradas.
Cuándo visitar Sasamón
La mejor época para visitar Sasamón suele ser la primavera (aproximadamente mayo-junio) y el inicio del otoño (septiembre-octubre), cuando el paisaje tiene más juego y el clima es más amable para caminar. El verano puede resultar caluroso a mediodía, aunque las noches refrescan por la altitud; el invierno es frío, con heladas frecuentes y días cortos, algo a tener en cuenta si piensas hacer rutas por los alrededores.
Si llueve, el pueblo se recorre igual, pero los caminos de tierra de alrededor se pueden embarrar bastante. En esos casos tiene más sentido centrarse en la visita a la colegiata, el paseo por el casco histórico y quizá un desplazamiento en coche a otros pueblos de la comarca con buen acceso por carretera.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Entrar por el Arco de San Miguel y subir sin prisa hasta la colegiata.
- Dar una vuelta por la Plaza Mayor y las calles que la rodean.
- Asomarte al entorno agrícola: incluso un pequeño paseo hasta las afueras ayuda a entender el paisaje.
Si tienes el día entero
- Visitar la colegiata con calma, fijándote en portada, retablo y capillas.
- Recorrer el casco histórico sin itinerario rígido.
- Hacer alguna ruta corta por los caminos de la meseta o enlazar en coche con algún pueblo románico cercano.
- Cerrar la jornada viendo atardecer con la torre recortada sobre los campos.
Lo que no te cuentan
Sasamón se ve rápido si vas solo “a tachar monumentos”: en pocas horas puedes recorrer el casco histórico y entrar (si está abierta) a la colegiata. El valor del lugar está más en el conjunto y en tomarse el tiempo para entender su escala: una colegiata casi de ciudad en un pueblo de menos de mil habitantes, una historia romana apenas intuida en la superficie y un paisaje agrícola que explica por qué aquí hubo poder y movimiento hace siglos.
No es un destino de grandes atracciones ni de fotos espectaculares desde cada esquina. Funciona mejor como parada reposada en una ruta por el norte de Burgos o como base tranquila para hacer pequeñas excursiones por la comarca. Si llegas esperando una ciudad monumental llena de servicios turísticos, te equivocarás de lugar; si aceptas que es una villa rural castellana con un peso histórico notable, encaja mucho mejor.